DIEGO MARADONA: DEL SILBIDO AL APLAUSO

DIEGO MARADONA: DEL SILBIDO AL APLAUSO

Automarginado del fútbol, excluido por los técnicos, crucificado por muchos críticos, el veterano Diego Armando Maradona, a los 33 años y en poco más de dos meses, resurgió, como El Ave Fénix, para contribuir en forma determinante, con toda la calidad de su juego, a la estrecha clasificación de Argentina para Estados Unidos-94. La historia de Maradona, futbolista u hombre, tiene todas las características de un culebrón , y su último regreso al fútbol, puede incluirse como un capítulo más de esa especie de novela seriada.

24 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

El domingo 5 de septiembre pasado ofició de bisagra en el camino actual del famoso número diez, que hizo vibrar con su talento a millones de amantes del fútbol. Ese día, y ante su presencia en el estadio de River Plate, Colombia humilló 5-0 a la Argentina por las eliminatorias suramericanas y la condenó a un inesperado como vergonzoso, por historia, repechaje contra Australia por un lugar en el Mundial.

Con lágrimas en los ojos por la derrota, Maradona escuchó a las 60.000 personas que desbordaban el estadio corear su apellido. Un llamado desde lo más íntimo para que fuera El Salvador .

Hasta entonces, Diego se declaraba jubilado. Su último partido lo había disputado en el torneo español con el Sevilla, a principios de junio. Regresó a Buenos Aires para anunciar su retiro, cansado del fútbol y de las concentraciones.

Se dedicó entonces a disfrutar de la vida y esta le retribuyó con por lo menos 15 kilogramos de más en su cuerpo. También se dedicó a discrepar públicamente con el técnico de la selección, Alfio Basile, con muchos de sus ex compañeros y hasta se fue a Montevideo para alentar a la escuadra uruguaya en las eliminatorias, mientras Argentina se jugaba la suya.

Entonces apoyaba a los uruguayos que juegan en Italia porque se portaron mejor que los argentinos cuando la Federación Internacional (FIFA) lo suspendió en 1991 por un año y medio luego de un análisis positivo de cocaína en un partido del campeonato italiano.

Por esto, y por lo anterior, se llegó a convertir casi en el enemigo público número uno . Le llovieron las críticas y hasta odios y rencores despertó por doquier.

Pero, entre todos los defectos y virtudes que tiene Maradona-Hombre, sobresale entre las últimas una gran sensibilidad, un gran nacionalismo y una desusada vergenza deportiva. Fue así que se juró ese domingo de septiembre sepultar el síndrome colombiano . Se puso en manos de especialistas y eliminó las grasas de más. Fichó por Newell s Old Boys, de la primera división, y jugó un partido amistoso para celebrar su regreso.

Basile, que no lo había convocado ni para la Copa América, ni para las eliminatorias porque él dijo que se había retirado, no tuvo más remedio que llamarlo porque el eco Maradoooooona resonaba ya por todos los rincones del país.

Un solo partido oficial por el campeonato argentino, donde fue cuidado hasta por los rivales, lo catapultó a la concentración de la selección con la que redebutó el 31 de octubre en Sydney, en partido de ida frente a Australia. El resultado fue 1-1 y el gol argentino de Abel Balbo fue servido por Diego.

El milagro se producía y se repitió el 17 de noviembre en Buenos Aires en el desquite 1-0 y clasificación argentina.

Esa noche Maradona volvió a llorar, ahora de satisfacción, por haber cumplido con su deber, porque la gente se merece esto , porque este triunfo es únicamente para ellos, los sufridos hinchas .

También lloró y besó a los tristes australianos, porque yo sé lo que es perder; ya lo viví en Italia-90 .

Fue nítidamente la figura del partido, por encima de los otros 21 colegas en el terreno. Acarició la pelota como siempre, asistió perfectamente con envíos largos o cortos, escondió el balón entre su maestría para ganar tiempo, concretó varios pases-gol desperdiciados.

El Maradooooona multitudinario se escuchó esa noche con más fuerza que nunca en los cuatro puntos cardinales de Argentina. Dejó de ser odiado para convertirse en idolatrado. Nadie se acordó más de lo anterior. No existió. Así es el exitismo.

Es cierto que no es el futbolista de antes, por años y por desgaste. Le falta físico y potencia. Le sobra calidad, esa que no se puede destruir. Estados Unidos, y el mundo por televisión, asistirán seguramente al capítulo final de la carrera de este verdadero campeón.

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