LA POLÉMICA VALLENATA

LA POLÉMICA VALLENATA

Juan Gossaín: Veo en la edición dominical de ustedes, del 12 de diciembre, que Gabriel García Márquez leyó mi crónica sobre vallenatos en la revista Semana, y le halló, supuestamente, por lo menos cinco errores a la transcripción que hice de la primera estrofa de La Patillalera, de Rafael Escalona, con la que inicié mi escrito. Les confieso que estoy anonadado: no esperaba encontrarme en el camino con semejante contendor. Ni hubiera podido imaginarme que, el día menos pensado, el ganador del premio Nobel de Literatura sería mi corrector de pruebas. La vida me ha pagado con largueza.

19 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

Gabo es el autor de Cien años de soledad, el vallenato más largo y más hermoso que se ha escrito en el mundo. Gabo es el más grande escritor vivo de la lengua castellana, a pesar de su libro más reciente, Doce cuentos peregrinos, sobre el cual debería caer muy pronto, para sosiego suyo y de sus innumerables admiradores, el misericordioso manto del olvido.

Pero Gabo es también, como tuve oportunidad de revelarlo en mi crónica, el presidente vitalicio del Club de Adoradores de La diosa coronada . Enrique Santos Calderón, cuyas huellas inconfundibles suelen asomarse a la dactiloscopia dominical del Teléfono Rosa , es el tesorero de esa institución. Y Daniel Samper Pizano, a partir de cuyo texto original se inició todo este trepequesube, es su jefe de relaciones públicas. Se confirma, en consecuencia, que soy la víctima inerme de una conspiración urdida por la junta directiva de esa secta siniestra y demoníaca. Eso es lo que el pueblo suele llamar una gavilla . Chagua , dicen los campesinos de mi tierra.

A lo que vamos: sostengo, y estoy dispuesto a ratificarlo ante la Fiscalía General de la Nación, que mi versión de la estrofa de Escalona es correcta. Lo confirman las pocas grabaciones comerciales de este trozo injustamente mutilado por las casas disqueras, e incluso, algunas investigaciones de gente muy sabida y juiciosa. Por ejemplo: el opúsculo titulado Escalona y el Derecho Penal , del profesor Ciro Quiroz Otero, que aún no ha sido publicado, y del cual, como prueba al canto, les envío una fotocopia de la página pertinente. Ustedes podrán ver si el equivocado soy yo o García Márquez.

El que no conoce el tema sufre de engaño.

Yo, como lo conozco, soy mucho gallo...

Finalmente, me alegra leer en el Teléfono Rosa que Gabo está de acuerdo con la tesis central de mi crónica: que el vallenato no es asunto de académicos ni de bibliotecas. Es una emoción de la vida que se apura a pico de botella. Eso fue, exactamente, lo que yo dije.

No es más, por hoy. Pero debo advertir, para que nadie se llame a engaño ni a sorpresas, que estoy dispuesto a acudir a instancias como Amnistía Internacional, en defensa de mis derechos humanos, si persiste la persecución que me ha declarado ese Bloque de Búsqueda que integran Gabo, Santos y Samper Pizano. A lo mejor, están gastando pólvora en gallinazo.

Consuelo Araújo Noguera El gazapo que citan en el recuadro del último Teléfono Rosa es realmente una tremenda gazapera y hay más de Gabo que de Juan Gossaín, o sea que el corregidor incurre en más errores que el corregido. El texto real y exacto de la primera estrofa de La Patillalera (más conocida entre nosotros como Juanarias , así: en una sola palabra) no es como Gabo pretende haberlo corregido. Escalona jamás dijo ni escribió la palabra jurado; entre otras cosas porque siendo como es un hombre parrandero, libérrimo y arbitrario, mal podía someter sus actuaciones o decisiones a juramentos de ninguna clase. Y menos en aquellas épocas. En 1957, cuando en Valledupar se formó el tropelín porque Luis Manuel Hinojosa se llevó a la nieta de Juana Arias, Escalona lo que desde el primer momento dijo fue: Yo había resuelto no hacer más cantos desde el suceso del Jerre-Jerre porque Sabita me demandó pero resulta que ocurren casos y me dan ganas y no me aguanto como el que a Juana Arias le pasó...

Así, exactamente, es como dice el original de este paseo vallenato. Y sin necesidad de ir a buscar versiones en otra parte, ahí mismito en la Avenida 19 de Bogotá está viviendo mi compadre Rafael Escalona (Teléfono No. 814681) a quien bien pueden llamar para preguntarle si esto es así o no.

Entonces, si contamos palabra a palabra cada versión de las que se están discutiendo, tenemos que Juan está más cerca de la verdad que Gabo porque sólo se equivocó en el cuarto y en el sexto versos, y Gabo, en cambio, cachaquizó el verso primero y se equivocó en el cuarto y en el quinto.

En cuanto a la versión del último verso citado por Juan ( Como a Juana Arias le sucedió ) que es la que más se conoce y emplea, es bueno hacer unas pequeñas aclaraciones: ocurre con frecuencia que muchos cantantes cuando van a grabar, a veces no se saben bien las canciones o las han olvidado; entonces acomodan lo que primero les viene a la cabeza que se parezca a lo dicho originalmente por el autor del canto. Fue eso lo que hizo Poncho Zuleta cuando corrigió el último verso y acabó diciendo Como a Juana Arias le sucedió en lugar de Como el que a Juana Arias le pasó y ya grabado y difundido de esa forma, comenzó a andar y así se quedó ante millares de personas que lo aprendieron y lo siguen cantando de esa manera.

