FF. AA.: un buen momento

FF. AA.: un buen momento

La captura de Carlos Mario Guarín, alias ‘Pablito’, veterano jefe del Eln, autor, entre otros crímenes, del asesinato de monseñor Emilio Jaramillo en Arauca en 1989, es una buena noticia para el país. Se trata de un golpe con una implicación positiva adicional: alias ‘Pablito’ era conocido por su dura oposición al proceso de paz entre ese grupo armado y el Gobierno, estancado desde hace algunos meses y que debe reanudarse en febrero.

10 de enero 2008 , 12:00 a. m.

Así como el año 2007 arrancó mal para las Fuerzas Armadas por cuenta de escándalos relacionados con falsos positivos, interceptaciones ilegales y versiones equivocadas sobre episodios de orden público, hay que decir que el panorama para el 2008 pinta mucho mejor. A las bajas de importantes jefes de las Farc, como el ‘negro Acacio’ y ‘Martín Caballero’, y las capturas posteriores de decenas de guerrilleros más, se sumaron otros logros, como el ya mencionado contra el Eln.

Pero este buen momento de las Fuerzas Armadas no solo está relacionado con operaciones antiguerrilla. También con la recuperación de la credibilidad de las distintas fuerzas que, el año pasado, estaba de capa caída. Los comunicados de cualquiera de los organismos de seguridad eran vistos con desconfianza, y los anuncios de golpes y capturas generaban dudas e interrogantes.

Varios episodios recientes contribuyeron a este cambio. Uno sustancial fue la confirmación, por parte de la Fiscalía, de que los 11 diputados del Valle del Cauca, secuestrados por las Farc en el 2002 y muertos el año pasado, no perdieron la vida por una imprudencia de las Fuerzas Armadas. Todos los indicios hallados por la Fiscalía apuntan a que, tal y como lo sostuvo el Ejército, cayeron asesinados por sus captores, quienes trataron de montar un escenario de los hechos en un sitio distinto del lugar donde se produjo el múltiple crimen.

Otro caso es el de Emmanuel. Cuando el 31 de diciembre las Farc aseguraron que, por operativos militares, no podían liberar a los tres secuestrados que se habían comprometido a entregar, el presidente Álvaro Uribe acogió los informes de inteligencia militar, negó la versión y lanzó la tesis de que el problema radicaba en que las Farc no tenían a Emmanuel. La confirmación, cuatro días después, de dicha versión fue un demoledor golpe a la credibilidad de las Farc y, de paso, fortaleció la de las Fuerzas Armadas, que, de otro modo, habrían sido acusadas de sabotear la liberación.

Es deseable que este buen momento de la Fuerza Pública se prolongue. Para ello, es fundamental no solo que los cuerpos militares y de Policía continúen sus éxitos operativos, sino que avancen en la consolidación de su credibilidad, absteniéndose de divulgar información no confirmada y madrugándoles a los problemas, como lo han hecho con la historia de las mujeres infiltradas. La guerra no se gana solo en el campo de batalla.

También en la comunicación, lo que exige un alto nivel de transparencia informativa, ponderación a la hora de los éxitos y franqueza en las malas horas.

editorial@eltiempo.com.co

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