HIJO DE TIGRE...

HIJO DE TIGRE...

Sobre los hombros del cuarto hijo del ex presidente de Chile Eduardo Frei Montalva y de María Ruiz-Tagle cayó la responsabilidad de la jefatura del Estado para el próximo período. Por eso, La Moneda, el palacio presidencial, no le será del todo desconocido a Eduardo Frei Ruiz-Tagle, ingeniero civil con especialización en hidráulica, de 51 años, que primero trabajo en la empresa privada y cuando lo aprendió todo, construyó su solidez económica.

19 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

Frei se lanzó a las aguas de la política hace apenas cinco años. Algunos dicen que fue en los funerales de su padre en los cuales tomó la decisión de optar, algún día, por la política.

Ocurrió en 1982, en plena dictadura del general Augusto Pinochet. Frei, de 40 años, tuvo que asistir a la Catedral, donde el gobierno militar de entonces, con la opinión pública en contra, iba a rendirle homenaje al ex presidente Frei Montalva.

Pinochet no le dio el pésame y abandonó el templo en medio de chiflidos. Cuando Frei se retiró y llegó a la puerta de la nave principal, de cara a la Plaza de Armas, recibió el saludo y el afecto de la multitud.

Antes, durante la campaña de su padre, quien gobernó a Chile entre 1964 y 1970, lo había acompañado en diversas giras. Según información de sus asesores, fue cuando se inscribió en la Democracia Cristiana, en 1958.

Suegroooo! Desde 1969, cuando tenía 24 años, hasta 1988, cuando incursionó de lleno en la oposicion al régimen militar, Frei trabajó en Santiago, en la empresa constructora Sigdo Koppers S.A. A ella llegó tras haber hecho una especialización en Italia, a donde viajó ya casado con Marta Larraechea, con quien tiene cuatro hijas. La noche del triunfo, cuando saludó al público rodeado por ellas, desde el público le gritaban: Suegrooo!! Su mujer es orientadora familiar y juvenil y en los dos días de manifestaciones y giras, los asientos de honor estuvieron reservados para ella y cualquiera de las hijas. No opina de política y no le gusta que la llamen primera dama.

Frei es un tipo de familia, sencillo y sereno. Al comienzo de su campaña se mostraba un poco distante. Tímido , decían algunos. Tuvo que luchar con calificativos y críticas que le atribuían el éxito de su tardía carrera política a su nombre y apellido.

Ladrillo a ladrillo, como sus construcciones civiles, levantó su nombre y lo edificó muy cerca, pero independiente del de su padre. En campaña, nunca lo usé ni abusé , dijo.

Pero, de todos modos, la revolución en libertad que encarnó Frei Montalva, su tarea de gobierno con marcado énfasis social, los reconocimientos mundiales a sus dotes de estadista, entre otras cosas, serán, sin que Frei Ruiz-Tagle lo quiera, el alto punto de comparación para su gestión.

Debut político Su primera y más visible incursión en política ocurrió cuando la dictadura llevaba 15 años. Entonces, contribuyó a crear el Comité de Elecciones Libres y participó en la campaña realizada por los partidos políticos para apoyar el No en el plebiscito del 5 de octubre de 1988.

Tan sólo 17 días después de esa histórica fecha, Frei recibió su primera y hasta hoy única derrota política. Se postuló como candidato de la Democracia Cristiana para las siguientes elecciones presidenciales y cayó frente al peso pesado que entonces era Patricio Aylwin.

Esa lección la aprendió y no la olvida, porque a lo largo de la campaña y pese a los positivos resultados de los sondeos, no se dejó llevar por el triunfalismo. Las elecciones se ganan con votos , era su frase.

Su siguiente paso en esta obra política fue lanzarse a las parlamentarias. El 14 de diciembre de 1989, en las primeras elecciones después de 16 años de dictadura, resultó elegido senador, por la Región Metropolitana. Y alcanzó la primera mayoría nacional, con un total de 608.000 votos.

Lo que sigue es la espiral de triunfos dentro de su partido y de la coalición de gobierno.

Primero, obtuvo la presidencia de la DC, en las internas de 1991; luego, en 1992, se inscribió como candidato de su partido y en diciembre de ese año logró la proclamación.

En mayo de este año le ganó al socialista Ricardo Lagos las elecciones por la candidatura única de la Concertación. Siete días después, la convención de la Concertación lo proclamó candidato presidencial.

El lema de su campaña, Para los nuevos tiempos , parece identificarlo plenamente. No fue un candidato de los viejos tiempos, de la demagogia y la oratoria como herramientas de base. Tampoco de las promesas distribuidas a diestra y siniestra y, menos aún, de las grandes y masivas manifestaciones políticas.

Los nuevos tiempos de la política chilena también parecen ser los de la ausencia de la confrontación, de los ataques políticos y de la aguerrida competencia.

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