LA ABSTENCIÓN CASTIGO

LA ABSTENCIÓN CASTIGO

Dicté hace pocos días, en el foro que organizaron la Registraduría Nacional del Estado Civil y la Universidad de los Andes con el apoyo de la Embajada norteamericana, una conferencia sobre el voto y la participación ciudadana en general. Señalé, como siempre lo hago, que el país ha perdido dos años de pedagogía constitucional y que esta es la hora en que sus habitantes desconocen sus derechos y deberes.

18 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

Y aun así, todo el mundo se rasga las vestiduras cuando las encuestas muestran una posible abstención del 65 por ciento.

Pero no se trata exclusivamente de falta de difusión, sino también de otros fenómenos que es bueno recordar: La Asamblea Nacional Constituyente, obrando con recto criterio y dando respuesta a un supuesto clamor popular, revocó el mandato de quienes componían el Congreso. El pueblo de tan baja cultura política y beneficiario de las limosnas de cierta clase política eligió un Congreso peor que el revocado, bajo la influencia de unos 26 mil millones de pesos que ya habían distribuido sus miembros.

Esto lleva a la abstención castigo, como la que padeceremos el año entrante y la tenemos bien merecida.

La nueva Constitución trató de dignificar el oficio de Congresista al eliminar todas las ventajas indebidas que habían venido acumulando quienes lo ejercen.

Hoy en día se ha iniciado la contrarreforma con el restablecimiento de las suplencias y ya se habla de modificar el régimen de inhabilidades e incompatibilidades.

Además se reinicia el turismo parlamentario, o patriótico si se quiere y un grupo grande de congresistas visita el Líbano, su madre patria de ellos (como dirían en México), como si los contribuyentes tuviésemos el interés en que busquen sus raíces ni allí, ni en España, ni en parte alguna.

Abstención castigo? Claro que sí.

La nueva Constitución creó la figura de la pérdida de la investidura y el Congreso en intervalo lúcido, las comisiones de ética que deben pedir que se castigue a sus miembros, lo cual ha hecho el Consejo de Estado en varios casos. Se propone ahora por el gran adalid del vicioso Congreso de antaño, senador Roberto Gerlein, una fórmula ingeniosa para hacer desaparecer tales comisiones de ética fusionándolas dentro de una gran comisión nacional que, naturalmente, no servirá para nada.

Abstención castigo? Por supuesto.

La nueva Constitución prevé un trámite lento y reflexivo de las leyes. Ahora leo con pesar en los diarios que las leyes de seguridad social, educación y tantas otras que serían importantes en países más civilizados que el nuestro, se están aprobando a pupitrazos, es decir sin estudio, ni análisis, ni participación ciudadana.

Abstención castigo? Naturalmente.

Podríamos seguir citando, sin necesidad de estudiar demasiado, casos y casos que alejan a los ciudadanos de las urnas. Si la educación, fundamento de la cultura ciudadana, se trata a las patadas, qué se pretende de nuestras gentes?

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