SALARIO MÍNIMO

SALARIO MÍNIMO

Como ocurre tradicionalmente en el mes de diciembre, la discusión de esta semana es la del ajuste del salario mínimo que deberá entrar en vigencia a partir del próximo 1o. de enero. Sin embargo, a diferencia de lo sucedido en el pasado, en esta oportunidad el tema ha adquirido tal importancia por su impacto sobre la evolución de toda la economía en el corto y mediano plazo, que lo más probable es que cualquiera sea la cifra final del aumento del mínimo las partes envueltas en el proceso Gobierno, trabajadores y gremios no dejarán de mostrar su descontento con el resultado. El ajuste del salario mínimo es mucho más difícil y complejo en esta ocasión por las nuevas condiciones del entorno económico, por la existencia de un banco central autónomo e independiente, que tiene como responsabilidad principal la disminución de la inflación, por el incremento de los costos laborales como consecuencia de la Ley de Seguridad Social y, naturalmente, por ser 1994 año de elecciones y de cambio de

20 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

Sin duda el hecho de que la economía sea en la actualidad una economía abierta al comercio y a los capitales, ha creado circunstancias diferentes de las del pasado por cuanto la exigencia de competir internacionalmente se volvió prioritaria. Reducir la inflación debe ser, entonces, el objetivo central de la política económica. Pero la baja de la inflación no puede lograrse a costa de revaluar más la tasa de cambio, porque ello implicaría asestar un golpe de muerte a la producción de los sectores que exportan y de aquellos que compiten directamente con las importaciones, lo cual, de paso, aumentaría de manera dramática el desempleo. De hecho, la remuneración mínima en términos de dólares se ha incrementado con la sola revaluación de la tasa de cambio que ha tenido lugar en los últimos dos años, de tal manera que, a nivel internacional, la mano de obra colombiana dejó de ser barata .

Así las cosas, el ajuste del salario mínimo no es una medida accesoria o marginal dentro de todo el conjunto de la política económica sino que, por el contrario está en su centro: juega con las metas de inflación y empleo, con el manejo de la tasa de cambio, con el comportamiento de las finanzas del Gobierno, y con la evolución de la productividad en la industria y la agricultura. Por eso, como lo ha escrito el director de Fedesarrollo, un ajuste excesivo del salario mínimo obligaría al Banco de la República a revaluar aún más, y al Gobierno a recortar el gasto público... Como resultado, se evitaría acelerar la inflación, pero las pérdidas de todos los grupos aumentarían y las ganancias de los asalariados quedarían completamente contrarrestadas por aumentos del desempleo .

Comprender a cabalidad las implicaciones de un ajuste excesivo del salario mínimo no es fácil. Es obvio pensar que el salario debe mantenerse en términos reales para que los asalariados no disminuyan su poder de compra y que las centrales obreras busquen esto como su meta prioritaria. A nivel de las distintas empresas se desea, así mismo, remunerar dentro de los parámetros del mercado laboral para evitar que sus trabajadores se desplacen hacia donde se les ofrecen mejores condiciones. De otro lado, en sectores como el financiero o el de los cementos, por ejemplo, las negociaciones colectivas han determinado ya aumentos del orden del 26 por ciento para 1994. Con todo, para fijar el salario mínimo, que no es más que eso, una pauta mínima, debe contemplarse el panorama económico en su conjunto, y, sobre todo, el escenario futuro de inflación y competitividad externa más que el comportamiento pasado de los precios, por cuanto eso perpetuaría en el tiempo ritmos de inflación superiores al 20 por ciento anual. Lo cual no contribuye a mejorar el bienestar de toda la sociedad.

Por lo anterior, estamos de acuerdo con quienes consideran que las negociaciones del salario mínimo serían más fructíferas si hubiera suficiente claridad sobre los objetivos de las políticas económicas, algo que, infortunadamente no se ha logrado en esta oportunidad. Porque una cosa es concertar un ajuste cuando todas las partes saben para dónde van y otra hacerlo con propósitos disímiles y un poco a ciegas.

En estas condiciones, lo único que se puede hacer es un llamado a la cordura y a que, en un ambiente de cordialidad y con la participación de las centrales obreras las partes expongan sus posiciones y sus criterios. Si eso se obtiene en las sesiones del Consejo Nacional Laboral se habría avanzado en la dirección correcta, así el Gobierno termine por establecer por decreto el aumento del salario mínimo para 1994.

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