LA ENFERMEDAD ROJIVERDE

LA ENFERMEDAD ROJIVERDE

Son como un síntoma de que la epidemia de la Navidad está cerca. Aparecen como las manchas de la viruela, primero algunas en sitios específicos y luego, de la noche a la mañana, los almacenes navideños invaden la capital, haciendo imposible esquivarlos, aunque se quisiera. Pero es que son difíciles de ignorar. Algunos son lugares improvisados, hechos en los garajes de las casas humildes y decorados con luces brillantes y música aguda, mientras que otros están montados con todas las de la ley en gigantescos y costosos locales del norte de la ciudad.

22 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

Sin embargo, lo que los hace irresistibles no es el encanto de sus atrayentes luces y sus insistentes villancicos. Es, simplemente, que cada uno de ellos, esté donde esté, encierra la magia de la Navidad.

Detrás de sus puertas, todo puede suceder. Mientras Papá y Mamá Noel roncan bajo una sábana de retazos esperando que sea hora de repartir los regalos, los duendes del mágico taller de juguetes esquían en una sofisticada pista en miniatura, que no tiene nada que envidiarle a las de los Alpes Suizos.

Pero a la hora de trabajar, no hay quien les gane a los divertidos ayudantes de Santa Claus. Junto a los árboles de Navidad, obligatorios en este tipo de almacenes, descansan cientos de regalos adornados con magníficos moños de colores y finos papeles.

Y aunque sea imposible averiguar el contenido de tantas cajas, es fácil imaginarse osos de peluche, juguetes de pilas y todo tipo de objetos maravillosos, debajo de un árbol similar, esperando que llegue el 24.

Dentro de estos almacenes, muchos de los cuales solo se engalanan para Navidad, todo se vuelve rojo, verde y blanco. Las flores de colores estridentes se cambian por la Poinsetia o flor navideña, cuyos vistosos pétalos rojos son el símbolo de estas fiestas.

Lencería, vajillas, comida, juguetes, adornos e incluso ropa, todo comienza a girar en torno a la Navidad y los almacenes especializados son los primeros en vender la idea de redecorar la casa para la época decembrina.

El negocio comienza desde septiembre y, aunque muchos duran hasta enero, la mayoría de los recintos que venden artículos navideños cierran hacia el 24.

Es que la mejor época del negocio ya pasó , afirma uno de los dueños de un improvisado local en la calle 53 con carrera 17, donde se encuentran muchos de los mágicos lugares.

Sin embargo, estas sucursales de la Navidad están por todas partes. Desde Chía hasta el sur, pasando por centros comerciales, importantes avenidas y anónimas callejuelas y, para darse a conocer, ponen vallas y pancartas por toda la ciudad.

Es entonces cuando la guerra entre los locales ya deja de ser un asunto de interiores para convertirse en una batalla por la decoración. Desde la valla más simpática hasta la más hermosa vitrina, pasando por los originales nombres, todo se vale.

Así, Santa s Shop, Christmas Market y Popete & Co. compiten con los más entendibles nombres de Rojo y Verde, Pasatiempos Navidad, Supermercado Navideño y El Monasterio.

Otros tienen nombres de arte, porque fuera de la Navidad dan clases de cerámica o son centros de decoración, que se visten de colores navideños para esta época del año.

Sin embargo, estos son de los pocos que tienen definido su destino. En enero, las antiguas tiendas llenas de magia y color, donde Papá Noel y su séquito se divertían a sus anchas entre juguetes, villancicos y luces de colores, serán cientos de cosas diversas, que no tienen ninguna relación con un taller del Polo Norte.

Ferreterías, supermercados, floristerías, almacenes de muebles, garajes o simplemente tristes locales vacíos ocuparán el alegre puesto de los almacenes temporales.

Mientras tanto, en oscuros depósitos descansarán durante todo el año las instalaciones de colores que tienen 17 melodías diferentes, las estrellas que se prenden y apagan, las muñecas que se mueven disfrazadas de ángeles sosteniendo una vela en la mano, los ratones de la época victoriana, con anteojos pequeños y trajes rojos y los Papás Noel con renos y todo.

Y todos estos personajes, sumados a los árboles, las luces, las bombas navideñas, los tapetes rojos y verdes, la decoración y los coros de muñecos cantando villancicos, aparecerán nuevamente el año entrante, como por arte de magia o como una prueba irrefutable de que la epidemia de la Navidad es un hermoso mal del que sufre la humanidad cada año, por esta época.

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