OTRO GRAN FIASCO

OTRO GRAN FIASCO

Con frecuencia hay gente que sabiendo de nuestra gran preocupación por todo lo relacionado con la ecología, nos pregunta: Cómo va ese gravísimo problema? el ecológico; desafortunadamente, siempre nos toca responder: muy mal. En los últimos días, después de la muy esperada reunión de Cartagena, ya no decimos muy mal sino pésimamente, pues cuando era de esperarse que los países ricos o desarrollados concretarían su ayuda al pobre Tercer Mundo, donde están los ecosistemas claves para combatir los más graves e inmediatos problemas ambientales de la humanidad, como son la contaminación incalculable de la atmósfera, por obra y gracia de la industria, que en su mayor parte emplea combustibles fósiles, en las selvas de la zona tórrida en vía de desaparecer esas inmensas masas vegetales son las que merced a la función clorofílica, captan incalculable volumen del tóxico carbono, liberando el oxígeno vivificante. En esas florestas que día a día van cayendo bajo la devastadora motosierra produ

23 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

Mientras tanto, el drama ambiental sigue y se agudiza. Programas bien orientados, comenzando por el de frenar la explosión demográfica tercermundista y la batalla contra los otros dos factores de actuación antiecológica de nuestros pueblos, como son la pobreza y la ignorancia, cuya resultante es la de pauperación de la biodiversidad que en la cacareada y esperada Cumbre de Rio de Janeiro, no merecieron el interés y decidida voluntad de apoyarlas y eso que dichos dos aspectos el demográfico y el de la biodiversidad eran y son de una gravedad incuestionable.

Los anteriores considerandos hacían prever que la reunión de Cartagena sería otro gran fiasco, cual lo fue la Cumbre de Rio, porque en esas dos oportunidades lo más importante, lo fundamental y causa del deterioro ambiental del planeta, se soslayó y se relegó a un segundo plano. Pero fue peor el fiasco de la reunión en la Ciudad Heroica, pues la ayuda o mejor dicho lo indispensable para poder mirar el futuro ambiental con un poquito más de tranquilidad o sean los milloncejos de dólares una ínfima porción de lo que los ricos nos deben ambientalmente hablando no se vieron ni se han visto y posiblemente no se verán, porque los que llevan la batuta económica en el planeta siguen deslumbrados por el resplandor del oro, prefiriendo prestar para proyectos antiecológicos como la apertura del Tapón del Darién, que meterse generosamente la mano al dril para que a la Tierra no se la lleve el diablo.

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