Una estrategia con base en lo fundamental

Una estrategia con base en lo fundamental

Ineludible referirse a los acontecimientos recientes en Colombia. No a la telenovela que protagonizan el presidente Chávez y las Farc y que siguen con atención todos los colombianos. Más interesante es emprender una reflexión sobre la que debería ser una estrategia de la “sociedad” colombiana en su conjunto frente al secuestro, la guerrilla y las relaciones con Venezuela.

19 de enero 2008 , 12:00 a.m.

Son tantas las cosas que ocurren en Colombia día tras día y año tras año, y tan complejas las situaciones que se presentan, que la gente va perdiendo el norte. Es explicable, por tanto, que se propongan diferentes alternativas para la liberación de los secuestrados en poder de la guerrilla, sin analizar sus consecuencias sobre el futuro del país. La “sociedad” está agobiada por el problema.

A pesar de lo anterior, es necesario reflexionar sobre lo fundamental y no olvidar que el objetivo último de la “sociedad” colombiana debe ser avanzar hacia un país en paz, en un estadio mayor de civilización, armonía social y desarrollo. Este objetivo no puede perderse de vista en el momento de estudiar fórmulas para la liberación de los secuestrados. Cualquier canje entre secuestrados y guerrilleros presos que incentive, a largo plazo, la prolongación del secuestro sería un imposible moral. Si se acuerdan la paz, el desarrollo y la libertad como metas de la sociedad, cada medida debe evaluarse, moral y estratégicamente, respecto de su contribución para alcanzarlas.

He recordado en estos días al profesor Arthur Lewis, ganador del Premio Nobel de Economía en los años ochenta del siglo pasado. Lewis, nacido en la Isla de Santa Lucía, en el Caribe, hablaba con entusiasmo en sus clases sobre la importancia del desarrollo para elevar el grado de libertad del ser humano. Desarrollo entendido como la desaparición de los sistemas sociales basados en la esclavitud, la servidumbre y el autoritarismo, y su sustitución por otros, cimentados en la igualdad de oportunidades y en la movilidad social.

La “sociedad” colombiana debería proponerse el logro de esos objetivos profundos. Esto implica cerrar filas alrededor de unos principios fundamentales básicos para la viabilidad del país. Y convertir la paz, como lo anotaba Claudia López en su columna del martes pasado, en “una prioridad nacional que debe ser fruto de compromisos colectivos”. Algo en lo cual ha insistido también Eduardo Posada Carbó, aquí mismo, al afirmar que lo que se requiere es “un frente común entre Gobierno, oposición y sociedad civil, basado en un pacto nacional por la paz, contra la violencia y el secuestro”.

Es hora de que la seguridad y la búsqueda de la paz sean una política de Estado, de largo plazo, que despeje el horizonte futuro de Colombia. Un propósito que bien puede liderar el presidente Uribe como representante de todos los colombianos, en unión con dirigentes políticos y sociales, también representativos de los distintos grupos de la “sociedad”. Eso sí, dejando de lado cualquier aspiración a una segunda reelección presidencial.

El esfuerzo debería contar con el máximo respaldo de la comunidad internacional y de los sectores empresariales colombianos afectados por el cierre del mercado venezolano. Implicaría, también, la revisión de algunas políticas públicas –la de comercio exterior, por ejemplo– y el reforzamiento de otras –como la de reinserción a la vida civil de guerrilleros y paramilitares o la política exterior– que tendrían que merecer mayor atención de parte del Gobierno y de la sociedad.

Los sucesos de las últimas semanas podrían estar abriendo una oportunidad de unión y cohesión de los colombianos que no debería desaprovecharse. Esa unión es definitiva para ejercer una fuerte presión sobre las Farc con miras a la liberación de los secuestrados y para que entiendan, de una vez por todas, que la “sociedad” no está dispuesta a continuar en un juego político que durante 40 años no ha producido sino desolación, desgaste, crueldad, subdesarrollo y tristeza

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