Recesión, estanflación y la continuidad del desarrollo

Recesión, estanflación y la continuidad del desarrollo

Impresiona observar, a través de su prensa, cómo se reacciona en Estados Unidos a cualquier descenso en la creación de empleo y, no digamos, al aumento del desempleo. Bastó que este subiera en diciembre al nivel del cinco por ciento y aquella arrojara precario resultado para que se acentuaran las alarmas sobre el peligro inminente de recesión y sobre la necesidad de conjurarlo, si no fuera ya demasiado tarde. De haberse presentado en Colombia, probablemente se habría tendido a justificarlo e incluso a celebrarlo como mal necesario para corregir o prevenir reveses aun peores.

10 de enero 2008 , 12:00 a.m.

No obstante esta circunstancia en la mayor economía del planeta, con obvia capacidad de repercutir en las demás aunque con diversa intensidad, subsisten los temores de inflación ante el alza del petróleo y de los alimentos, especialmente donde se echan de ver brotes de recalentamiento por causa de rápidos incrementos de la demanda, susceptibles de contrarrestarse mediante disposiciones de orden monetario. El riesgo grande es, sin embargo, que no se mire a las causas del problema y se pretenda resolverlo uniformemente a golpes de tasas de interés, renunciando a aplicar criterios selectivos, a tono con los orígenes y las áreas de la perturbación.

El resultado de semejante unilateralismo sería igual o parecido al del período anterior de precios del petróleo por las nubes, denunciado en la actualidad como el peor de los mundos por el premio Nobel de economía Joseph Stiglitz: la “estanflación”, o sea, la coexistencia paradójica de estancamiento e inflación. Una especie de regreso de esa época convulsionada, con las mismas dificultades y las mismas fórmulas. A las que Colombia se sustrajo en una gran bonanza cafetera negándose a aceptar el dogmatismo de turno y prefiriendo aplicar cuidadosa selectividad. Lo mismo se puede caer en franca y prolongada recesión que en la susodicha mixtura de ambas dolencias, pese a ser, en teoría, antídoto la una de la otra.

Se advierte que esta vez el bajón de la economía estadounidense, la mayor del planeta, no arrastrará al resto del mundo por la pujanza de algunos países emergentes, con India y China a la cabeza. Pero de algún modo afectará el ciclo económico, en particular de naciones como Colombia, a la de Estados Unidos estrechamente ligada.

Si su crisis hipotecaria causó tan severo impacto en diversas latitudes, no cabe esperar que su menor capacidad de compra, sus perturbaciones financieras y la mengua del valor del dólar no se reflejen en las economías en desarrollo y en las que a ese mercado destinan el grueso o la mayor parte de sus exportaciones. Falta por ver en qué medida Estados Unidos reduce sus tasas de interés y promueve el gasto de sus hogares; si logra evitar su recesión o la mitiga y si a cambio no incurre en fatídica estanflación.

Corresponde a Colombia tratar de minimizar las implicaciones de esta pasajera adversidad en el eje cíclico de su economía y de muchas más. Entre otras cosas, no precipitándose, como en 1999, a intrépidos tratamientos recesivos por el afán de combatir indiscriminadamente y a rajatabla la inflación. Preservando y fomentando las oportunidades de empleo e insistiendo en un crecimiento económico que multiplique los puestos de trabajo y esparza sus beneficios.

Salta a la vista que su mayor vulnerabilidad radica en el déficit creciente y muy cuantioso de sus cuentas externas, al cual tanto ha contribuido el espejismo de la revaluación de su moneda. Suicida sería ver en ella signo de solidez económica y, todavía más, prohijarla.

En general, prevalece la sensación de que el crecimiento económico colombiano se aminorará, pero se mantendrá en niveles más bien satisfactorios. Es menester proponerse que así sea y que el empleo continúe aumentando. No se olvide la lección de que el desarrollo es el nuevo nombre de la paz, ni se eche en saco roto la importancia de promover la convivencia democrática con políticas económicas y sociales que a tal objetivo apunten.

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