A MÍ NO ME ESPANTA MICKEY MOUSE

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No apto para pesimistas -Temo que hayamos llegado a un punto de la historia en el que por primera vez somos capaces de asegurar la muerte del género humano y la muerte de la naturaleza. Es aterradora la capacidad de autodestrucción del hombre. En la agenda del siglo XXI debe estar, en primerísimo lugar, la salvación del planeta. Hay que evitar el genocidio, los problemas de la capa de ozono, la destrucción de los pulmones de la tierra, la deforestación, la aridez, la polución... Para esto se necesita asumir la crisis con mentalidad pesimista, en el buen sentido de la palabra. Yo entiendo al pesimista como un optimista bien informado, y no en el sentido en el que lo concebía Oscar Wilde. Para él, un pesimista era aquel que ante dos males se quedaba con ambos. El fantasma de Pancho Villa -La cultura norteamericana se ha vuelto tan comercial, tan superficial, y se ha puesto tan de moda, que se ha internacionalizado hasta el punto de perder su identidad. Nuestra cultura es infinitamente má

19 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

La Thatcher contra la pared -La lucha anticomunista ocultó muchos de los problemas graves del capitalismo. Pero ahora que ha perdido énfasis el enfrentamiento maniqueo entre las potencias, los errores han salido a la luz, y han generado una busqueda de nuevas opciones. Ya entramos en el poscapitalismo. En la agenda de los próximos años tenemos que corregir los defectos de ese capitalismo puro que profesaron Margareth Thatcher y Ronald Reagan; esa política cruel que no tuvo en cuenta que era aplicada en países donde buena parte de la población estaba marginada y vivía en la pobreza. El Estado que pasó de moda -La división tradicional entre el Estado y la iniciativa privada está pasando de moda. Para el siglo XXI es indispensable que el Estado, la empresa privada y las organizaciones no gubernamentales trabajen en llave y se conviertan en componentes activos de una comunidad que, al tiempo de luchar por dar impulso a la salud y a la educación, de crear empleo y de generar una industria competitiva, trabaje en conjunto en favor de los derechos humanos, de la ecología, de las minorías, de los homosexuales, de los ancianos... La deuda externa es otro cuento -Está bien esa tendencia en alza de la privatización, porque disminuye el poder soberano del Estado. Sin embargo, hay que ver a dónde va a parar el dinero de la privatización: si se gasta en pagar la deuda externa, se está cometiendo una gran tontería. Lo ideal es que se lleve a la base productiva de la nación. Pero este proceso no es nada fácil, sobre todo si se trata de países como México, donde el Estado es tan autoritario, que su capacidad de imponer decisiones es una costumbre muy arraigada y difícil de cambiar. El medio es el mensaje -En el cambio de las sociedades latinoamericanas los medios de comunicación juegan un papel vital. Pero en muchos de nuestros países la situación actual es deplorable. En México, por ejemplo, el medio más influyente es la televisión, en la cual el monopolio de Televisa es dramático, pues excluye cualquier posibilidad de una auténtica competencia y niega el pluralismo de la información: nunca se ve en la pantalla a los personeros de la oposición; y si se los ve, es solo en esas horas en las que únicamente los duendes andan sueltos. Pero la lucha por lograr un periodismo independiente es cada día más fuerte, y ya se empiezan a ver algunos buenos frutos. Los novelistas no son curas -La literatura también juega un papel indiscutible en los retos que se están planteando para el próximo siglo. Pero su función no es la de convertirse en una tribuna desde la cual se despachan sermones. Lo suyo es, ante todo, la estética. Su misión primordial es mantener la vitalidad de la imaginación y la comunicabilidad del lenguaje. En América Latina, sin duda, todos seríamos mucho más pobres sin el lenguaje que nos dieron Borges, Neruda y García Márquez. De lo que ya nadie habla -De las categorías de marras en la literatura ya nadie se ocupa. Ya no se habla de realismo y de fantasía, ni de literatura comprometida y del arte por el arte. El cuento del realismo, por ejemplo, ya no desvela, porque, finalmente, todo es real. Un escritor crea y aporta algo nuevo que la realidad no tenía. El escritor sabe que se basa en lo real, pero, con su obra, le añade algo nuevo a la realidad. La literatura no ha muerto -Los que estamos en el oficio de escribir desde hace rato en mi caso, desde fines de los 50 sabemos que el principal soporte de la literatura latinoamericana han sido los lectores jóvenes: aquellos que están entre los 15 y los 25, y compran una buena antología o una novela de largo aliento como parte de su proceso de ascenso en la sociedad. Pero luego de una década perdida, luego del descenso del poder adquisitivo, y ante una crisis que obligó a muchos jóvenes a cambiar la universidad por el trabajo por cualquier trabajo, en esa lucha por sobrevivir, por ganarse la vida y mantener a la familia la caída de los lectores se hizo evidente, y con ella la crisis de la circulación de los buenos libros dentro del continente. Por eso, hoy en día hay grandes escritores que no han tenido la oportunidad de traspasar las fronteras de sus países. Pero la literatura no ha muerto. Si bien nosotros fuimos los protagonistas del llamado boom , hoy existe un bomeran respaldado por un número tal de excelentes escritores como nunca se había dado en nuestra historia. La lupa de los gringos -A raíz del Tratado de Libre Comercio, los norteamericanos van a estar muy pendientes de los procesos políticos que estamos viviendo en México. Estarán muy pendientes, con una lupa gigante, del respeto por la democracia, como un seguro que garantice su inversión en nuestro país. Estoy convencido de que esta fiscaliación va a arrojar buenos resultados: para empezar, creo que el PRI entenderá la necesidad de jugar limpio y de garantizar elecciones justas. No es posible que en los comicios el gobierno siga siendo juez y parte. No es posible que la oposición no tenga acceso a los medios de difusión. Gabo y yo -Yo ya recibí el Premio Nobel: cuando se lo dieron a Gabriel García Márquez me lo dieron también a mí, y a toda la generación de escritores de aquellos años.

Los diez libros de Fuentes Que libros le regalaría Carlos Fuentes a su mejor amigo? Entre los publicados este año, el escritor se queda con La conquista de México, de Fiw Toms; La biografía de Francisco Franco, de Paul Preston, en un vuelo de Londres a México, de 12 horas, me la leí de cabo a rabo. No podía ni comer de lo apasionante que es la biografía; acaba con todos los mitos acerca de Franco ; Las subversiones silenciones, de Héctor Aguilar Camín, que son una serie de ensayos políticos e históricos ; Morir en Berlín, de Carlos Serna; Oír su voz, de otro novelista chileno, Arturo Fontém, una novela que agarra el tema de las finanzas, del dinero en el Chile actual, y lo convierte en protagonista, cosa que no pasaba, creo, desde Balzac; es una fantástica novela; Tide water morning, de William Styron, y la La utopía imperfecta, de Jorge Castañeda.

Y, de la literatura en general, no deja pasar por alto El Quijote todos los años lo leo. Es el primer libro que pondría porque para mí es una lectura indefectible. Cuando lo leo me doy un baño de humildad y digo qué barbaridad nunca vas a poder hacer esto. Tengo también una particular debilidad por Dickens y por Balzac, por su obra Las ilusiones perdidas; Rojo y Negro; también Los demonios, de Dostoievsky que me sacudió muchísimo, y Abasalón Absalón que es la novela que me hubiera gustado escribir. Una cosa es la novela que más le guste a uno leer, pero otra es la novela que a uno le hubiera gustado escribir .

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