Restaurante temático y tres ironías

Restaurante temático y tres ironías

Después del Año Nuevo, cometí un error garrafal. Acepté una invitación que me hizo un amigo a un restaurante con tema, en Londres.

12 de enero 2008 , 12:00 a.m.

Una vez que la palabra ‘OK’, aceptando la invitación, salió de mi boca, reaccioné y traté de echarme para atrás. Y le dije: “En esta época del año va a estar lleno y vamos a tener que hacer una cola enorme”.

En estos sitios uno no come, sino que se tiene “una experiencia”. ¡Créanme: hasta ahora no he encontrado una salsa que combine con una experiencia! En Rainforest Café el propósito es dar a conocer a los visitantes cómo es la selva, y tocar sus conciencias para que sientan la culpa de la filosofía de Greenpeace. Quieren preparar a sus comensales para que cambien de actitud frente a la selva e involucrarlos en un esfuerzo para salvarla. Muy noble.

Pero hay una ironía enorme. Toda la selva del restaurante está hecha de plástico: los árboles, las flores y los animales.

Tuvimos que esperar una hora. Éramos 13 personas en total, y uno de los adultos del grupo resolvió usar mi nombre (algo que jamás hago), pero ante la espera y la imposibilidad de convencer a los niños de que fuéramos a comer dimsum (completamente auténtico en Chinatown), lo permití. “Este es Kendon Macdonald, el crítico de restaurantes de EL TIEMPO, el periódico más importante de Colombia”. No sé si la administradora se había aplicado botox recientemente, pero no hubo reacción.

Hay tantas cajas como en un Éxito. Por todos lados había cosas que comprar, todas con la marca de Rainforest Café, hechas con telas sintéticas, cuya producción causa aún más daño y aumenta el calentamiento. Los clientes no vieron la segunda ironía. Comprando los productos con la marca de la empresa le hacen a esta el mercadeo.

La comida es la misma que en todos los restaurantes temáticos, solo que sus creativos han buscado un nombre de acuerdo con su tema. Aquí los nombres de la comida chatarra mundial es Rumble In the Jungle (ensalada César), African Wind (ensalada de pollo), etc. Todo es igualmente horrible y el servicio es más que lento.

Después de esperar por la mesa, tuvimos que aguantar otra hora más por el primer plato: hamburguesas, pasta y pollo sin huesos. Y qué costo. Es como haber llevado a todo el grupo a Leticia a conocer la selva de verdad. Y allí la tercera ironía. Cuando uno va a la selva, encuentra un mundo oscuro con olor a putrefacción. Pues aquí es más de lo mismo a miles de kilómetros: húmedo e incómodo y, además, todo pica. En la selva la verdad usted es el almuerzo de los demás residentes del área.

Mi visita al restaurante me convenció de que jamás haré nada para ayudar a salvar la selva, pues si no existe esta, dejaría de existir Rainforest Café.

vivirparacomer@eltiempo.com.co

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.