EN NOMBRE DEL MELODRAMA

EN NOMBRE DEL MELODRAMA

24 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

No siempre es sinónimo de folletín lacrimoso, telenovela, culebrón o... melosería. Primeramente se refería a las piezas teatrales cuyo texto dramático iba unido a un fondo musical brillante; también se llamaban melodramas aquellas obras que preferían exagerar las expresiones sentimentales para tornarse patéticas. Con el paso del tiempo, todo melodrama genera discusiones y hiere susceptibilidades por cuanto el gran tema del amor y las fatalistas pasiones desencadenadas siguen siendo sus comunes denominadores. Se arguye que detrás del melo sólo hay intrigas desmesuradas en detrimento de sus actitudes estilísticas o atmosféricas. Pero tampoco hay que olvidar sus más sublimes alcances literarios, operáticos y cinematográficos: Carmen, Madame Bovary, Anna Karerina, Lola Montes, Traviata o Dama de las Camelias, Cyrano de Bergerac, La bella y la bestia, Tess d Uberville, Senso, Camila, La amante del teniente francés, Boda blanca, Effi Briest, etcétera. La prostituta del rey, dirigida por el austriaco Axel Corti, expone sin mucho convencimiento el episodio cortesano de una condesa francesa que por los azares del destino llegó a convertirse en el costoso juguete del monarca Víctor Amadeo de Saboya. En efecto, Jeanne de Luynes perteneciente a una aristocrática familia parisiense del siglo XIX despierta deseos irreprimibles cuando se instala en Turín como la esposa de un cornudo piamontés, quien afirma que para los súbditos es un placer servir a los reyes.

En medio de roces destructivos y secretos palaciegos a gritos, se cocina una fábula bastante aburrida que descuida el fondo histórico de una entrega incondicional del norte italiano al ocupante francés por las debilidades múltiples del mencionado señor. Mientras que las declaraciones amorosas suenan como frases huecas, sus coguionistas y realizadores dejan pasar por alto su verdadero contexto socio-político para abrumarnos como espectadores con el despliegue inusitado de pelucas grises y objetos de anticuario.

Para conquistar un amor imposible, y de paso rechazar los designios imperiales, el muy flemático Timothy Dalton o James Bond afirma sin inmutarse que jamás me daré por vencido . Sometidos también a los caprichos emocionales de la actriz Valeria Golino, con un bello lienzo del Caravagio en medio del asunto, este relato no alcanza a fraguar su condición melodramática y ni siquiera logra encandilar a los cinéfilos con su pretendida exquisita ambientación de principios del siglo pasado. Queda entonces por apreciar uno que otro paisaje tirolés, varios coches antiguos y algunos fragmentos incorporados de música de cámara. Bienvenido el cine europeo, pero menos acartonado!

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.