BOGOTÁ NO LE DUELE A NADIE

BOGOTÁ NO LE DUELE A NADIE

Es un decir que Bogotá no le duele a nadie . No es conveniente que haga carrera este tipo de apreciaciones, porque van adquiriendo cierta normalidad dentro de la vida diaria de la ciudad. La indiferencia con que a veces se la trata desde el resto del país no es justa y por tanto debe eliminarse. No resido en Bogotá, pero en razón de mis actividades debo desplazarme con frecuencia y dialogo con mis amigos sobre su problemática. La suerte de Bogotá y de toda la comunidad que está en su influencia (cerca de 6.0 millones de habitantes), nos debe doler a todos los colombianos, sin excepción; por eso, con todo respeto, como colombiano y con la experiencia que adquirí cuando estuve al frente de la alcaldía de Medellín en plena guerra (1990-1992), me atrevo a plantear algunas preocupaciones relacionadas con sus más acuciantes problemas:

18 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

1.) Transporte masivo. Es un problema crítico que no admite más demoras ni dilaciones. No puede Bogotá llegar al año 2000 sin tener resuelto este problema. Sus soluciones están inventadas. Se requiere voluntad política que permita vincular y coordinar esfuerzos de diferentes instancias de gobierno; adicionalmente, debe aprovecharse la experiencia que se ha tenido con la construcción del Metro de Medellín.

El Metro es un imperativo. Contribuirá a ordenar el tráfico automotor, disminución de los accidentes de tránsito, reducción de la contaminación, se contribuye positivamente a que los principales usuarios del transporte masivo (obreros, estudiantes, etc.), van a llegar a sus hogares menos tensionados y cansados y podrán dialogar con su familia, ir al cine, a un concierto, leer, etc.; actividades que hoy son imposibles para quien tiene que trasladarse de extremo a extremo en la Sabana. Habrá más tiempo para la familia. Que estas soluciones cuestan mucho? Sí, pero cuesta más no resolver este problema. El mejoramiento de la calidad de vida es la razón fundamental de ser del Estado.

2). Descontaminación del río Bogotá. Debe intensificarse la acción que hasta el momento se adelanta; se precisa de una labor encaminada a estructurar un esquema que involucre al gobierno distrital, al gobierno nacional y entidades internacionales, para que este anhelo se cumpla a más tardar en la primera década del próximo siglo.

En Medellín, por ejemplo, aspiramos a que el río Medellín, a más tardar en el 2020, esté descontaminado. Es un programa costoso, pero aquí también se puede afirmar que cuesta más no descontaminarlo.

3. La inseguridad. Ha crecido desmedidamente, casi que no hay habitante de la capital que no haya sido víctima de ésta. Se precisa de acciones encaminadas a lograr mayor eficiencia en la acción de los organismos de seguridad del Estado, mediante mayor coordinación de sus efectivos y con la implementación de recursos técnicos con planes estratégicos de seguridad que motiven al ciudadano a colaborar en la lucha contra las diversas organizaciones delincuenciales.

4). La problemática social. El último y reciente paro de protesta efectuado en Ciudad Bolívar, significa un toque de alerta . Sugiere respuestas a la problemática social de las zonas marginadas. Lo social es uno de los factores que generan inconformidad y a veces actuaciones violentas. En este asunto se ha venido trabajando; hay mucha experiencia en otras ciudades.

Se requiere voluntad y decisión de sus autoridades locales para aumentar la inversión social en estas zonas. Considero que es necesario dotar al Distrito de una Consejería Presidencial, similar en sus funciones a la creada para Medellín y el Valle de Aburrá, cuando iniciaba mi mandato, gracias a la comprensión y apoyo del presidente Gaviria.

5). Aseo y estética urbanística. Debe ser una permanente tarea cívica mantener bien aseada y bien bonita la casa, pues es la casa de todos los colombianos y la vitrina para mostrar a quienes nos visitan del extranjero.

La actual campaña electoral también debe ocuparse de la problemática de Bogotá. Se requiere que los aspirantes a la Alcaldía, al Concejo y al Congreso y a la misma Presidencia expongan sus propuestas. Hasta el momento no se ha conocido absolutamente nada.

Los habitantes deben estar muy atentos y ser muy exigentes con quienes van a solicitarles su voto. Se requiere compromiso serio y sincero. Bogotá no admite más indolencia ni indiferencia.

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