Innovación: promesas y peligros

Innovación: promesas y peligros

Arranquemos por lo evidente: Colombia, está muy rezagada, aún a escala regional, en materia de Ciencia, Tecnología e Innovación (CTI), área crítica para el desarrollo económico en el siglo XXI.

04 de enero 2008 , 12:00 a.m.

La CTI involucra desde la investigación científica pasando por el desarrollo tecnológico y terminando con la innovación empresarial, la cual incluye la introducción a un mercado relevante de nuevos productos, procesos, formas de comercialización o de organización.

Hay dos modelos para responder a la pregunta de cómo hacer para mejorar nuestro desempeño en CTI: el primer modelo es lo que podríamos llamar ‘desde la oferta’, que en su versión más extrema era la que se practicaba en la antigua Unión Soviética.

Este modelo se inicia con una fuerte inversión del Estado en la creación de capacidades científicas, que con el tiempo (muchas veces después de varias décadas) abre la posibilidad de madurar desarrollos tecnológicos que potencialmente pueden ser convertidos en innovaciones productivas.

El otro modelo es lo que podríamos llamar ‘desde la demanda’, como el que ha practicado Irlanda en los últimos 25 años y que va en la dirección opuesta.

En este caso, se comienza por incentivar innovaciones productivas, a través del fomento al emprendimiento doméstico de base tecnológica, al tiempo que se aprovechan los adelantos tecnológicos ocurridos en el mundo, a través de la atracción masiva de inversión extranjera de alto valor agregado y la atracción de investigadores nacionales y extranjeros a centros locales de investigación.

Obviamente, para que el esquema sea exitoso se requiere crear la oferta de capacidades científicas y tecnológicas que se van necesitando.

La evidencia empírica muestra que ‘el estilo irlandés’ de trabajar desde la demanda es mucho más efectivo. Más aún, es crítico en países de bajo nivel de desarrollo tecnológico. Dos ejemplos: Irlanda invierte en investigación y desarrollo el 1,13 por ciento de su PIB, de los cuales solo 0,22 corresponden a gasto público.

Brasil, por su parte, invierte el 1,04 por ciento del PIB, pero la mayoría (0,58) corresponde a fondos públicos. Esto incide en que Brasil tenga un ingreso per cápita de US$5.700, mientras que el de Irlanda es ocho veces más, 44.500 dólares. Un segundo ejemplo, Brasil tiene más artículos en publicaciones científicas que Corea del Sur, pero apenas el 5 por ciento de las patentes coreanas. Es decir, de invenciones con aplicación industrial.

En concreto, la innovación productiva requiere de emprendedores, financiadores y generadores de conocimiento. En cuanto al emprendimiento, hay que lograr un cambio cultural desde las universidades que fomente la toma de riesgos y la creación de empresas entre los estudiantes e investigadores, así como un marco regulatorio que no ahogue con cargas a los empresarios durante los primeros años de consolidación de la aventura empresarial.

En cuanto al capital de riesgo, lo que el Estado tiene que hacer es solucionar fallas de coordinación, más que transferir rentas, cuyo alcance será siempre muy limitado. Es decir, tiene que conectar a inversionistas nacionales y extranjeros con los emprendedores, así como promover el marco regulatorio con incentivos (normalmente tributarios) y reglas de juego claras de entrada y salida, que dé garantías tanto a los inversionistas como a los empresarios.

Finalmente, necesitamos contar con el recurso humano que brinde la posibilidad de traducir conocimientos en innovaciones productivas.

En este caso es esencial darle un impulso al estudio de las ingenierías y de las ciencias básicas, asegurándose que los universitarios tengan contacto con investigación aplicada lo más relevante posible a las realidades de las empresas colombianas.

Si de lo que se trata es de convertir a la CTI en motor de prosperidad colectiva y no en un obstáculo para la misma, poner el énfasis en la inversión privada es clave.

En este sentido, más que un ministerio, se requiere que Colciencias, con los recursos requeridos, apalanque fondos del sector privado e incentive la adopción de los riesgos que implica la actividad innovadora.

Habrá que estar atentos para que los necesarios esfuerzos que el país haga en la materia no se conviertan en más del ‘deporte nacional’ que impide lograr mayores niveles de desarrollo: la captura de rentas públicas.

'' Si de lo que se trata es de convertir a la CTI en motor de prosperidad colectiva y no en un obstáculo para la misma, poner el énfasis en la inversión privada es clave”.

'' Necesitamos contar con el recurso humano que brinde la posibilidad de traducir conocimientos en innovaciones productivas”.

Javier Gamboa Benavides. Vicepresidente Ejecutivo, Consejo Privado de Competitividad

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