EL EMBARAZO DE SER PAPÁ

EL EMBARAZO DE SER PAPÁ

Profesé por mi padre toda su vida y más aún después de muerto y sepulto, una veneración desmedida que se tradujo en una racha de poemas que aún no acaba y que tal vez derive en novela. Debo dejar sentado que me dio fuete todos los días de mi infancia y agudos coscorrones que afectaron mi inteligencia, como bien puede colegirse. Además que de él heredé sus vestidos, su calvicie y el apellido que ni siquiera me pongo.

17 de junio 1996 , 12:00 a.m.

Cuando llegaba de la escuela con un ojo negro que me habría puesto Víctor Mario, o con una suela de zapato zafada por jugar fútbol con la barra, o con un arañazo en la cara por el encuentro con la novia, o con dinero en el bolsillo que quién sabe cómo entraría, o con el libro desforrado o un manchón de tinta en los dedos, allí estaba papá detrás del contra portón, la correa de dos vueltas sobre la palma, esperando mis zancas piernipeludas. Yo brincaba y corría recibiendo los latigazos en busca del regazo defensor de la abuela, pero ella solo intercedía cuando se me cristalizaban las lágrimas. Yo no pedí nacer berreaba a mi padre, pero no por eso me voy a dejar joder . Y juáquete, que como una víbora un más violento correazo se enrrollaba en mi pierna de goleador. desde entonces también detesto el fútbol.

El caso es que desde que tengo memoria profeso una aversión infinita hacia la paternidad. Mis fértiles amigas han tenido que pagar el pato y la comadrona para evitar que me riqgue sobre la tierra con simiente apellido. Nunca tuve el tacto social de acunar a un recién nacido, así fuera de mi padrino, de mi jefe o bebé probeta. Pensaba que se desgelatinizaría entre mis brazos.

Y lo pero es que esa aversión a la paternidad cobija a toda clase de padres menos al mío. Desde nuestros primeros padres, vagos paradisiales que por intemperancia nos condenaron a la reproducción en cadena con el sudor de la frente y el dolor de barriga. Los padres de la Iglesia, que con su patrística en ristre condujeron a la parrilla a tantos sabios imberbes y a tantos íncubos precoces. Los padres de la patria, que se amamantan de sus ubres nutricias, como se dice en el argot de los ordeñadores. El mismo Padre Eterno o sea la primera persona de esa Santísima Trinidad que ni yo comprendo. Y por allí mismo el Santo Padre, que por lo menos no se casa, y el Telepadre, que lo pone a uno a dormir al minuto flat.

Hay algo más grave que el matrimonio y es la paternidad que es su objeto. Ese paso que da el hombre al fecundar un vientre para que reviente en criatura. Se habla de la paternidad responsable, pero no hay nada más irresponsable que la paternidad, aún con el suministro de estabilidad y bombeo de nutrientes. Encargar nuevos hijos a estos valles de lágrimas y de sangre y de sida, generación para la muerte, es una muestra del despiadado corazón del hombre contemporáneo. Es la venganza por su resbalón en la vida, el tatequieto a la señora, la justificación de su insuficiencia, la esperanza de que termine lo que ni siquiera empezó.

Sabemos de padres que reciben de brazos de la enfermera y es su carga toda la vida, hijos de otro pelamen ya sea de amigo o de enemigo, por obra de esas jugarretas del amor y de la inconstancia que tan buenas novelas dieron en el siglo pasado y antepasado, cuando los escritores eran más observadores y menos permisivos que nuestros actuales congéneres.

Los padres no saben qué engrendran. Pero sea santo o criminal la criatura, es una lotería que le hace el juego a la vigente especie humana en feliz vía de extinción. La especie superhumana pide pista, y en vez de perpetuar el fracaso del homínido ignominioso, debiéramos prepara el camino del hombre nuevo tantas veces postergado, con un nivel mayor de conciencia y un suplemento de fuerza.

Cuando murió el padre del poeta X-504, le escribí una carta de condolencia con un par de párrafos inocentes que el Poe destacaría después en el ideario bastardo del nadaísmo: Qué problema los padres. Ellos lo traen a uno a la vida y uno los saca del mundo. Uno no debería ser hijo de su padre sino de su peor enemigo . Vivíamos el momento de nuestra lucha generacional. Sin embargo los nadaístas fuimos de los más buenos hijos, así sus padres expulsaran de la casa a la mayoría.

Claro que considero también insufribles los términos filosófico-despectivos del empingorotado Conde de Keyserling, cuando dio a luz esta perla: En cuanto a la procreación, nuestros criados pueden hacerlo por nosotros . De estar de acuerdo, habría tenido que ejercer de semental en esta parodia.

Nada hay más abominable que la paternidad. Es más, abomino de la paternidad esta frase. Es más, dentro de poco voy a abominar de mí mismo.

N. de la D. Jotamario va a ser padre en pocos meses.

(EL TIEMPO. Agosto 10 de 1989).

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.