MAESTROS POR HERENCIA

MAESTROS POR HERENCIA

Simplicio Rosario tiene una religión: la artesanía. En el resguardo de San Andrés de Sotavento (Córdoba), Rosario trabaja diariamente en la elaboración de decenas de piezas de cestería, que salen de palmas como la iraca y la caña flecha. Ese ritual representa, entre otras cosas, el factor de mayor importancia en la economía de su comunidad, razón de más para que este artesano detuviera su rutina por dos semanas con el fin de venir a Expoartesanías.

18 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

En otros resguardos y comunidades indígenas de Colombia hay cientos de personas que hacen lo mismo que él. Son grupos para los cuales la artesanía significa una tradición, pero también una forma de supervivencia.

La Feria no es el único certamen que les permite mostrar al público el trabajo que hacen con sus manos, pero sin duda es el más importante: las otras ventas son ocasionales, se producen cuando los turistas llegan hasta ellos. Esta vez, en Expoartesanías los negocios han resultado favorables para los indígenas. Hay quien, por ejemplo, se quedó ya sin material de muestra.

Vienen de Amazonas, Putumayo, Caquetá, Vaupés, Guaviare, Casanare, Cauca, Chocó, Córdoba, Magdalena y Guajira. Sus puestos están a la entrada de los dos pabellones de esta feria internacional.

Estos hombres y mujeres que, como la mayoría de los participantes, asisten con algunos miembros de su familia, poco se conocen entre sí. Pero año tras año, han ido viendo caras familiares en la Feria. Y es aquí donde Simplicio Rosario ha podido conocer a los indígenas de La Chorrera y de Leticia, como Bartolemé Atama, Alejandro Jacombaire y Rogelio Carihuasari, cuyas artesanías son creadas con restos de animales, semillas, palmas, raíces, cortezas. Sus stands, casi vacíos ya, muestran máscaras de bailes tradicionales, representativas de clanes animales (tigre, guacamaya, hormiga); collares de semillas; peces tallados en madera; bastones y arcos de cacería hechos de palosangre o granadillo; dibujos en cortezas, y algún remedio, como el siete raíces, especial para el dolor reumático. Un calcio hecho de ocuera, murure, sanango, retamo, granadilla, chuchuasa y tamara , según reza un papel puesto al lado del milagroso contenido.

Al lado de la cestería de Simplicio Rosario está la de los indígenas del Chocó, provenientes de comunidades como Burojón, Papayo, Pichima, Unión Balsito y el casco urbano de Quibdó. Sus piezas se hacen de úrregue, palma que después llenan con grabados de figuras humanas. Su obra es tan bella y elaborada como la de Rosario, con la ventaja de que al úrregue no le pasa lo que a la caña flecha, que cada vez es más escasa.

No tenemos recursos para sembrarla dice Rosario y los ricos la usan para el ganado; entonces, se acaba más rápido .

La cestería es lo que predomina en el trabajo de todos los artesanos indígenas. Con variantes en los materiales y diseños, la crean también los paeces en el Cauca, los emberá-chamíes en Risaralda, los cunipara en Vaupés, los habitantes del casco urbano de Puerto Leguízamo, en Putumayo...

Las preocupaciones de Rosario y el afán por vender sus piezas no le han dado tiempo para conocer a un grupo de mujeres, vecinas geográficas suyas, que llegaron a Expoartesanías. En medio de coloridos chinchorros, pellones, sombreros, mochilas, fajas y guaiñeras (zapatos), y vestidas con túnicas más coloridas aún, están las seis mujeres wayuu, acompañadas de dos de la región guajira de Venezuela, que elaboran estas artesanías. Sentadas, en círculo en el piso, como lo hacen en sus casas, en medio del desierto, unas tejen y las otras hablan. El color? Bueno, el color significa el amor. Al wayuu le gustan los colores chillones .

De la zona norte de Colombia, también están cuatro mujeres de los indígenas arwacos, de la Sierra Nevada de Santa Marta, que han traído sus tradicionales mochilas hechas de lana de ovejo, lana acrílica e hilaza.

A Rosario, como les pasa a los otros artesanos indígenas, le toca enfrentarse a las modas, pero no por eso ha traicionado su tradición. Las piezas que exhibe este grupo de artesanos hablan de una naturaleza animal y vegetal, de la integración del hombre con el medio, de una historia cultural y de un ritual que es, al mismo tiempo, la base de una economía que poco a poco deja de ser informal.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.