SUEÑOS...DE BARRO

SUEÑOS...DE BARRO

Sobre una montaña de ladrillos calientes, los tres niños juegan de afán... no hay tiempo. Alimentar los carros que hacen ladrillos es su trabajo. Su juego, los sábados, es el billar, no hay otro. Por cada mil ladrillos fabricados, reciben dos mil pesos. Trabajan hasta ocho horas.

19 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

Pasan sus días en el chircal, mientras los mayores manejan las máquinas, que en 1946, 1950, o 1953, eran automóviles chevrolet con motor en línea, pero ahora con el ingenio de gente de la región, permanecen todo el día engranados en primera, para producir ladrillos.

Pedro Felipe, un niño llanero de Puerto Gaitán, y su hermano Martín Adolfo, son apenas dos entre los treinta o más trabajadores menores de edad, que han cambiado su fantasía de juegos por la dura lucha de conseguir dinero del barro.

Las sonrisas aparecen en sus rostros rucios cuando hablan de sus partidas de billar como única distracción cuando hay tiempo. El dinero: es para comprar cosas , dicen y su mirada se pierde en el valle donde el humo cubre el horizonte de las casas y hornos en plena producción.

Y si se trata de estudiar, muy pocos lo hacen porque todo el tiempo sus manos y cuerpos están metidos en el barro. Apenas alcanzan a terminar la primaria y enseguida el trabajo es darle forma a los adobes.

Un ladrillo: mes y medio Todo el proceso para hacer un ladrillo en La Ruidosa lleva mes y medio, cuando se ha secado, y ya ido al horno. El proceso se inicia desde que toma forma en el barranco el montón de tierra. Después se pica y se le echa agua hasta sacar la greda.

El barro que va al carro es alimentado a través de los dos paleros , que con pala en mano le echan el barro a la máquina. A su lado, opera el cortero , quien separa los moldes de acuerdo con el tamaño establecido. Finalmente, hay tres retiranderos , quienes son los encargados de llevarse en carretillas especiales, los adobes recien salidos.

En cada viaje, si tienen fortuna y el viaje es loma abajo, con los cuarenta o cincuenta adobes forman una pila hasta esperar su secado, durante unos veinte días, y posterior traslado al horno donde permanecerán un mes. En cada pila, los niños y hombres de las máquinas, recibirán sus ganancias.

Si el cortero corta mil adobes, se gana dos mil pesos. El palero y el retirandero , también reciben dos mil pesos por cada mil apilados.

Pero entre los hombres que han trabajado primero con los caballos, y ahora con los carros , o máquinas, se destacan los niños con sueños... de barro. Echar pala, o apilar, es por ahora su juego entre la ceniza que forma el carbón en los hornos donde salen cerca de 25 mil ladrillos después de cocinarse durante un mes.

LOS CARROS QUE HACEN LADRILLOS Cuando se llega a La Ruidosa , huele a carbón quemado. Algunos ya en broma la llaman vereda Escándalo. Los carros o máquinas sueltan adobes para construir las casas de los demás.

Estos carros reemplazaron a los caballos en La Ruidosa , vereda de Nemocón donde el invento de estas máquinas, como las prefieren llamar sus operarios, significó una forma más fácil de trabajar porque antes a los caballos se les sacaban unos 1500 ladrillos, pero ahora salen ocho mil por hora, dice Hernando Saray, uno de los más conocidos diseñadores de carros para hacer ladrillos de la región.

Julio Rincón, el inventor, quien trabajaba en una industria de vidrios, en 1969 creyó opotuno darle forma a su obsesión de cambiar los caballos, los burros y el molino, por una máquina.

Desde joven se me había metido en la cabeza la idea de mecanizar la vaina. La intención era usar por un tiempo más largo un carro que de pronto ya había cumplido su ciclo . Así nació una de las alternativas de sustento para gran cantidad de familias que veían cómo en los barrancos se producían pocos ladrillos.

En la vereda, ahora hay más de 150 máquinas que algunos han mejorado.

Su diseño ahora es más audaz. En los nuevos modelos se han incluido válvulas que controlan líquidos, y sus líneas son parecidas a carros de combate, con grandes estructuras y refuerzos para el trabajo pesado. Los contratos para otras ciudades van en aumento por lo que el negocio artesanal ahora es en gran escala.

Las ruedas, ahora no tan de segunda mano, y los chasises y cajas de cambios de camiones tienen vida otra vez y algunos, de modelos más recientes.

Pero como casi todas las ideas osadas, al principio hubo rechazo. Se tomaban como locuras y delirios de alguien que intentaba cambiar un caballo y dos personas que en un día hacían apenas 1500 ladrillos, por un aparato que no sintiera cansancio.

Ahora los carros producen mil ladrillos por hora, a 60 y 65 pesos.

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