CARLOS NADER SE ESCAPÓ DE SECUESTRADORES DE LAS FARC

CARLOS NADER SE ESCAPÓ DE SECUESTRADORES DE LAS FARC

Burlando la seguridad de un comando del frente XXII de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc) que lo había secuestrado en Bogotá, el industrial Carlos Nader Simmonds escapó, en medio de la oscuridad, de sus captores. Nader era vigilado por once hombres y una mujer de la columna Jaime Pardo Leal de las Farc, en un sector montañoso de Choachí, desde el pasado 10 de diciembre. Cómo escapó? Este es su relato.

17 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

A mí me secuestraron el 10 de diciembre. Estaba en un edificio que estoy construyendo en la carrera 19 con calle 39. Entraron seis hombres vestidos de civil, con ametralladoras y dijeron que eran de la Fiscalía. Me sacaron, me vendaron y me llevaron por una carretera a Choachí.

Uno de ellos me dijo: póngase la venda y haga de cuenta que está llorando . Entonces quité el dedo meñique de la venda y alcancé a ver un letrero verde y blanco al lado de la carretera que decía Choachí, por eso me di cuenta de que me llevaban hacia allá.

Me llevaron a un páramo en donde hacía un frío de seis grados bajo cero, estábamos en unos cambuches, habían cuatro y uno para la cocina. Me dijeron que era delincuencia común, pero sabía que eran guerrilleros porque ellos rigurosamente se cepillaban los dientes a las 5 de la mañana, tenían la misma manera de doblar las cobijas y de limpiar las armas.

Ellos me estaban pidiendo plata, pero nunca dijeron una cantidad. Yo envié con ellos mi reloj personal marcado, como prueba de que era yo, pero nunca contactaron mi casa. Mi familia sale mañana para el exterior.

La comida era excelente. La última comida fue sanchoco de gallina, chocolate, arepas con queso y plátano maduro. Conmigo había permanentemente ocho hombres, eran doce en total, once hombres y una mujer.

Cadáver en la vía El 14 de diciembre pasaron unos helicópteros militares por encima de la caleta o la zona como le dicen ellos. Entonces resolvieron trasladarme a otro sitio.

El día siguiente, a las 8:30 de la mañana, empezamos a caminar por el monte. Como a las 10 simulé que me había tronchado un pie y les dije que no puedo caminar más. Entonces buscaron un caballo y me treparon en él.

Adelante iban dos hombres con radio, como a quince minutos. Después venían seis más. Uno de ellos llevaba la pita con la que iba amarrado el caballo porque no tenía aperos ni nada. Todos iban muy cargados.

Iban supercargados, el que llevaba la pita iba con dos maletines, una ametralladora, una pistola 9 milímetros, ollas y material de intendencia. Los otros iban igual.

Empezamos a recorrer el monte por entre un poco de rutas. Fue cuando empecé a idear la estrategia de vencerlos porque ellos iban cansados, mientras yo iba a caballo.

Yo llevaba el bidón de la gasolina que debe pesar como seis u ocho libras y empecé a jalarle las orejas al caballo y el animal empezó a brincar. Entonces le dije a la mujer que va detrás: usted tiene que llevar la gasolina porque el caballo va muy cansado con el bidón .

Ella empezó a quedarse rezagada con el jefe del grupo, que era como el amante o el novio. Entonces pensé que necesitaba una linterna y le dije a la mujer que me prestara la linterna porque el caballo no veía, ella me la pasó.

Yo había visto que la única linterna para traer el agua, para cocinar y todo, era la de ella.

Ellos llevaban como ocho horas caminando. Eran las 6:30 de la tarde. El caballo estaba dando como una curva y miré hacia atrás y no divisé gente, luego hacia adelante y tampoco, entondes me bajé rápido del animal, me quité un poncho que llevaba y lo enredé en unas zarzas que había al lado izquiero del camino, por donde se veía a Bogotá.

Después me devolví hacia la derecha para despistarlos y empecé a correr durante horas y horas. Fue cuando me caí a un río profundo. Todo golpeado empecé remontar el caudal río arriba, en contravía, hacia donde habíamos venido con ellos.

Caminé como cuatro o cinco kilómetros, después me trepé a una montañina y divisé la carretera que va de Bogotá a Choachí y Cáqueza, estaba a unos 3 o 4 kilómetros de distancia.

Entonces me metí a campo traviesa y llegué a la carretera asfaltada. Empecé a tratar de parar los automóviles para que me llevaran, pero ninguno me paró.

Cogí la ruana que tenía y la llené de hierbas, luego la coloqué en la mitad de la carretera como si fuera un cadáver. Luego me escondí abajito de la carretera.

El primer camión que pasó vio eso y frenó. Entonces salí y lo abordé: mire, yo soy una persona secuestrada, ayúdeme, por favor. El me dijo: venga lo llevo .

Yo pensé en bajarme en Choachí, pero pensando que estaban esperándome los guerrilleros, le dije que mejor me llevara hasta Cáqueza porque ellos (los guerrilleros) nunca iban a pensar que estaba allá.

El señor me llevó y entonces me metí a la inspección de Policía en donde me atendió el capitán Santamaría. El me dice: usted se acaba de escapar de la columna Pardo Leal del frente XXII de las Farc, el comandante es Rosi , el guerrillero más sanguinario del grupo... .

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