TRABAJAR MÁS, MENOS O TODO LO CONTRARIO

TRABAJAR MÁS, MENOS O TODO LO CONTRARIO

Este es un artículo con preámbulo. Mala cosa. Los preámbulos son aburridísimos. En fin: comencemos. Hace muchos años, el economista Kondratiev intentó encontrar un modelo matemático para explicar las crisis cíclicas de la economía capitalista. El resultado no fue muy satisfactorio porque las crisis no son exactamente cíclicas pero lo que dejó escrito demuestra que, cada cierto tiempo, de forma impredecible, se produce una drástica reducción de la demanda, y en consecuencia una disminución del empleo.

20 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

A veces como ocurrió en el 29 sobreviene un desplome de los precios, muchas personas y empresas se van a la quiebra, y la sociedad entra en una fase recesiva. Significa esto el fracaso del capitalismo o de la economía de mercado? En absoluto. Esas crisis durísimas cuando no existen reservas para soportarlas constituyen una especie de purga natural a la que se somete el mercado en la búsqueda de su equilibrio racional.

Se trata de un doloroso mecanismo de ajuste entre la oferta, la demanda y el dinero circulante. Pero no es una maldición eterna ni una catástrofe definitiva. Tras un período de vacas flacas, comienza de nuevo el proceso de crecimiento y se alcanzan unas cotas de desarrollo y prosperidad mayores que las que existían antes de las crisis.

Bien: Todo esto viene a cuento del absurdo debate que hoy sacude a Europa de una punta a la otra: se enfrenta la crisis trabajando más o trabajando menos? Los socialdemócratas franceses y alemanes, asustados por la perspectiva de un aumento del desempleo, proponen reducir la jornada laboral para que el trabajo toque a más gente . Los socialdemócratas comienzan a hablar de la jornada de cuatro días y no falta el que desea duplicar las vacaciones: ocho en vez de cuatro semanas al año, aunque disminuyan los salarios .

Los liberales, democristianos y conservadores por el contrario proponen lo opuesto: trabajar más. Proponen salir de las crisis trabajando más horas. El sentido común y el instinto parecen darle la razón al centro derecha, pero ambas tendencias olvidan la clave principal del asunto. El problema no radica en el número de personas empleadas, sino en la rentabilidad de las empresas en el mercado actual.

Hay que llevar las empresas al punto en el que puedan generar beneficios y consigan volver a invertir. Para lograrlo, naturalmente, hay que reducir costos, hay que librar las empresas de todo gasto excesivo, de todo lastre innecesario, incluso de todo empleado prescindible, hasta que el bien o el servicio producidos encuentren su comprador en el mercado.

Lacura de la crisis consiste en sanear las empresas y en propiciar, simultáneamente, la creación de otros nuevos negocios que puedan absorber la mano de obra que va quedando cesante en el período de reconstrucción económica.

Es esta una actitud pro capitalista y antiobrera? Por supuesto que no. Plantear la solución de la crisis como un capítulo de lucha de clases es incurrir en una imbecilidad casi perfecta.

Hay que salvar las empresas, a toda costa, y propiciar la aparición de empresas nuevas, por que es ahí y sólo ahí donde se crean las riquezas. Al fin y al cabo, eso a lo que llaman crisis es la suma de decenas de miles de empresas que han perdido, cada una de ellas, la rentabilidad, no obtienen beneficios, y por lo tanto no pueden crear empleo. De donde se deduce que el único factor capaz de garantizar el bienestar de los obreros es, precisamente, el número y la buena salud de las empresas disponibles para ofrecerles trabajo.

Cómo se sale, entonces, de la crisis? Se sale facilitando y no entorpeciendo la importanción de insumos más baratos, posibilitando los despidos, aumentando la productividad, reduciendo los impuestos, eliminando el salario mínimo, estimulando el ahorro, y facilitando denodadamente la creación de nuevas empresas.

Se sale poniendo a la disposición de esos nuevos empresarios, con pocos o ningún recurso pero con buenas ideas , oficinas , naves industriales y recursos administrativos compartidos, a precios de saldo, de manera que pueden desplegar sin trabas toda la energía creativa que posean.

Es absurdo que la mayor parte de la sociedad, sujeta, como esta, a los bandazos de la economía y a las consecuencias de las crisis, ignore los rudimentos esenciales que explican cómo se crea, se mantiene o se destruye la riqueza. Y más asombroso aún resulta que en nuestros planes educativos no se cultive la comprensión de eso a lo que pudiéramos llamar una cultura de la empresa. Cultura, además, que no prejuzga sobre el perfil jurídico de los propietarios puede tratarse de una cooperativa, una comuna, una sociedad por acciones, lo que sea porque los fenómenos económicos afectan por igual a cualquier clase de empresa y en cualquier clase de modelo económico.

Cuánto tiempo durará el debate europeo sobre las horas de trabajo? Probablemente unos meses, hasta que descubran que no es por ahí por donde van los tiros. La vieja Europa no tiene buenos músculos para reaccionar rápidamente ante la crisis.

Japón y Estados Unidos, en cambio, poseen reflejos infinitamente más ágiles. Cuando Europa esté todavía en medio del desastre, norteamericanos y japoneses ya lo habrán superado. Discutir sobre galgos o podencos no suele dar buen resultado.

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