La única colombiana del festival

La única colombiana del festival

“Cada nota que tocamos (en escuelas de los barrios Las Palmeras y 14 de febrero, de Cartagena), era como si estuviéramos en el Carnegie Hall, así no hubiera tapete rojo –recuerda Angélica Gámez–. Esto era para los niños y vale más que cualquier concierto de gala”.

11 de enero 2008 , 12:00 a.m.

Así reconstruye la violinista bogotana los talleres que dictó con algunos de los músicos invitados al II Festival Internacional de Música, en Cartagena, en días pasados.

Gámez, de 31 años, hoy asistente de concertino de la Orquesta Sinfónica Nacional, es el primer nombre colombiano en la selección de artistas de este festival, que celebra su segunda edición.

Irónicamente, comenta que era una de las primeras críticas de que en este encuentro artístico no participaran exponentes nacionales.

“Juzgué sin mala intención el hecho de que se hiciera un festival tan importante en nuestro país y no hubiera una orquesta o agrupación de cámara colombiana. Ahora lo entiendo: por ser un festival nuevo, necesita buscar credibilidad, apoyo y patrocinio, y para eso es necesario tener un nivel altísimo para que sea realmente importante en el mundo”, comenta.

Aún no ha actuado en los conciertos formales del Festival, pero lo hará hoy en el tradicional Teatro Heredia, junto a la Orquesta I Musici de Montreal.

Interpretará su instrumento en la Sonata para dos violines en sol mayor, de Giovanni Battista Pergolesi.

“Me siento muy orgullosa, porque me lo gané a punta de violín, no llamé ni busqué a nadie, me lo gané así”, añade la artista.

La violinista recuerda que recibió una extraña llamada a mediados de septiembre, que la exhortaba a participar en una audición 22 horas después, para la que tenía que tener preparados un concierto romántico, uno clásico, una sonata de Brahms, una de Beethoven y una contemporánea.

“Me dijeron que había dos personas importantes que me querían escuchar, pero no me dijeron quiénes eran –relata–. Ese día, un señor alto, rubio, me acompañó en el piano: yo toqué Mendelsson y el tipo se volteó y me aplaudió, aunque en las audiciones jamás se aplaude”.

Y agrega: “Me dijeron ‘te aceptamos’ y ‘felicitaciones’. Y pensé: ‘¡Eh, qué dicha, gané!’, pero no sabía qué había ganado”, recuerda Gámez.

Los dos personajes eran Charles Wadsworth y Stephen Prutsman, directores artísticos del festival.

Por ahora, Gámez se encuentra con su esposo, su madre y su hijo en Cartagena, compartiendo con los demás músicos, mientras llega la hora del concierto.

Entre tanto, ofrece talleres a jóvenes intérpretes que han llegado a la ciudad desde diferentes lugares del país.

Acerca de la oportunidad de participar junto al talentoso cartel internacional, la violinista explica que “casi todos estos artistas son jóvenes, son el top de la música en el mundo y están viviendo una fama a punta de instrumento, por eso es bueno que podamos verlos acá en Colombia”.

Con los niños de Cartagena Gámez afirma que todo el tiempo aprende de sus compañeros, pero que la experiencia ha sido mutua. “Antes de llegar a Cartagena estaba muy prevenida y acomplejada, porque había sustico de que no salieran las cosas, pero aprendo mucho y ellos también aprenden de mí”, comenta.

“Livia Sohn se me acercó y me preguntó qué digitación hacía en el rondó caprichoso, le dije y me respondió: ‘Ay, qué bueno, no sé cómo no se me ocurrió’”, recuerda la bogotana.

Y de los conciertos que se han presenciado hasta el momento, afirma: “En cada uno se me salen las lágrimas de la emoción, escuchando al Cuarteto de St. Lawrence, a Thibaudet (el pianista francés). Yo quiero ser como Paula Robison (flautista de E.U.)”.

Ahora, lo que más ha valorado es la oportunidad de acercarse a los niños cartageneros. Ya tenía experiencia en ello, pues dicta talleres didácticos en Cundinamarca.

“Seguramente los niños tienen incrustada la champeta y otras cosas en el oído, pero escuchaban Debussy o la sonata para clarinete de Poulenc y estaban felices –dice–. Me dio mucha tristeza ver que algunos niños no pudieron entrar a una escuela en donde dimos un concierto, porque no tenían zapatos. Si hubiéramos sabido eso antes, los hubiéramos dejado entrar”.

''Ese día, un señor alto me acompañó en el piano: toqué y el tipo se volteó y me aplaudió (en las audiciones jamás se aplaude). Me dijeron ‘te aceptamos' Angélica Gámez cuenta cómo llegó al Festival de Música de Cartagena

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