EN CUÁL JESÚS DEBEMOS CREER

EN CUÁL JESÚS DEBEMOS CREER

La Navidad nos invita a preguntarnos sobre Jesucristo y a desempolvar nuestra fe en el enviado de Dios. Posiblemente en los 20 siglos que lleva la era cristiana nunca se habían dirigido tantos ataques, tan numerosos y fuertes contra el cristianismo como en estos últimos siglos, desde Lutero, pasando por Voltaire y Renán, Marx, Nietzsche, Sartre y Bertrand Russell, hasta nuestros días. Hoy curiosamente cunde por todas partes una literatura abundante de ciencia ficción, que se propuso acabar con la figura histórica de Jesucristo, con el Nuevo Testamento y aun con los manuscritos del Mar Muerto.

19 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

Siempre ha tenido enemigos Jesucristo. No deja de ser curioso: era apenas un recién nacido y ya Herodes, el monarca de turno, siente recelo por su poder, y lo persigue a muerte y lo obliga a refugiarse en Egipto. Judíos, fariseos, Pilatos y Herodes, Anás y Caifás lo persiguieron, con odio, hasta acabar con él en la cruz. Tan pronto surgió el cristianismo, los judíos de entonces, por una parte, le juraron guerra a muerte, y luego por la otra, los emperadores romanos, sobresaliendo Nerón, se propusieron acabar con él y lo único que consiguieron fue abonarlo, darlo a conocer y ayudarle a crecer.

La crítica protestante del siglo pasado hasta época reciente, y en la hora actual, los novelistas de ciencia ficción, con agudo sentido taquillero, vieron en el recurso pseudo científico de la ciencia ficción un filón de entradas millonarias y enfilaron sus baterías contra los fundamentos históricos de Jesús, tratando de diluir la figura señera del Dios-Hombre, confundiéndola con la de cualquier ovni, un habitante marciano o la de un simple extrarrestre.

Observa un teólogo actual: Existe un hecho patente, sobre cuyas posibles causas vale la pena meditar detenidamente, a saber: tras la caída de tantos dioses en nuestro siglo, Marx, Hitler, Freud, este Jesús, fracasado ante sus adversarios y traicionado sin cesar por sus fieles a lo largo de los tiempos, sigue siendo para incontables persona la figura más importante y decisiva de la larga historia de la humanidad, hecho raro e incomprensible desde muchos puntos de vista .

Revise cuidadosamente las obras de Lutero, de Nietzsche, de Freud y de Marx y no encontrará una frase, un ataque, un insulto contra la persona misma de Jesucristo. Atacan a la Iglesia católica, critican los errores y fallas del cristianismo, ponen de relieve los abusos de las autoridades eclesiásticas, pero respetan siempre la persona de Jesús.

Llama en cambio la atención el que su Evangelio apasione a cultos e incultos; su persona subyugue a campesinos y universitarios, su trágica desnudez no espante a niños ni a religiosas.

Gandhi escribía: Yo digo a los hindúes que su vida será imperfecta si no estudian respetuosamente la vida de Jesús .

Pero lamentablemente tenemos que confesar que hoy circulan por librerías, templos, bibliotecas y pechos de narcotraficantes, muy diversas versiones de Jesús, hasta el punto de que haya que reconocer que algunas de ellas muchas? se apartaron del Jesús histórico y dejaron de ser camino que conduce hacia Dios.

De aquí la pregunta: Cuál Cristo es el verdadero? Creyendo en cualquier Jesús, creemos en el Jesús histórico, el que murió por nosotros en la cruz y resucitó? Cuál Jesús? El de los hippies, el de Pablo Escobar, el del cura Pérez, el de Buga, Monserrate, el del Veinte de Julio? Cuál? Ciertamente Jesús prometió quedarse con nosotros hasta el fin de los tiempos, pero dónde, cómo, cuál, en qué religión? Da lo mismo buscarlo aquí que allá? Cuál es el criterio para dar hoy con el verdadero y único Jesús? Históricamente, la respuesta es fácil: se trata del Jesús de Nazaret, el hijo de María y José, el que fue crucificado por nosotros, y resucitó al tercer día según las Escrituras. Este Jesús, el Mesías, enviado de Dios, constituido Señor y Salvador nuestro, es el único Jesús verdadero, cuyo nacimiento recordamos y revivimos en esta Navidad. Quiénes? Los que apoyamos nuestra fe católica en la fe de los apóstoles, únicos testigos de la muerte y resurrección de Jesucristo.

Ahora nos reunimos junto al pesebre creyentes de todo el mundo para confesar que Jesús, el hijo del hombre, también es el Hijo de Dios; para proyectar esa fe cristiana a cada niño que nace, y que necesita abrigo, pan y calor.

Navidad no puede seguir siendo parranda, consumismo y licor. Debe ser sincera confesión del Hombre que se abrió a Dios, del Niño que nos amó hasta la humillación; del hombre que nos reconcilió con nuestros hermanos y con Dios.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.