POLVORÍN LEGISLATIVO

POLVORÍN LEGISLATIVO

La Comisión Electoral, que anunció ayer oficialmente que la nueva Constitución rusa fue aprobada en el referendo del 12 de diciembre, dio el viernes datos casi completos sobre la composición del nuevo Parlamento, los cuales permiten hacerse a la idea de que será un barril de pólvora. Según los cálculos más optimistas, el Parlamento ruso quedaría, en el mejor de los casos, dividido en tres alas.

21 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

Los que aquí se llaman demócratas sumarían, reuniendo a los diputados del partido oficial Opción de Rusia, de su primo hermano Unidad y Concordia, de los ministros Shajrai y Shojin, del economista reformador Grigori Yavlinski, y los escasos cinco escaños que logró el movimiento del alcalde de San Petersburgo, Sovchak, alrededor de 126 votos.

Los comunistas y su gemelo Partido Agrario, unidos con el Partido Democrático, la Unión Cívica, las Mujeres de Rusia y algunos diputados de otros grupos llegarían casi a la misma cifra.

Zhirinovski, con casi 70 diputados quedaría convertido en el árbitro de cualquier decisión, apoyando a uno y otro bando.

Si en el anterior Parlamento, el conflicto era entre el Gobierno y la oposición conservadora, en este no sólo se mantiene sino que se le añade el traumático elemento de la extrema derecha.

Los diputados independientes, que Opción de Rusia reclama mayoritariamente para sí, pueden inclinarse más bien hacia la oposición.

Según la lista oficial de elegidos, de los 130 independientes hay apenas 21 que Opción de Rusia llamó a apoyar antes de la elección. Los demás compitieron expresamente con sus candidatos y a menudo con todos los demócratas .

Y entre esos independientes hay un montón de viejas caras: Lukianov, el ex jefe del Parlamento de la URSS; Nevzorov y Baburin, nacionalistas feroces; una buena treintena de ex diputados del disuelto Parlamento.

Lo esencial Voces oficiales cada día más numerosas aseveran que lo esencial es la nueva Constitución. Ayer la Comisión Electoral confirmó que de los 106.1 millones de electores votó el 54.8 por ciento (58.1 millones), con lo cual el referendo, que requería una participación mínima del 50 por ciento del electorado, es válido.

A favor de la nueva ley fundamental se pronunciaron 32.9 millones, la mayoría de los votantes. Y aunque apenas son el 34.9 por ciento del electorado, según la reglamentación electoral promulgada por decreto por Yeltsin, bastan para aprobar la Constitución.

Según ella, el poder del Parlamento es muy limitado y el del presidente amplísimo. No importa, dicen los de Opción de Rusia, que el legislativo sea conflictivo: el presidente garantiza la prolongación de la reforma.

El problema es que entre los pocos poderes que tiene la Cámara Baja está el de redactar las leyes y aprobarlas en primera vuelta.

Con las tres facciones enemigas en que queda dividida, difícilmente logre incluso hacer lo primero. Y a Yeltzin le tocará entonces proseguir con el tránsito al capitalismo a decretazo cantante.

Aún no está claro qué va a hacer el Presidente. Que puede hacer lo que quiera, por ahora, es obvio. La Constitucion se lo permite.

El problema es que si bastaron dos años de terapia de choque y métodos de gobierno que recuerdan los tiempos del partido único para que millones de rusos vieran a un fascista como alternativa, un año más de lo mismo puede deparar sorpresas mucho más trágicas que los sangrientos choques de octubre.

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