EL IMPERIO DE HENRY LUCE

EL IMPERIO DE HENRY LUCE

El 28 de febrero de 1967, moría de un ataque cardíaco Henry Robinson Luce, propietario de Time Magazine y, como si lo hubiera previsto, al finalizar la semana, algo más de la mitad del orbe ya había sido enterada del suceso, gracias a haber leído su obituario en las páginas de la revista que él mismo fundara, a comienzos de los años veinte. Con su estilo peculiar para contar las noticias, Luce logró que el hombre medio estadounidense se interesara por los acontecimientos locales y los cada vez más complejos asuntos mundiales. Un estilo cautivante para un público que estaba ávido de seguir los patrones de la moda, igual en el arte que en las ciencias, deseoso de participar de los eventos internacionales y de conocer, así fuera mediante imágenes cuidadosamente montadas, todo cuanto acontecía en el resto del mundo. Henry Luce había nacido en China, en 1898, hijo de misioneros estadounidenses que habían escogido al lejano Oriente para predicar el credo presbiteriano. Llego a Estados Uni

26 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

En Yale, los bisoños periodistas quedaron impresionados con el estilo de Homero, capaz de describir a un personaje en una sola frase. Por aquella época, no había en todos Estados Unidos un solo periódico que no requiriera de artículos de más de veinte cuartillas para contar lo sucedido sobre el hecho más trivial del día anterior. El criterio periodístico que imperaba era el de darle cabida a los diversos puntos de vista sobre un acontecimiento, cualquiera que fuese, sin que el periódico jamás tomara partido en sus líneas editoriales. Luce y Hadden, gracias a sus lecturas clásicas, habían aprendido que un relato podía recoger distintas versiones y expresar su criterio sobre la opinión correcta. Si alguna característica uniformaba al periodismo de comienzos de siglo, era la falta de señuelos para el lector común, que igual podía pasar días o meses sin interesarse por las noticias de los diarios. La diagramación, el color, la impresión de fotografías, el uso de encuestas, eran aspectos que nunca pesaban en las oficinas de los editores.

Luce y Hadden tenían en claro dos cosas: lo primero, era utilizar las nuevas técnicas de impresión y de diseño para atraer la atención del posible lector, y lo segundo, informarlo de manera sucinta. Estaban seguros de que nadie podía dedicarle a un informativo más de veinte minutos diarios para enterarse de cuanto ocurría en su país y en el resto del mundo. El tiempo es oro , decía un refrán en boga en los años posteriores a la primera guerra Mundial. Tanto Luce como Hadden coincidieron en el título de la revista, Time, por su identificación con el símbolo del momento, y por que la misma palabra, en el idioma griego, significa prestigio , algo que la sociedad norteamericana buscaba afanosamente.

El triunfo de la Revolución Bolchevique había conquistdo los sueños de millares de hombres alrededor del mundo. Muchos de los hijos de las familias adineradas de EE.UU. habían cruzado el Atlántico para conocer de cerca la sociedad del futuro . En casi todos los países occidentales se fundaron partidos socialistas que proclamaban su adhesión al marxismo y se daba por seguro el arribo inminente de la sociedad sin clases.

Henry Luce, por el contrario, tenía una idea diferente de lo que debería ser la nueva sociedad. No en vano era hijo de un pastor protestante, imbuido de un profundo nacionalismo y de las virtudes del trabajo, de la vida juiciosa, de la moderación y del éxito económico como recompensa material. Un casual encuentro con Henry Ford habría de marcarlo por el resto de sus días. Después, para Luce, así como para muchos otros jóvenes de su generación, los negocios, el comercio y la industria deberían ser el oficio obligado de muchachos ambiciosos y con deseos de superación. Time sería la revista que le abriría un cauce a los anhelos de esa nueva generación de estadounidenses. Según los cálculos de Luce sobre la posible circulación de su semanario, en Estados Unidos había a la sazón más de un millón de personas con educación universitaria y estaba convencido de que entre ellos estarían sus lectores.

En los bulliciosos años veinte, Luce y Briton Hadden, hacían parte de una generación risueña y optimista de estadounidenses para quienes Europa no era más que un continente cargado de recuerdos y con olor a naftalina. Estaban convencidos de que el siglo que apenas iniciaba estaría bajo la égida estadounidense. De ese mismo criterio participaban personajes tan disímiles como Edmund Wilson, Scott Fitzgerald, Wlater Lippmann y Henry Luce. De estos, tan solo Luce avisoraba que el medio para asentar los valores de la cultura norteamericana era a través del comercio. De allí en adelante, los productos de las grandes casas manufactureras de Chicago, Detroit y Nueva York inundarían los mercados europeos y las perspectivas de negocios se harían ilimitadas.

