RODEAR AL ALCALDE

RODEAR AL ALCALDE

Señor Director: Quiero destacar la crítica constructiva que EL TIEMPO ha utilizado para el análisis de los problemas que aquejan hoy a los habitantes de Bogotá, lo que ha contribuido a que la Administración y el Concejo Distrital asuman decisiones inaplazables que buscan solucionar problemas tales como la acumulación de basuras, la inseguridad, la ejecución de la malla vial, el insuficiente servicio de transporte masivo, la congestión del tráfico vehicular, los paros cívicos, el pésimo estado de las vías, la invasión del espacio público, el desempleo y la contaminación del medio ambiente.

21 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

Pero también es indudable que Bogotá se rezagó en su desarrollo. Sus gobernantes se dedicaron a administrar el statu quo . Hoy la ciudad carece de infraestructura, indispensable para encarar la apertura económica y la modernización del Estado, que han sido acciones centrales del buen gobierno del presidente Gaviria. Inversiones eficientes en la construcción del Metro, en construir una vía más rápida que vincule a Bogotá con los Llanos Orientales, en la ampliación y mantenimiento de las vías terrestres a las dos costas y a las fronteras, en telecomunicaciones, en la segunda pista del aeropuerto Eldorado y en la construcción de la zona franca, son prioritarias. Para ello es necesario vincular al presupuesto de la Nación con el futuro del Distrito Capital.

Al análisis de estos problemas y a encontrarles soluciones eficientes, debemos dedicarnos quienes de una u otra manera estamos interesados en recuperar para la ciudad el buen nivel de calidad de vida a que estábamos acostumbrados. Y en ubicarla en urbe líder del saludable proceso de internacionalización que vive colombia, no solo por los convenios de integración económica que ha suscrito sino porque la eficiencia y competencia se imponen en las relaciones internacionales del mundo de hoy.

Por ello, además de coincidir con el editorial de EL TIEMPO de ayer, de que debemos rodear al Alcalde Jaime Castro para cooperarle en los planes que él podría cumplir en lo que resta de su Gobierno, pienso que los habitantes del Distrito Capital deben empezar a pensar en las calidades y cualidades que debe reunir su sucesor.

En el caso de la colectividad a la que pertenezco es indudable que la consulta popular, consagrada en la nueva carta fundamental, es el mejor y más transparente y procedimiento para que la opinión participe, en forma abierta y directa, desvinculada de presiones políticas, en un riguroso examen de las hojas de vida y de la trayectoria profesional al servicio del Estado y del sector privado, de quienes aspiren a llevar la honrosa responsabilidad de ser el candidato del liberalismo en la elección del Alcalde Mayor de nuestra Capital el 30 de octubre de 1994.

Si la consulta popular tiene lugar como parece ser la decisión de las directivas del partido liberal el próximo 8 de mayo, coincidiendo con la realización de la primera vuelta presidencial, conviene expedir unas reglas de juego en enero próximo, cerrando inscripciones de precandidatos días después de las elecciones del 13 de marzo, fecha en la que se elegirán nuevos Senadores y Representantes para el período 1994-1998 y se escogerá el candidato único del Liberalismo a la Presidencia de la República para el mismo período.

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