El de Jaime Castrillón es un caso de ética

El de Jaime Castrillón es un caso de ética

Después de convenir su incorporación a Arsenal, Jaime Castrillón tomó un avión con rumbo desconocido (no el del avión, el de él). Se fue y ni apagó ni la luz. Al parecer, viajó a Alemania en plena madrugada. Castrillón había hecho incluso tres prácticas con el reciente campeón de la Copa Suramericana, sólo le faltaba firmar su vínculo; es que aún no llegaban unos papeles de Colombia. Aprovechando el ‘detalle’ y que habría aparecido una oferta muy superior de un club de la Bundesliga, huyó y si te he visto no me acuerdo. Hay indignación en Arsenal.

11 de enero 2008 , 12:00 a.m.

No deberían sorprenderse: se trata de un calco de lo hecho el pasado julio por Ernesto Farías, goleador argentino contratado por el Toluca. Fue presentado, dijo que era feliz de llegar a México, bla, bla… Al día siguiente subió a un avión y se fue a Portugal, al Porto que le dio un millón de dólares más. Por este caso en México se evaluó no contratar más argentinos. Hubiese sido ejemplar. De hecho, no negocian con River Plate, que cobró 1,2 millones más por pasarlo al Porto.

Farías, con cara de mármol, dijo luego que su esposa no se habituaba a la altura de México. En Buenos Aires no hay altura, pero Castrillón dirá que no le pagaron (el jugador nunca deja de percibir su contrato, caso contrario, demanda). También podría esgrimir el ya tradicional “los dirigentes se manejaron mal”, el no menos típico “no me cumplieron lo prometido” o el más poético, aunque trillado “es un tren que pasa una sola vez en la vida”.

Giovanni Hernández había firmado contrato por cuatro años con Colo Colo.

Aprovechando una grieta legal, abordó otro avión y llegó a Barranquilla. O sea, el lío son los aviones… Hay cientos de casos, pero por razones de espacio no vamos a enumerar la cantidad de episodios vergonzantes de futbolistas por cuestiones mercantiles: sería una enciclopedia de varios tomos. Inquietud al paso: ¿Qué acción tomará el gremio de los futbolistas, siempre tan ferviente en la lucha por dignificar su profesión? Los Farías y Castrillones se escudarán en los millones que recibirán de más.

Pero es que la ética tiene un precio, conlleva un sacrificio: renunciar. Un millón más sirve, se pueden comprar más autos, más cadenas de oro… También se ha tornado usual leer declaraciones de futbolistas diciendo: “Con este contrato no tendrán que trabajar ni mis hijos ni mis nietos”. Si todos fuéramos futbolistas, las próximas generaciones se quedan sin mano de obra.

Los Farías y Castrillones son los que luego niegan una declaración a la prensa. “Para EL TIEMPO no hablo”, o el ya más grosero “a esa radio no le paro bolas”. Sobre todo por escritos como este. Es probable es que EL TIEMPO deba privarse del esclarecido pensamiento de Castrillón. Mala suerte… ¿Y la gente…? Lloverán correos diciendo que el muchacho piensa en su futuro, en su familia. Como si debiera pensarse en los hijos con actitudes indecorosas. Otros arremeterán con el clásico “primero los endiosan y luego los crucifican”. Con Castrillón, al menos, estamos absueltos: no recordamos haberlo endiosado

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