Farc: final del mito

Farc: final del mito

VIENE DE LA PÁGINA 1-16

15 de enero 2008 , 12:00 a.m.

Un planteamiento que hacía imposible poner límites a las exigencias de la guerrilla para alcanzar un compromiso de desarme.

Sin embargo, una larga lista de fiascos militares y políticos ha resquebrajado el mito de la superioridad de las Farc. Durante el pasado año, las Fuerzas Militares han abatido a un buen número de mandos guerrilleros claves como Milton Sierra, ‘JJ’, el ‘Negro Acacio’ y ‘Martín Caballero’.

Esta cadena de pérdidas es una prueba inequívoca de que la Fuerza Pública esta debilitando a un ritmo acelerado la capacidad operativa de las Farc. Un desgaste que promete acentuar la parálisis de una organización que ha sido incapaz de montar un ataque de envergadura desde la toma de Cerro Tokio, en el Valle del Cauca, en el 2001.

El grado de descomposición de las Farc resulta más patente si se considera la incompetencia criminal con la que han manejado al grupo de secuestrados que pretende utilizar para forzar un intercambio humanitario. Primero fue el asesinato de los 11 diputados del Valle, donde parece claro que una partida de guerrilleros rompió la disciplina interna y cometió la masacre sin consultar a sus superiores. Ahora es el reconocimiento de que habían ofrecido la libertad de un niño que ni siquiera sabían dónde estaba. Ambos hechos son pruebas igualmente reveladoras de hasta qué punto la cadena de mando de las Farc se encuentra fracturada y el Secretariado ya no controla ni cuestiones políticas vitales, como el destino de los llamados “secuestrados políticos”.

En tales circunstancias, resulta difícil mantener el mito de la indestructibilidad de las Farc. Dicho en otras palabras, la victoria militar del Estado es posible. Desde luego, esto no quiere decir que la búsqueda de una solución negociada haya perdido sentido. Un acuerdo de paz sigue siendo la opción más deseable cuando se piensa en la cantidad de vidas y recursos que la sociedad colombiana podría ahorrarse si fuese posible pacificar el país por esa vía. Pero ahora es la guerrilla quien debe asumir que el balance estratégico ha cambiado y negociar desde una posición de debilidad.

La otra alternativa es una huida hacia adelante recurriendo al terrorismo indiscriminado. Pero, como demuestra la experiencia de Sendero Luminoso en Perú, ese es un camino sin retorno, que conduce a la autoinmolación de aquellos que lo escogen tratando de eludir una derrota inevitable. * Coordinador del Área de Seguridad y Posconflicto de la Fundación Ideas para la Paz

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