Consolidación de un imperio Seis años después de fundada Time, Hadden murió víctima de una infección. Auncuando muchos de sus contemporáneos aseguraban que Hadden era el verdadero innovador en la presentación de noticias, lo cierto fue que siempre hubo una total identidad de criterios respecto de lo que debía ser la revista. Luce heredó de Hadden el estilo informal como redactaba los artículos y, con los años, agregó su toque personal al preparar la sección central del semanario en conjunto con sus cuatro o cinco reporteros estelares. Por lo general, prefería escuchar las opiniones más adversas a la suya y discutir hasta la última hora la solidez de los argumentos contrarios. No le importaba perder en el debate siempre y cuando la presentación de la noticia tuviera la suficiente contextura. Lo esencial era tener una opinión convincente, aun para el lector desprevenido, ajeno a los hechos comentados.

Luce contrajo matrimonio con Lila Hotz, una señorita de la sociedad de Chicago, tan pronto como terminó sus estudios en Yale. Su pasión por el periodismo condenó a su matrimonio a un segundo plano. Acostumbrado a trabajar setenta horas a la semana en la sala de redacción, encontraba vacuo y sin sentido el relato de la vida familiar. Años después, fue corriente verle acompañado de Clare Boothe Brokaw, una atractiva asistente, con quien compartía su interés por todo lo mundano. En 1935, después de un prolongado romance, contrajeron nupcias.

En menos de 15 años, Luce había alcanzado y superado todos sus cálculos. Time tenía una circulación mayor que la esperada y se había convertido en el medio de información de la clase media. Su convicción y su defensa a ultranza de las libertades de empresa, de comercio y de industria, lo convirtieron en el blanco de críticas tanto de la izquierda como de la derecha piadosa, que preconizaba la salvación espiritual como única razón de la existencia. Henry Luce consideraba, por el contrario, que los caballeros de industria, en su correcta acepción, constituían una clase tan honorable e importante como lo podían ser quienes abrazaban las profesiones liberales y culminaban sus vidas con cierta dignidad al servicio del Estado.

En su afán de confirmar su visión de los negocios como una necesidad del mundo contemporáneo, Luce inició su revista Fortune, con relativo éxito, si se tiene en cuenta que su lanzamiento coincidió con el peor momento de la historia económica de EE.UU. En febrero de 1930, dos meses después de la hecatombe de 1929, la más costosa de las publicaciones hasta entonces impresa, era vendida en las calles. Su precio era el doble de Time y no dejaba de ser llamativo que estuviera dirigida a la nueva clase empresarial, la que según Luce, debería sacar a la industria del atolladero en el que se econtraba.

En ese mismo año, la industria del acero, meses atrás el sector más fuerte de la economía estadounidense, había cesado a un cuarto de millón de empleados, el ingreso nacional habia caído en un 50 por ciento y medio centenar de bancos se declararon en quiebra. Una tras otra, se hundían las compañías más prósperas, a lo largo y ancho de la nación del norte. No obstante, Luce apostó a su intuición para los negocios. Hacia 1934, Fortune había dejado ganancias netas para sus propietarios y al terminar la década ya sumaba el 15 por ciento de los beneficios que repartía la corporación Time Inc.

Por la misma época, Luce también probó suerte con Architectural Digest, como un forma de expandir sus negocios y de incidir en el mundo del arte. En la radio fue el pionero de los programas de noticias, con March of Time , la cual proyectó su nombre como un visionario de las comunicaciones. Contraídas sus segundas nupcias con Clare Boothe, aprovechó la experiencia de su nueva esposa en Vanity Fair, para producir Life, la primera revista de periodismo gráfico, cuya aceptación por parte del público tardó un par de años, pero luego significó la consolidación de un imperio editorial. Después fundaría Sports Illustrated para popularizar el deporte.

Time y Roosevelt Luce había mantenido, por varios años, una relación equilibrada frente a los partidos demócrata y republicano. Sin embargo, el advenimiento de Theodore Roosevelt y sus programas del Nuevo Trato, estrecharon las relaciones de Luce con los republicanos. El principal motivo de conflicto se originó en el establecimiento, por parte del gobierno de Roosevelt, del impuesto progresivo sobre la renta. Luce, quien se enorgullecía de haber levantado su propia fortuna, consideraba confiscatorio que el Estado le cobrara su éxito, al tiempo que trataba con cierta indulgencia a los herederos de las vastas fortunas estadounidenses. Pero el tema que distanciaría aún más al político del periodista fue el ingreso de EE.UU. a la segunda guerra.

Time, a finales de los años treinta, había pasado de reconocer Mussolini como una fuerza progresista en Italia a considerarlo como una amenaza para los intereses estadounidenses. La presencia de Hitler, en el escenario alemán, convirtió a Luce y a sus revistas en los primeros abanderados de la intervención militar norteamericana en el conflicto europeo. Luce consideraba errónea la política de Roosevelt de mantenerse por fuera de la guerra.

