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Pudo haber sido reina, pero prefirió ser cadete

Pudo haber sido reina, pero prefirió ser cadete

La hija del ‘chips’ Bohórquez, que heredó sus ojos claros de felino y la preciosidad de su madre, dones con los que bien habría podido ‘ganarse el cielo’ o ser una reina de belleza, prefirió la milicia a la dulce vida de civil.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
13 de enero 2008 , 12:00 a. m.

Esta semana él la despidió, sin lágrimas.

El sargento mayor de la Infantería de Marina Luis Bohórquez Ordúz ‘colgó el uniforme’ el año pasado, tras 25 años en la Armada Nacional, pero acaba de volverse a conectar con la institución a través de su hija mayor, Mary Elizabeth Bohórquez Velásquez, de 18 años, que no verá a su familia durante tres meses, tiempo durante el que se capacitará y habituará a la vida militar, que de un tiempo acá, en nuestro país, ha dejado de ser exclusivamente masculina.

Fueron 183 jóvenes provenientes de todo el país los que ingresaron a la Escuela de Cadetes Almirante Padilla. Entre ellos había 14 mujeres.

“No quería que ingresara a la Armada, porque es una vida dura, pero a ella se le metió en la cabeza que sí y no quiso otra carrera. Esta es la segunda vez que se presentaba y pasó”, contó el suboficial (r).

La mayor de dos hijos del sargento Bohórquez y Martha Velásquez, oriundos de Bucaramanga pero que han vivido gran parte de sus vidas en Cartagena, terminó de convencerse de que la Armada era su futuro el día que terminó un curso de buceo en la Base Naval, en Bocagrande. Fueron 35 días de capacitación y, al final, llegó a casa diciendo: “Me voy para la Armada”.

Desde entonces no hubo poder humano que la detuviera.

Su padre, que no tiene un hijo varón que pudiera seguirle sus pasos en la milicia, encontró, entonces, que su hija mayor estaba destinada para ello.

Ahora que ya es un hecho el sueño de Mary Elizabeth, a su papá no le tocó otra más que darle los mejores consejos. El más vehemente es que procure siempre estar en los primeros puestos, así, le dijo, el camino será menos duro. “Yo siempre ocupé el primero o segundo lugar y con ello obtuve algunos privilegios”, le contó.

Una de las mejores amigas de la aspirante a ser cadete, Estefanía Hernández, fue a despedir a su compañera.

“Ella está emocionada. No dudó en irse, a pesar de que teníamos un amigo que es cadete y que le decía que esa vida era dura”, contó la muchacha.

Cupo a chocoanos En este enrolamiento, por primera vez en la historia de las incorporaciones en la Armada, una ONG hace trámites para que ocho afrodescendientes del Chocó provenientes de familias de escasos recursos ingresen a la Marina.

El aporte económico es lo único que falta y definirá si los chocoanos podrán conseguir cupo esta semana en la Escuela Naval.

Los muchachos ya pasaron los exigentes exámenes físicos, médicos y sicológicos. Ahora, faltan los siete millones de pesos por cada uno para cubrir su dotación. Si los consiguen, serán también compañeros de esta joven a la que atrapó la milicia.

A la milicia por casualidad.

Mary Elizabeth es la segunda de los Bohórquez que escoge la vida militar.

El primero fue su padre, Luis, quien cuenta que llegó de pura casualidad a esta profesión de la que después, simplemente no pudo escapar por gusto.

Según su testimonio, por un problema de indisciplina un profesor lo llevó a rectoría y le dijo: “Mire, para que usted se ‘aconducte’, váyase al Ejército, allá va a aprender a manejarse bien. Me sonó la cosa y me presenté después al Distrito Militar en Bucaramanga”. Pasaron 25 años para que se retirara

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