Regreso al despacho

Regreso al despacho

Regresó este fin de semana a Bogotá, después de una agitada temporada en su finca de El Ubérrimo, en Córdoba, el presidente Álvaro Uribe. No sería justo decir que se tomó vacaciones. Los enredos relacionados con la liberación de los secuestrados y los roces con su vecino Hugo Chávez, lo mantuvieron ocupado. Y todo indica que así seguirá siendo, pues Caracas continúa adelante con una política intervencionista que si bien ha sido categóricamente rechazada en Colombia, obliga a un manejo con pinzas.

14 de enero 2008 , 12:00 a.m.

El delicado estado de las relaciones binacionales inquieta, como es explicable. Pero también preocupa que por momentos parezca que es ése el único tema de la agenda del Gobierno en general y del primer mandatario en particular. Colombia es un país donde sobran los problemas y los asuntos por resolver se aglomeran en fila, cuando el gobernante de turno se ve obligado a dedicarle toda su atención a uno solo de los frentes críticos.

Por eso se impone una reflexión para que, con el reinicio pleno de las actividades tanto en el Gobierno como en la vida diaria de la Nación, la serie de asuntos pendientes no quede al garete. Uribe tendrá, cómo no, que mantener el ojo vigilante a los pasos siempre inquietantes que dé Chávez.

Pero tendrá que sacar tiempo, y mucho, para diseñar un plan detallado sobre cómo debe Colombia enfrentar los difíciles momentos que se avecinan, de manera inminente, en la economía mundial.

Ya casi no hay discusión entre los expertos con respecto a que los Estados Unidos, un mercado fundamental para el país, vive un freno de proporciones significativas. Y aunque no son muchos los que hablan de recesión, la mayoría conviene en que el consumo del gran país del norte, que siempre activa la economía mundial, va a decaer de modo importante.

A ese panorama poco tranquilizador, los cuadros económicos del Gobierno deben sumarle la hipótesis de un mayor deterioro con Venezuela, que implique desde el bloqueo a determinadas exportaciones colombianas, hasta un cierre generalizado de las fronteras, si las cosas se complican mucho más. Que haya riesgos en los dos mayores mercados de las ventas colombianas al exterior, no es asunto de poca monta. Hablar de plan de contingencia para las exportaciones colombianas en 2008 no es una exageración. Es, hay que decirlo, una urgente necesidad.

A la vez, y de manera complementaria, el Gobierno tiene que pensar en que, dentro de su estrategia, no puede abandonar sus gestiones para convencer al Congreso en Washington de que apruebe el TLC del mismo modo que ya lo hizo con el pacto respectivo con Perú. Uribe enfrenta en este campo obstáculos serios por cuenta de la oposición de los demócratas que no han visto con buenos ojos el manejo de los temas del paramilitarismo y los derechos humanos. Todo ello, en medio de la cada vez más agitada campaña electoral en los Estados Unidos, obliga a moverse bien para conseguir los votos necesarios en el Capitolio de la capital norteamericana.

Otro tema que requiere atención pues sus problemas también debilitan la competitividad de la economía colombiana, es el frente de la infraestructura. Es una verdad de a puño que, en este campo, los cinco años de Uribe dejan mucho que desear. Son muchos los proyectos de carreteras, ferrocarriles, puertos y aeropuertos que están demorados, en la mayoría de los casos por pleitos que parecen interminables, pero también porque si bien ha habido continuidad en el titular de la cartera de Transporte, no ha sucedido lo mismo con la cabeza del Instituto Nacional de Concesiones, pieza clave de la estrategia.

Todo lo anterior sin mencionar asuntos de la agenda puramente política que no han avanzado en el Congreso, como sucede con las normas que el Gobierno anunció hace casi dos años para blindar la democracia de la influencia nefasta de los grupos armados y mafiosos. Está claro pues, que al aterrizar en la Casa de Nariño, el Presidente tendrá que aplicar, más que nunca, su conocido lema de trabajar, trabajar y trabajar.

'' La agenda que le espera al presidente Álvaro Uribe en su retorno a la Casa de Nariño es bien compleja y va mucho más allá de las difíciles relaciones con Venezuela”

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