En 1940 y 1944, Henry Luce lanzó una campaña en contra del gobierno y a favor de los candidatos republicanos Wendell Willkie y Thomas E. Dewey. No obstante, la campaña de la gran prensa resultó insuficiente para desbaratar la formidable coalición política que había instituido Roosevelt desde la Casa Blanca. La ampliación del gasto público, la intervención del Estado para favorecer la legislación laboral y promover el desarrollo económico, le habían granjeado a Roosevelt la gratitud de un electorado numeroso, que había recobrado el salario y su seguridad económica, bajo el alero generoso del New Deal defendido por el presidente demócrata. Luce no había previsto que sus lectores estaban entre las clases media y alta, ni que el pueblo votante a duras penas distinguía sus revistas de otras publicaciones similares.

Pero el asunto de inmiscuirse en la guerra europea era a otro precio. Hasta 1942, las encuestas favorecían la política de la no intervención y había personalidades en el Congreso, pertenecientes al partido republicano, que se inclinaban por el aislacionismo . Roosevelt era ante todo un fino político, y aún tenía compromisos legislativos que salvar frente a su electorado. Sin embargo, con la mayor sutileza, estableció un frente de ayuda económica para la Gran Bretaña y prometió a Churchill todo tipo de abastecimiento sin menoscabar la unidad nacional, y decidió la suerte de Europa tan solo obtuvo el consenso de sus compatriotas para intervenir en la guerra.

Siglo americano Al finalizar la guerra, la mano de hierro de Stalin dejó conocer cuáles eran sus intenciones respecto de la participación de Europa y del resto del mundo. Truman, y su secretario de Estado, Dean Acheson, optaron por la política de la contención , como una forma de controlar el poder expansionista soviético. Para el dueño de Time, había llegado la hora de que las ideas de EE.UU. se impusieran en el resto del orbe. Auncuando había identidad de criterios con el gobierno en la forma de enfrentar al comunismo, Luce insistía en mayores créditos para salvar a Europa y a la China de caer en manos del enemigo. Las pretensiones de Luce fueron superadas con creces por la masiva destinación de fondos que el gobierno de Truman dedicó a la guerra fría . Un memorando secreto, escrito por el diplomático George F. Kennan, había persuadido al presidente Truman de no ahorrar esfuerzos para controlar al Kremlin.

A pesar de que Henry Luce compartió, como la mayoría de los estadounidenses, el temor que despertaron las acciones de Stalin en Europa del Este después de 1945, su mayor preocupación era la posibilidad de que las empresas de su país perdieran, definitivamente, el acceso a los nuevos mercados de la posguerra. Consideraba que la combinación de ayuda estatal estadounidense y la inversión de las grandes corporaciones privadas revitalizarían las economías de Europa del Este, fomentarían las exportaciones de bienes y servicios y, de esta manera, se crearía un verdadero dique contra el expansionismo soviético.

En 1946, Luce declaraba ante una audiencia del Congreso estadounidense que si los hombres de negocios de Estados Unidos establecen empresas en el extranjero, que les permita crear riqueza en aquellos países y elevar la productividad de sus inversiones, ellos harán valorar las bondades del sistema capitalista. Para garantizar el desarrollo habrá que desmontar las tarifas arancelarias y las barreras al comercio, que son la verdadera irracionalidad económica del mundo. Si se logra esa expansión en los negocios, con solo ello, se derrotará al comunismo... . Para Henry Luce no había distinción entre la paz americana y el interés de EE.UU. en el comercio de sus productos.

Si bien era conocida la profunda antipatía que sentía por el comunismo, ni él ni sus revistas cayeron en la histeria colectiva de los años cincuenta. Cuando la cacería de comunistas era realizada desde las filas del Congreso por el senador Joseph McCarthy, y se especulaba con las más fantásticas historias que él mismo se encargaba de propagar, Time lanzó un demoledor ataque contra el fanatismo que representaba McCarthy, por cuanto su anticomunismo se había convertido para millones de estadounidenses en su sustituto del pensamiento.

Presidente de la Casa Ninguna de las publicaciones de Luce pudo ocultar su satisfacción con la victoria alcanzada por Eisenhower, como candidato republicano, en 1952. Después de veinte años, el Gran Partido tenía su representante en la Casa Blanca. Era el candidato de los poderosos conglomerados económicos, de las cadenas de periódicos y de los semanarios pertenecientes a Time Inc. Por primera vez, Luce tenía acceso directo al presidente y a su secretario de Estado. Durante este período, Clare Boothe Luce fue nombrada embajadora de su país en Italia. En este mismo lapso, Time fue señalada por sus críticos y adversarios, como la vocero de la Casa Blanca . Para Luce y sus editores, Eisenhower era el ejemplo de las mejores virtudes del pueblo estadounidense. John Foster Dulles, su secretario de Estado, el político más coherente en relación a los problemas políticos y morales de la época.

