El país cultiva cada vez menos cereales

El país cultiva cada vez menos cereales

Colombia, que hasta hace unos años era un país productor de alimentos como el maíz (blanco y amarillo), el sorgo, la cebada, la soya y el trigo, entre otras materias primas agroindustriales, se convirtió en un importador neto de estos productos. De ello dan fe el estancamiento del área sembrada con cereales y el crecimiento de las compras en el exterior, que el año pasado, de acuerdo con cifras preliminares, crecieron 25 por ciento o más.

18 de enero 2008 , 12:00 a.m.

Según las estadísticas del gremio Fenalce, el área sembrada con cereales ha venido disminuyendo. De 1,1 millones de hectáreas en 1989 se pasó a 588.499 en 1999. En otras palabras, en una década se perdió más de medio millón de hectáreas. Las cifras preliminares del 2007 estiman que este rubro no superará las 600 mil hectáreas.

Buena parte de las tierras en las que ya no se cultiva ha entrado al proceso de ‘ganaderización’ del país, pues amuchos agricultores les resulta más rentable sembrar pasturas y ocupar sus lotes con ganado bovino. El comportamiento de las importaciones de estos productos es inverso al del área cultivada: llegaron a un tope de 1,02 millones de toneladas en 1982 y se mantuvieron en un leve descenso durante toda la década hasta totalizar 871.000 en 1989.

A partir de ese año y durante todos los 90 se mantuvieron en alza hasta superar los 3 millones en 1996. En el 2006 sumaron 4,78 millones y se calcula que el año pasado estuvieron por encima de los 6 millones de toneladas. Del total de cereales importados, el maíz representa el 41 por ciento; en orden de importancia le siguen el sorgo, la torta de soya y las preparaciones para alimentar animales.

Paradójicamente, el maíz (amarillo tradicional, tecnificado y blanco) es el único cultivo que reporta un repunte tanto en el área sembrada como en la producción durante esta década. La Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC) ha advertido que, de mantenerse la tendencia de disminución del cultivo de cereales e incremento de las importaciones, podría agravarse el desempleo en el sector rural, que el año pasado fue de 6,9 por ciento. Crece el área sembrada Esto, a pesar del crecimiento efectivo del total de área sembrada, que obedece a los cultivos permanentes: caucho, reforestación y palma aceitera.

Según RafaelMejía, presidente de la SAC, a todo esto se suma la posición dominante de los compradores de productos agroindustriales, a quienes les resulta mejor negocio importar que comprar la cosecha nacional, y así presionar a la baja los precios internos. Enese sentido, el líder gremial cuestionó la efectividad de las cadenas productivas, un sistema de concertación entre productores y agroindustriales que, entre otro objetivos, busca que los productos nacionales se vendan de manera expedita y a buenos precios. “Se rompen por el eslabón más débil de la cadena, el de los productores”, concluyó Mejía.

‘‘Las cadenas productivas (sistema para que los productos nacionales se vendan a un buen precio) se rompen por el eslabón más débil, el de los productores”.

Rafael Mejía, presidente de la Sociedad de Agricultores de Colombia

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