El café que convirtió al periódico en un mural

El café que convirtió al periódico en un mural

REDACTORA DE EL TIEMPO El ritual de almuerzo de Roberto Pérez, un empleado del Distrito, empieza a la 1 de la tarde.

06 de enero 2008 , 12:00 a.m.

Entra por la puerta de vidrio del café Delicafessen, ubicado en la carrera Séptima con calle 12, y le dice a María Eugenia, la cajera: “lo de siempre por favor”.

Se sienta en la barra que está frente al mostrador con una ‘coca-cola’ y un pastel de carne. Le da la espalda a María Eugenia y, antes de dar el primer mordisco, su mirada se clava en la pared que tiene adelante.

En ese muro, forrado en paño color vinotinto, se despliega la página de deportes del diario EL TIEMPO, y Roberto se queda con el pastel en una mano y una servilleta en la otra, mientras lee sobre el dinero que le ofrece el Junior a Giovanni Hernández.

Esta pared, donde se ponen las noticias de deportes, de salud e internacionales, el horóscopo y la programación de los cines de varios periódicos, es uno de los ganchos con los que el café atrae clientes.

Darío Garavito, el administrador, asegura que mucha gente se va corriendo silla por silla hasta leer las cinco páginas que se exhiben todos los días.

“Incluso algunos llenan el crucigrama escribiendo en la pared”, afirma.

La página favorita de Roberto es la de deportes, porque todos los días llega a buscar noticias de su equipo del alma, el Deportivo Cali.

“Este café queda cerca de mi trabajo, y me gusta porque me entretengo leyendo mientras como. No me gusta mezclar el trabajo con la amistad, por eso siempre como solo”, dice Roberto.

Empezó con ‘tinto parado’ La estrategia de pegar el periódico como un mural lleva 12 años, casi lo mismo que el cafetín. Desde que Garavito pensó en poner un café se lo imaginó como un lugar de paso, en el que la gente se toma un tinto o se come un sánduche y se va.

De hecho, en un comienzo el lugar no tenía sillas. Solo estaba el mostrador y al frente la barrita que no tiene más de 40 centímetros de ancho. Por eso los empleados de la Fiscalía que lo visitaban le decían al sitio ‘tinto parado’.

Sin embargo, la apertura de nuevas tiendas de café lo obligaron a competir con sillas en la barra y en algunas mesas.

A Darío se le ocurrió la idea de poner algo para leer, porque un día vio que una de sus clientes recogió una página de periódico del suelo, y se la devoró antes que la empanada que había comprado.

Y poner las páginas en la pared le pareció práctico, para que la gente que pagaba en la caja desocupara rápidamente el mostrador, atraída por las noticias. “Además, si las páginas están en la pared a uno no le duele el cuello”, dice Aura de Castillo, una cliente ocasional que quedó atrapada por un artículo de salud.

Darío tiene que hacer todos los días, rápidamente, la selección de los artículos que va a exhibir, porque “a la hora que abro, a las 7 de la mañana, llegan clientes derechito a informarse”, cuenta.

Siempre pone las mismas secciones y evita los temas de política y de conflicto para mantener la tranquilidad de su negocio y para que no lo asocien con ninguna corriente ideológica.

Garavito recuerda que la noticia que más lectores ha tenido en 12 años es el ataque a las Torres Gemelas.

“Venía mucha gente y yo hasta puse unas fotos de las Torres, que había tomado cuando estuve en Nueva York”, cuenta.

La sección más leída siempre es la de deportes, pero los artículos de salud son los que la gente más le pide que se los regale. El ajedrez es otro gancho Oliverio Méndez, un contador jubilado visita el lugar de lunes a sábado.

Los domingos está cerrado.

Llega para entretenerse, jugando unas cuantas partidas de ajedrez en uno de los tres tableros que hay en el mostrador.

Y mientras llega Gerardo, Rodolfo, Benjamín, Fredy o el doctor Cadena, los contendores de Méndez, él se entretiene leyendo la secciones de ‘Hace 50 años’ y ‘Hace 25 años’.

En Delicaffesen se realizan dos torneos de ajedrez al año, en febrero y en octubre, y para estos, el entrenamiento se hace todo el año.

El periódico, el ajedrez y el tinto de mil pesos, preparado en una de las primeras máquinas Gaggia que llegaron a la ciudad, han hecho del cafetín el lugar preferido de abogados, pensionados y hasta actores.

Entre los distinguidos clientes han estado el penalista Antonio José Cancino y el ex ministro de agricultura Alfonso López. El actor Luis Fernando Orozco, que va al lugar 3 veces por semana, dice que lo frecuenta porque “aquí viene gente decente”.

vivpin@eltiempo.com.co .

Me gusta venir a este café porque me informo rápidamente mientras como.

Además la lectura es una buena compañía cuando uno almuerza solo”.

Roberto Pérez, cliente de Delicafessen

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