Y esto de los errores que se vuelven verdades es muy frecuente en el vallenato. Es lo que pasa con el título de Matilde Helina que es como realmente se llama el canto de Leandro Díaz porque así es el nombre de la mujer que lo inspiró, pero parece que algún despistado diagramador o titulador del larga duración que incluye esta hermosa canción, oyó cantar el gallo y no supo dónde y cómo lo que le sonó fue Matilde Lina, pues así lo escribió en la contraportada del estuche del disco y así lo leyó la gente y así siguen diciendo per seculae seculorum...

Lo mismo ha hecho Carlos Vives con algunas canciones de su estupendo trabajo Clásicos de la Provincia. En Amor sensible, donde Fredy Molina dijo muy líricamente Freddy Molina te quiere, eres mi luz de esperanza , Vives dice sin inmutarse eres mi duda esperanza Y vaya usted a saber las discusiones que se armarán dentro de un tiempo cuando alguien escriba sobre la obra de Fredy y lo cite textualmente...! Con seguridad que sobrarán Corregidores que juren y rejuren que no es mi luz de esperanza sino mi duda-esperanza porque fue así como conocieron y se aprendieron la canción. Con La gota fría hizo otro tanto. En la célebre piqueria que mantuvieron hace más de cuarenta años, Emiliano Zuleta (el Viejo) le advertía a su contrincante: Acordate Moralito de aquel día, que estuviste en Urumita y no quisiste hacer parada... y Vives, cuatro décadas después, cambia la palabra y dice no quisite hacer parranda . Y en el canto La celosa que Sergio Moya le dedicó a Juanita, Vives también cambió el nombre de la protagonista original por el de Anita, y desde ya, desde el mismo instante en que salió al mercado el excelente disco de Carlos Vives ya nunca más nadie volverá a decir parada, ni Luz de esperanza, ni Juanita sino que quedaron grabadas como verdades indiscutibles en la mente de cientos de miles de seguidores (que en buena hora el vallenato adquirió) las palabras que Carlos Vives puso a sonar por gracia de su soberana voluntad y gusto.

Pero todo eso, que puede ser válido y que no es lo que ahora se ventila, no puede alterar en nada la fidelidad de unos textos que, afortunadamente, quedaron escritos de puño y letra de su autor, y por eso mismo, no pueden ser cambiados de Larín Larán por nadie, así sepa mucho de vallenatos.

Conclusión: este round lo gana Juancho por puntos. Y es que en verdad Gabo sabe de vallenatos y Juan Gossaín también, pero Escalona --que gracias a Dios está vivo-- sabe mejor que los dos cómo fue que hizo la letra de sus canciones.

DANIEL SAMPER Cuál es la verdadera estrofa inicial de La Patillalera? La que recuerda Escalona, la que canta Vives, la que cita Gossaín, la que aporta Gabo o la que recoge la Cacica? A lo mejor ninguna. A lo mejor todas. Porque una de las características maravillosas del canto vallenato es que se trata de una obra abierta, cambiante y dinámica, como corresponde al fruto típico de la tradición oral. Allí el autor se identifica, hace guiños a los familiares, manda mensajes a los colegas, rinde homenaje a otros cantos e incorpora versos y músicas que escucha por ahí; después, el intérprete agrega lo suyo y el público termina cambiando parte de la letra y el título de muchas obras.

Los ejemplos abundan. Parte de la música de El Tite Socarrás (o El Almirante Padilla, o El contrabandista: escoja usted el título que le guste) está inspirada en una canción brasileña de carnaval que habla de Pierrots y Colombinas; El tigre de las Marías y Los celos de Maye tienen prácticamente la misma música con distinta letra; Mírame, de Tobías Enrique Pumarejo, calca los versos de una tonadilla del maestro José Padilla, autor de La violetera; Las golondrinas incluye parte de un poema de Alfredo Gómez Jaime, si mal no estoy; la versión de Beto Villa y Poncho Zuleta de La ceiba de Villanueva incorpora, con gran suceso, un coro que corresponde a otro canto... Esto para no hablar de los problemas de autoría.

De modo que en materia de vallenatos nadie tiene la última palabra. O, mejor dicho, todas las palabras son penúltimas.

El Maestro Escalona Gabito dice que yo se la enseñé, sí, pero ocurre como le ocurre a él que es un gran escritor que escribe una cosa y luego la corrige, eso va sufriendo modificaciones, en todo caso creo que ambos tienen razón . La versión original que aprendieron a su modo Gossaín y Gabo es la siguiente: Yo había resuelto no hacer más cantos desde el suceso del Jerre--Jerre porque Sabitas me demandó. Pero resulta que ocurren casos, me dan ganas y no me aguanto como el que a Juana Arias le pasó.

Consuelo Araújo es una autoridad en el vallenato, es una de las primeras personas a quien le cantaba las canciones a los cinco minutos de estar terminadas. Ella tiene las versiones. Cualquier opinión de ella es autorizada. Aunque todos tienen razón, porque aunque hay diferencia en el criterio literal, no es culpa de ellos que hayan pretendido alterarlo. La poesía no es una fórmula matemática.

Me parece magnífico que todos estos personajes intervengan en la polémica, porque toca la médula de la cultura colombiana. Tres personajes de los más destacados. Como colombiano, costeño y vallenato, me complace mucho que estos genios hayan dejado a una ladito a Cervantes, al mismo Gabo y a Mutis, para dedicarse al Maestro Escalona y, por ende, a nuestra incipiente cultura vallenata. Todos tienen razón. La comadre es la juez autorizada porque a mí no me queda bien ser juez y parte. Me voy a asesorar de todo ellos para ponerle letra y música a mis próximas canciones.

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