TRAS LAS HUELLAS DE SAN NICOLÁS

TRAS LAS HUELLAS DE SAN NICOLÁS

El sí que tiene quien le escriba. Millones de cartas del mundo entero. Sueños y realidades impresas en esquelas y papeletas que con una desbordante ilusión llenan los pequeños del planeta. Solicitudes que se aferran a la huella milenaria de este personaje de barba blanca y cara de bonachón que, para algunos escépticos, nació de la pluma de algún creativo estadounidense, pero que según testimonios encontrados fue real y habitó en el planeta allá por el siglo III.

23 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

Su leyenda --como lo indican las enciclopedias y algunos libros religiosos-- se remonta a finales del siglo III, y se le debe al Santo Nicolás, que nació posiblemente en la antigua Myra o en Patara, Turquía, ambas regiones localizadas en el Asia Menor, hacia el año 271 y murió el 6 de diciembre del 342 o 343.

La región de Patara es hoy una ciudad convertida en ruinas y donde se encuentran los restos de un teatro tallado en la roca, murallas e iglesias cristianas, así como inscripciones griegas. La ciudad fue un epicentro marítimo de importancia, pero las arenas cegaron su puerto, que pertenecía a Licia; su fundación se debió a los dorios cretenses, quienes introdujeron en ella el culto de Apolo, que tuvo allí un santuario tan famoso como el Delfos.

Se sabe que durante algún tiempo vivió en Holanda, donde la tradición navideña es inherente al corazón de sus habitantes. Allí, por ejemplo, el 6 de diciembre San Nicolás arriba en caballo al puerto acompañado de veinte negros, quienes le ayudan a cargan los regalos que luego repartirá en la casa de los niños del poblado.

Los pequeños, en señal de gratitud, dejan bajo la chimenea una zanahoria para alimentar los caballos.

De sus hazañas y proezas mucho se ha escrito. Se dice que estuvo en la cárcel en tiempos del emperador Dioclesiano y que con ayuda del emperador Contastino, quedó en libertad para seguir pregonando su paz por el mundo.

Tras la muerte de San Nicolás, convertido en obispo (a quien también llaman San Nicolás de Bari, porque sus restos fueron trasladados a la iglesia de Bari en Italia en el siglo XI), sus historias se convirtieron en leyendas: se decía que calmaba las tempestades en el mar cuando los marineros lo invocaban, que las paredes de las prisiones se derrumbaban si las víctimas de la persecución se lo pedían.

Un regalo de Navidad Con el paso de los años, se convirtió en el patrono de los marineros, de los mercaderes y de los niños. El culto a este santo se esparció tan rápido por las ciudades costeras del Atlántico y del Mar del Norte, que durante los siglos XII y XIII los Países Bajos le construyeron 23 iglesias; Amsterdam, entre otras ciudades, lo adoptó como su protector y Roma decretó que el 6 de diciembre se celebraría su fiesta.

La adoración por San Nicolás se extendió por todo el planeta. En Francia y Alemania, se construyeron algo más de dos mil iglesias dedicadas a este santo y, con el paso de los años, se le fueron añadiendo algunas características: se dijo que volaba y que venía acompañado con los renos llamados Danzarín, Luminoso, Rodolfo, Fuego, Cometa, Rápido y Blixer.

Cómplice de los pobres, San Nicolás recorría por las noches sus diócesis, sobre todo en invierno, y dejaba en las cabañas de los más necesitados un paquete con algo de comer.

Dicen que una noche, echó por una chimenea tres bolsas de oro. Una de ellas, envuelta en una media, que quedó colgando antes de caer. Así nació esta legendaria costumbre.

Los libros cuentan que en alguna ocasión se encontró con una familia necesitada y miró a su alrededor y solo vio un árbol sin hojas ni flores. Se arrodilló y rogó a Dios; el árbol fue volviéndose verde y llenándose de frutos rojos.

Este enigmático personaje murió --al parecer-- en Licia, Distrito de la Costa Sur del Asia Menor; de este lugar se dice que sus habitantes más antiguos fueron dos pueblos llamados somiles y termilos , los cuales resistieron arduamente la colonización griega; Creso no pudo conquistarlos y los persas lo lograron con esfuerzo.

Allí, se conservan aún muchos monumentos, ruinas, edificios y restos arqueológicos que hablan del elevado nivel arquitectónico y cultural de los licios.

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