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Fischer: jaque mate

Fischer: jaque mate

Para los amantes del ajedrez, Bobby Fischer será por mucho tiempo un referente obligado por la maestría que, en opinión de muchos, lo consagró como el más grande ajedrecista de todos los tiempos. Pero este excéntrico genio estadounidense, fallecido el jueves pasado a los 64 años en Reykiavik (Islandia), también fue un símbolo de la guerra fría que enfrentó a Estados Unidos y la desaparecida Unión Soviética.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
19 de enero 2008 , 12:00 a. m.

Su legendario match por el campeonato mundial con el ruso Boris Spasski, en 1972, adquirió el rango de una confrontación entre las dos superpotencias del momento, que, para satisfacción de sus compatriotas, concluyó con el primer triunfo (único hasta ahora) de un estadounidense sobre un ruso. No deja de ser irónico que Reykiavik, la fría y remota capital de Islandia donde pasó a la otra vida, hubiera sido también el escenario del campeonato en el que encontró la gloria.

Fischer convirtió las partidas de ese campeonato en un espectáculo que cautivó por primera vez a una audiencia mundial para el juego ciencia. No solo por sus deslumbrantes movidas en el tablero, sino por sus gestos petulantes y actitudes excéntricas, que fueron un permanente dolor de cabeza para los organizadores del evento. Ofendido por la presencia de las cámaras de televisión, perdió el primer juego y renunció al segundo, solo para volver luego como una aplanadora y batir a Spasski por cuatro puntos de diferencia (12 y medio a 8 y medio), algo inusual en una competencia de tan alto nivel. Su triunfo fue visto en Estados Unidos como una victoria sobre el comunismo y lo convirtió en un héroe nacional.

Pero su aversión a la publicidad y una personalidad que los expertos calificaron de paranoide lo llevaron a refugiarse después en una soledad en la que vivió, prácticamente, hasta su muerte. Solo reapareció en 1992 para disputar la revancha contra Spasski en Yugoslavia y derrotarlo de nuevo. Lo hizo desafiando el embargo de E.U. contra aquel país y por esto fue perseguido desde entonces por las autoridades estadounidenses. En julio del 2004, al hacer escala en Tokio en un viaje a Manila, fue detenido nueve meses por usar un pasaporte inválido. Reykiavik fue el lugar seguro donde pudo burlar el jaque del gobierno de Washington hasta el único jaque mate que realmente lo venció el jueves.

editorial@eltiempo.com.co

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