No obstante la acendrada defensa del gobierno republicano que Luce hacía desde sus revistas, las voces independientes acusaban a Eisenhower de dirigir un gobierno molondro, alejado de sus electores y no siempre bien dispuesto a escuchar las críticas de sus amigos. Dos hechos concomitantes habrían de terminar con el mito que Time había creado alrededor del presidente y su gabinete ministerial: el lanzamiento soviético del cohete Sputnik y el recorte en los gastos militares de defensa, decretado, meses atrás, por el propio Eisenhower. La mezcla explosiva de estos dos acontecimientos hizo que el presidente perdiera el control sobre el aparato político y terminara aislado al final de su segundo mandato.

Los Kennedy El viejo Joseph Kennedy conocía, como ninguno, que la única forma de salvar un prestigio y de acrecentarlo era mediante el cortejo a los medios de comuniación. De esta manera había modificado su imagen de traficante de licor por la de un reposado y adinerado hombre de negocios. Desde cuando tuvo en mente colocar a alguno de sus vástagos en la Casa Blanca, inicio un acercamiento con los dueños de revistas y periódicos más influyentes de su país. Henry Luce fue uno de ellos. A este hecho se debió, en buena parte, que durante la contienda electoral de 1958, sus semanarios mantuvieran cierto equilibrio en el cubrimiento de las campañas presidenciales de Nixon y Kennedy. Malditamente equilibrado , fue la descripción con la que los asesores de Nixon señalaron aquel trabajo periodístico que le permitió a Kennedy llegar a la presidencia.

A partir de entonces, la figura de Kennedy y la de los suyos estarían presentes en las páginas de los semanarios de Luce. El contraste entre la anterior familia presidencial y la recién elegida, ratificaba el nuevo ambiente que se respiraba en Washington. Kennedy había sido un héroe de la guerra, destacado estudiante, autorreconocido con un premio Pulitzer a su obra Perfiles de coraje, heredero de una respetable fortuna y casado con una bella dama de la sociedad neoyorkina. Las páginas de Life y Time presentaban hasta los más nimios detalles de la vida familiar de la joven pareja. La belleza de Jackie y lo apuesto de su marido eran motivo de portadas, comentarios especiales y toda suerte de frívolos artículos.

Kennedy, siempre preocupado con su imagen, invitaba con frecuencia a los Luce a la Casa Blanca. Este, por su parte, se sentía a gusto con el joven presidente, quien, desde su discurso de posesión, había adquirido el compromiso de defender la libertad a cualquier precio.

La conquista del espacio El fiasco de Bahía Cochinos, el bloqueo naval a Cuba, los intentos de la CIA por asesinar a Fidel Castro, eran parte del ideario político que Luce había entrevisto para su siglo americano . La incipiente participación de EE.UU. en Vietnam, en aquel momento, recibía los más cálidos elogios en las páginas de sus revistas. Hasta el día de su muerte, Kennedy vivió obsesionado con la forma como los periodistas presentaban las noticias concernientes a su gobierno. Su preocupación llegó hasta el extremo de contratar un servicio especial que le llevaba la última edición de Time, aun antes de que el propio Luce la tuviera en sus manos.

Con el asesinato de Kennedy y la llegada de Johnson a la presidencia, Luce continúo su apoyo a la guerra de Vietnam. Los corresponsales de Time en Saigón, eran víctimas de las alteraciones que los editores de Luce imponían a sus historias. En la sala de redacción en Nueva York, siempre predominaron las defensas a ultranza del régimen de Ngo Dinh Diem, sin reparar en los relatos de sus enviados en Vietnam, que lo señalaban como un gobierno corrupto y sin ningún prestigio entre la población vietnamita. Algo similar a cuanto aconteció en su momento con el régimen de Chiang Kai Shek, en la China, y la defensa cerrada que hizo Time del opositor de Mao Tse Tung. Aun en los momentos más difíciles de la guerra del Vietnam, la revista siempre presentó, por instrucciones de Luce, una visión optimista de lo hechos y aseguraba cómo los survietnamitas, con el apoyo militar estadounidense, volverían a la ofensiva en los próximos meses.

Desde 1964 Luce se había retirado de su posición como editor de Time. Sin embargo, siempre se mantuvo en permanente contacto con sus editores hasta el momento cuando se produjo su deceso, en Phoenix, Arizona, en febrero de 1967. Sus críticos siempre lo acusaron de haber limitado la objetividad del periodista en aras de presentar la visión del editor, y de haber condicionado las noticias al culto de la personalidad. Con todo, al final reconocieron en su estilo una forma que revolucionó el periodismo estadounidense y el del resto del mundo.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.