Farc: final del mito

Farc: final del mito

El desenlace de una guerra depende tanto de la capacidad militar de las partes como de su imagen de debilidad o fortaleza que determina si el oponente percibe su victoria como una posibilidad real o considera que se encuentra ante un enemigo imbatible. De hecho, el punto de inflexión de muchos conflictos está asociado al momento en que uno de los lados llega a la convicción de que su adversario puede ser derrotado.

15 de enero 2008 , 12:00 a.m.

Ahí está, por ejemplo, el significado de la victoria soviética a las puertas de Moscú a principios de 1942, que terminó con el mito de la superioridad germana y abrió la puerta a la derrota nazi en Estalingrado. Un quiebre psicológico semejante se está produciendo en el conflicto colombiano a medida que se desmorona la reputación militar de las Farc y es reemplazada por la imagen de un grupo lastrado por la incompetencia y la indisciplina.

Durante años, las Farc disfrutaron de la aureola de ser invencibles. De hecho, el grupo liderado por ‘Manuel Marulanda’ ganó una considerable fama por su solidez organizativa y eficacia militar. Esta reputación fue el fruto de una combinación de factores. Sin duda, los éxitos bélicos de las Farc entre 1996 y 1998 (Miraflores, Las Delicias, etc.) contribuyeron a forjar la imagen de una guerrilla imbatible. Pero, además, otros factores derivados del contexto político-estratégico colombiano contribuyeron a alimentar esta mitología. Por un lado, el Estado tuvo una capacidad limitada para presionar a la guerrilla en la medida en que se vio forzado a confrontar otros desafíos de seguridad, como la escalada terrorista del narcotráfico en los años 80 y 90. Al mismo tiempo, la tradicional desconfianza de la opinión pública colombiana en las instituciones contribuyó a que las Farc fueran imaginadas como una estructura más sólida que el propio Estado.

Resulta difícil subestimar las consecuencias que tuvo la extendida convicción de la invulnerabilidad de las Farc. Para empezar, si la guerrilla no podía ser derrotada por medios militares, no valía la pena invertir en el aparato de seguridad estatal. En consecuencia, resultó imposible argumentar a favor de un incremento del gasto en defensa. Pero, además, si las Farc eran invencibles, la única vía para alcanzar la paz era mantener permanentemente abierta la puerta a una negociación donde se deberían hacer todo tipo de concesiones para conseguir que los violentos aceptasen silenciar sus fusiles

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