EN EL VIENTRE DE BOGOTÁ

EN EL VIENTRE DE BOGOTÁ

El tratamiento del tema de La estrategia del caracol rompe el molde del angustioso drama social del cine de compromiso político de otro tiempo. No por ausencia de razones o de sensibilidad. Más bien porque el tono de la época, adoptado por Sergio Cabrera, se ha hecho irónico, y aunque más ligero, no menos vigoroso. Bajo un estilo que se anuncia en términos un tanto inciertos, entre el drama y la comedia, entre la fuerza de la razón y la actitud sentimental, entre la intención satírica y el movimiento épico, incluso con un cordial lenguaje de reportaje, La estrategia construye su narración con un intenso referente emocional, cuyo trasfondo alegórico la tierra prometida articula el efecto de su eficacia que no carece de aquella astucia que la consagra frente al público. Bajo las vicisitudes generales que implica la inflexión del tono de comedia, Sergio Cabrera controla con mano maestra el equilibrio, con amplitud de elementos simbólicos, entre la anécdota y el argumento, al reconstrui

26 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

Es la lucha que los arrendatarios de un vetusto inquilinato del centro de Bogotá libran contra la gestión establecida y amañada por unos funcionarios, tan fraudulentos como serviles y oportunistas, que han puesto la ley al servicio de los intereses de los ricos propietarios, en una acción que tipifica los viejos vicios, la fatuidad y arrogancia de una clase rodeada de los privilegios del poder social y económico.

Rumor de protesta Cabrera levanta, escena tras escena, el susurro acallado por el amenazante peso de la realidad y de la ley. Y en la actividad variada y presurosa que el inquilinato despliegua, acumulando detalles y abriendo un haz de historias paralelas, compone con un delicioso sentido de crónica, crítica social y humor, los alusivos matices a las situaciones de inconformidad y de lucha. Pero también aprovecha allí los recursos de imaginación y malicia, que los desposeídos movilizan en su eterno presente de inquietud y abatimiento.

Así el director hace llegar hasta el espectador, desde el remoto y acaso disperso rumor de la protesta, aquello que solo puede ser enunciado en términos de conflicto. Con las diversas modalidades de controversia que sus personajes reflejan, La estrategia tiene, con su poder abarcador, tanto en el tema como en el tratamiento, su mayor ambición. Pero es allí, se dirá, donde precisamente puede encontrarse su mayor debilidad. Y es que si en la elaboración de los conflictos colectivos se le puede reprochar haber dejado sin explorar estratos más profundos y significativos de la personalidad de sus personajes, abandonándose a una descripción un tanto elemental de su carácter y situaciones particulares, se hace a cuenta y riesgo de no comprender que, sin duda, se trata del precio que ha de pagar quien pretende abarcar una situación tan amplia, como para alcanzar en un espacio abierto de relaciones una profundidad más plena. Aún así con la determinación, el dolor, la esperanza y la astucia de sus personajes, la película busca su centro de convergencia en la complicidad y la identificación con aquel personaje rebelde y encausador: el antiguo ácrata español que vindica su furor utopista.

Clave de un pasado reencontrado como verdad de otros momentos y elevado a la plenitud de monumento victorioso, don Jacinto, el republicano español, personifica la lucha reiventada contra esa capacidad de aniquilación que la acción legal y violencia del Estado dirige contra los indefensos ciudadanos, ante lo cual las estrategias como las que la película de Cabrera describe, son en sí mismas una alegoría y a la vez un proceso de racionalización convertirlo en un acto político.

En la elípsis abierta sobre el final, queda el futuro como enunciado decisivo. La estrategia del inquilinato ha movilizado las potencialidades por la fuerza de sus motivaciones. Y la dignidad, como categoría allí manifiesta, obtiene el triunfo para que no se ignore el esfuerzo de los desposeídos, tantas veces ignorado e inútil, convertido aquí en victoria, como cuestión de claridad y convicción.

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