CÁRCEL DE ITAGUÍ, ZONA ROJA

CÁRCEL DE ITAGUÍ, ZONA ROJA

Para los habitantes del barrio San Francisco, de Itaguí, al sur del Valle de Aburrá, vivir cerca de la cárcel de máxima seguridad se ha convertido, paradójicamente, en un serio problema de inseguridad. Nadie, dicen, puede dormir tranquilo. Nuestras casas son invendibles, nadie se va a arriesgar a vivir al pie de una cárcel donde hay hombres con tantos enemigos . Cada día despertamos dándole gracias a Dios porque amanecimos, pues siempre pensamos que van a tirar una bomba por el aire . Casi vivimos esperando a que lleguen enemigos en cualquier momento, ya sea por tierra o por aire, y los más perjudicados seamos nosotros .

24 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

Afirmaciones como éstas se oyen repetidamente entre las 64 familias que viven alrededor de la prisión, donde se encuentran recluidos 14 hombres del desintegrado cartel de Medellín, así como los hermanos Jorge Luis, Juan David y Fabio Ochoa Vásquez y José Otoniel Vanegas, acusado de dirigir grupos paramilitares.

Desde el día en que se dieron cuenta de que esa cárcel iba a servir de reclusión para los de La Catedral, los vecinos dicen que se empezaron a sentir muy tensos, pero que desde el sábado, cuando ocurrió el atentado con carta-bomba contra Roberto Escobar Gaviria, ahí sí que se nos acabó la vida .

Mi mamá no tiene vida , dice una joven vecina del penal y agrega que sufre de un temblor permanente y por esto la llevamos donde el médico, pero él sólo le mandó unas pastillas para los nervios. No la podemos sacar del barrio porque no tenemos para dónde irnos .

No sólo esta familia desea abandonar el barrio San Francisco. Sesenta y tres más aspiran a irse. A estas familias el Gobierno Nacional les ofreció comprarles, por 5 millones de pesos cada una, sus viviendas.

Medidas de seguridad Sin embargo, sostienen que con ese dinero no alcanzan a comprar otra casa y ni siquiera es suficiente para pagar la cuota inicial. Por eso, confían en que les hagan una oferta mejor.

Los vecinos del sector miran con preocupación, igualmente, que los dos retenes que conducen a la entrada principal sólo estén custodiados por tres soldados y un guardián. Afirman que esa entrada debería estar llena de policías.

A unos 300 metros de donde está la puerta de la cárcel de máxima seguridad, está el primer retén, con dos soldados. Diez metros más adelante, hay dos muros altos, donde comienza una reja ancha y alta, que conduce a la entrada principal.

Lo que muchos no saben, según un vocero oficial, es que a la entrada y en el interior de la cárcel, hay cerca de 1.500 hombres, entre policías, guardianes y soldados, que custodian la prisión, y un sistema de seguridad electrónico, para abrir puertas externas e internas. Cuarenta y dos cámaras de video con lentes infrarrojos complementan el esquema de seguridad.

Pero, para los vecinos de la cárcel, la entrada de la carta-bomba, el sábado, al pabellón de máxima seguridad, donde resultaron heridos Escobar y dos guardianes, no deja de ser un misterio.

Uno no se explica cómo a una cárcel de máxima seguridad entra un artefacto que casi mata a un hombre , dice un residente del sector, que el sábado pasado alcanzó a escuchar la explosión.

Por eso, en San Francisco, lo que casi todos desean es que el Gobierno les solucione pronto el problema de la compra de sus viviendas, para poder salir de la zona roja como muchos la llaman y respirar tranquilidad de nuevo.

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