...EN CUMARAL META, UN CACHITO INOFENSIVO

...EN CUMARAL META, UN CACHITO INOFENSIVO

No alcanza a ser un chiste, pero sí está basado en la narrativa y tiene elementos humorísticos. Es el cacho , una tradición llanera que se inició en los primeros hatos ganaderos de Colombia y Venezuela, gracias a la facilidad de los ancianos de la región para contar historias, leyendas, anécdotas y chascos de la vida cotidiana de los vaqueros. El cacho nació con los llaneros y con su tradición oral. Nació del mismo acontecer diario, de la imaginación, del deseo de sentirse héroe, de la necesidad de hacer agradables las largas faenas arriando ganado a través de la llanura.

20 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

Con un cacho se puede pintar un paisaje llanero o describir un aspecto de la forma de ser del hombre recio, utilizando pinceladas de humor, picardía, gracia y expresión corporal.

Cuentan los historiadores y estudiosos del folclor llanero, como Héctor Paul Vanegas, que los viejos se reunían en los hatos o fincas, después de la jornada de trabajo, con la familia, vecinos y peones, para hacer rondas de cachos . Se dice que a los mejores contadores se les premiaba con una buena comida y una generosa jarra de licor.

Con la aculturización que ha sufrido gran parte del territorio ganadero, a raíz de la llegada de colonos y forasteros de todas las regiones del país, esta tradición del cacho ha ido perdiendo espacio y se fueron apagando sus cultores. Pero no ocurrió lo mismo con el contrapunteo o enfrentamiento de dos o varios copleros, la música, la danza y otros elementos propios de la cultura llanera.

...en átomos volando Para uno de los mejores contadores de cachos de Venezuela, Eimer Escalona, joven estudiante de agronomía, esta modalidad ha tendido a desaparecer, porque no da tanta fama o dinero como la música o la copla.

Dice también que la estructura de este género narrativo ha ido cambiando con el tiempo, hasta convertirse casi en un chiste. Pero todavía no es chiste, porque le faltan algunos elementos de esta modalidad. Sin embargo, el cuentacachos debe ser un buen narrador, con mucho sentido del humor y dotes para la actuación, ya que debe valerse de la expresión corporal para enriquecer su obra.

La jerga o lenguaje propio del llanero, los personajes regionales y las costumbres autóctonas son otros ingredientes que se deben agregar a una historia o anécdota para convertirla en un buen cacho , según Yesid Fernández, un cachero araucano.

Los cachos se caracterizan por no ser tan extensos, y ser reales, imaginarios o una mezcla de los dos. Además, pueden acompañarse de algún instrumento típico del llano, como el arpa, el cuatro o las maracas, o simplemente no valerse de ellos.

Uno de los cachos más cortos y conocidos en el llano colombiano es el que cuenta Yesid Fernández: Un campesino que se va de pesca y siempre lleva como compañero un burro enjalmado, que además le sirve para cargar el pescado que logra sacar.

Este pescador acostumbra utilizar para su labor varios tacos de dinamita y un gran racimo de plátano para alborotar el hambre de los pescados. El campesino llanero se cuadra a la orilla del charco, comienza a picar el plátano en trozos pequeños que arroja al agua, para congregar a sus futuras víctimas. Pero antes de picarlo, lo pela y lanza la cáscara hacia atrás, donde el burro está presto a tragársela.

En una ocasión en que el campesino no llevaba suficientes plátanos ocurrió algo terrible. Luego de acabar de pelar los pocos plátanos que tenía, el campesino se percató de que el burro había quedado hambriado ; se dispuso a lanzar el taco de dinamita al agua y al levantar el brazo para botarlo, el burro creyó que era otra cáscara y le lanzó un mordisco a la mano del pescador. Al darse cuenta de que el burro tenía la dinamita en la jeta, el campesino se lanzó al agua. En la profundidad del charco se alcanzó a oír una explosión, y al sacar la cabeza para respirar, le cayó al pescador un pedazo de cuero y de enjalma en la cabeza... El burro había volado en mil pedazos .

Y se llevaron al musiú Antes de que subiera al escenario a concursar en uno de los festivales de cachistas en Cumaral (Meta), Eimer Escalona nos contó un cacho de Portuguesa, en Venezuela, su región natal.

Informalmente, pero con su inconfundible acento de llanero venezolano, que transforma la h en j y que habla cantao , comenzó su narración.

Se encontraron tres cuatreros en el pueblo, luego de haber realizado sus fechorías. Con ellos se topó musiú (extranjero que no habla bien el español), quien había llegado del campo de cazar conejos. Cuando se encontraban los cuatro, llegó la Guardia Nacional que andaba buscando a los cuatreros. Al aprehender a los dos primeros ladrones de ganado, estos confesaron que habían estado hurtando algunas reses, y se los llevaron detenidos. Al tercero le preguntaron los policías: Usted dónde estaba? . A lo que respondió: Yo estaba cazando (por decir robando) con ellos , y también se lo llevaron.

Cuando le tocó el turno al musiú , la Guardia le dijo: y usted? , y el extranjero, que no tenía una buena pronunciación, respondió: Yo estaba cazando conellos (por decir conejos), y entonces los policías se lo llevaron para la chirola (cárcel), junto con los cuatreros .

Revivir el cacho Anoche culminó en Cumaral (Meta) el Tercer Festival Internacional del Cacho, certamen que se realiza con el propósito de revivir esta vieja y autóctona tradición llanera. Al cierre de esta edición, los finalistas en la modalidad de cuentacachos eran dos colombianos y dos venezolanos.

Por Venezuela, Eimer Escalona e Iván Herrera, mientras que por nuestro país clasificaron Yesid Fernández, del Meta, y Jorge Eliécer Silva, del Vichada.

Entre tanto, en el concurso de voz recia masculina clasificaron por Venezuela Carlos Guevara, Yurma González y Eyeima Castrillo. Por Colombia, Edgar Espinosa, Juan Hurtado, Leidy Lara y Nancy Guevara.

Al tiempo con el festival, se realizó también el Primer Torneo Internacional de Toros Coleados, con la participación de coleadores de Arauca, Casanare, Meta y varios estados venezolanos. Los ganadores en cada una de estas modalidades recibieron el trofeo tradicional del festival, el Cumare de Oro , y 500.000 pesos en efectivo, según Primo Mosquera Mosquera, alcalde de ese municipio.

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