EL DEBATE DE LAS POLAS

EL DEBATE DE LAS POLAS

La semana pasada la Cámara de Representantes, en presencia de varios ministros quienes por cierto no intervinieron aprobó por amplia mayoría un proyecto de ley que busca reducir el impuesto al consumo de cerveza. Días antes, la Comisión de Asuntos Económicos de esa misma corporación, en forma unánime incluidos los dos votos que el M-19 tiene en esa célula legislativa le había dado vía libre a esa iniciativa, la cual fue presentada originalmente por el representante conservador Rafael Pérez Martínez.

24 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

Por disposición de la mesa directiva de la Comisión Tercera, nos correspondió la ponencia de dicho proyecto, en compañía de otros dos colegas. Es posible que por haber tenido esa condición, y haber respaldado esa iniciativa, el columnista Francisco Santos nos haya censurado en su escrito del diario EL TIEMPO. Esa medida anotó por donde se le mire, no es beneficiosa para Colombia, y a quienes la respaldaron debe pasárseles cuenta de cobro .

En su columna, sin embargo, Santos no se refiere a las principales argumentaciones de los ponentes. No hay en su nota ninguna mención a la naturaleza regresiva de este impuesto, el cual pone a los má pobres a sostener a los departamentos, en la medida en que esta clase de tributos no los paga el productor, sino el consumidor. Tampoco hace referencia alguna al argumento según el cual, por existir una diferencia tan grande entre lo que aquí se paga: un 48 por ciento, y lo que se paga en Venezuela: un 14.7 por ciento, estamos estimulando el contrabando de allá hacia acá, en detrimento de nuestros fiscos departamentales.

Su oposición al proyecto la sustenta en un argumento que admito es inobjetable: reducir impuestos a los vicios, y estimular por ende su consumo, es una mala política. En eso estamos todos de acuerdo. Pero lo que Santos desconoce u omite, es que en este Estado cantinero que es Colombia, la cerveza, no obstante tener un menor grado alcohólico, paga más impuestos que el aguardiente, que es mucho más nocivo para la salud. Cuál es la lógica, me pregunto, de esta absurda situación que permite que un consumidor de whisky pague menos impuesto que un consumidor de cerveza? El columnista incurre también en una cotradicción flagrante cuando afirma que al reducirse el impuesto a la cerveza, los departamentos van a perder importantes recursos, y simultáneamente predice que con esa medida los productores van a enriquecerse, porque van a vender más. Si Santos tiene razón en lo último, no puede entonces tenerla en lo primero, puesto que al venderse má cerveza se lograría por ese camino la compensación de aquellos recursos que se dejarían de percibir por la rebaja en la tarifa.

Si en virtud de la reducción del impuesto al consumo, y por ende, de su precio, aumenta el consumo de la cerveza, ello no debería alarmarnos. Y lo afirmo por tres razones. La primera, porque es probable que este mayor consumo se origine en un desplazamiento de la demanda en detrimento de los rones y aguardientes, lo cual no estaría mal. La segunda, porque es también factible que se de una reducción del consumo de la cerveza de contrabando en favor de la nacional o la legalmente importada, lo cual sería bueno para las finanzas públicas. Y la tercera, porque de todas formas Colombia no es un país con un consumo per cápita de cerveza muy alto.

Ahora bien, como no era fácil calcular exactamente el comportamiento futuro de la demanda, los ponentes propusimos, y así fue aprobado, que la rebaja del impuesto fuese gradual el autor de la iniciativa había establecido que fuera inmediata para ir así evaluando la respuesta del consumidor y el desarrollo de las finanzas departamentales. De esta manera, si se confirman las predicciones pesimistas de los gobernadores, habrá tiempo para buscar los recursos compensatorios.

Lo que sí reconozco es que esta ley, como toda norma, tiene un riesgo: el riesgo de que el productor se apropie de la rebaja y no se le traslade al consumidor. Para evitarlo, los ponentes incluimos dos medidas. La primera, un artículo en el que se señala en forma expresa que esta rebaja debe darse. Y la segunda, una norma que equipara la base gravable de la cerveza importada que actualmente es mayor al de la cerveza nacional. Así aseguramos que la competencia externa sea el verdadero freno a los abusos en los precios.

Un último comentario tiene que ver con la actitud de algunos gobernadores. Llama la atención el que sean los voceros de los departamentos más burocratizados, los líderes contra esta iniciativa. Y es lógico: su aprobación podría eventualmente obligarlos a reducir ese engranaje. Por ello, más que el futuro de sus hospitales y escuelas, lo que parece preocuparles es el futuro de sus frondosas burocracias.

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