REGRESO A LA REGIÓN MÁS TRANSPARENTE

REGRESO A LA REGIÓN MÁS TRANSPARENTE

Discípulo de los principales poetas de la española generación del 27, con una obra clave en Latinoamérica, el poeta colombiano Fernando Charry Lara, de 73 años, retornó a Ciudad de México 40 años después, para maravillar con su lucidez a los jóvenes admiradores que lo homenajearon en viejos restaurantes del centro histórico capitalino. Autor de los poemarios Nocturno y otros sueños prologado en 1949 por el Nobel Vicente Aleixandre, Los adioses (1963), Los pensamientos del amante (1985) y de una amplia obra crítica sobre poesía latinoamericana, Charry Lara encontró intactos ciertos lugares que visitó en la entonces región más transparente del aire .

18 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

Con su boina española, el humor a flor de piel y la elegancia excéntrica de los viejos poetas bogotanos, Charry recorrió kilómetros de calles coloniales, respiró hondo en el convento de las Jerónimas donde vivió Sor Juana Inés de la Cruz y acudió a la discreta tumba de Hernán Cortés, exiliado en una modesta iglesia del centro.

En los años 40, el maestro Charry, considerado uno de los más importantes poetas del siglo en Colombia, cultivó allí amistad con su maestro Aurelio Arturo (1904) y con el guatemalteco Luis Cardoza y Aragón (1904-1992), quienes lo animaron a solidificar una propuesta poética que pasa las décadas con todo su esplendor.

De él dijo Aleixandre que en su poesía que parece arrastrada en el vasto aliento de la noche tentable , están presentes los temas eternos del hombre, como el amor, la esperanza, la pena, el deseo y el sueño .

Blanca taciturna, El verso llega de la noche, Nocturna lejanía, Cuerpo solitario, Llanura de Tuluá y Rivera vuelve a Bogotá son algunos de los poemas clásicos de este escritor, que en el céntrico Café de la Opera disertó sobre Herrera y Reissig, Pedro Salinas, Luis Cernuda y Federico García Lorca, entre otros poetas hispanoamericanos.

El día anterior había encontrado intacto, como hace 40 años, el modesto y tradicional restaurante Casa Rosalía de San Juan de Letrán, y visitó el café París, sede en los años 40 de la famosa generación de los Contemporáneos , del joven Octavio Paz, y de visitantes célebres como Antonin Artaud, Vladimir Maiakovski y Sergei Einseistyein.

Por aquí vi a José Vasconcelos salir de una limusina; allí vi caminar a Martín Luis Guzmán y a Alfonso Reyes, pero en el café Bellinghausen de la hoy Zona Rosa hablé con Luis Cernuda, con quien tuve una generosa amistad , dice Charry Lara, admirador de la tradición cultural mexicana.

Pasaron por sus ojos el antiguo Colegio de San Ildefonso, que inspiró un nocturno del Nobel Paz, así como la Plaza de Santo Domingo, el Palacio de Iturbide, la ciudadela donde murió en 1913 Madero, el último presidente demócrata de México, y también las ruinas de las celdas de las monjas en el claustro de Sor Juana.

De vieja estirpe liberal, algo escéptico, Charry Lara es con el argentino Enrique Molina, el chileno Gonzalo Rojas, el recién fallecido venezolano Vicente Gerbasi, el colombiano Alvaro Mutis y el mexicano Octavio Paz, una de las reservas vivas de la poesía de este continente de 400 millones de habitantes.

Desde su sede en el legendario Hotel Ritz de la calle Madero, donde vivió el beatnik William Bourroughs, Charry se trasladó al Danubio, un restaurante añejo donde lo esperaban para homenajearlo los jóvenes poetas mexicanos.

Tras horas de brindis, encabezados por el joven poeta y ensayista, director de la Imprenta Universitaria, Vicente Quirarte, una docena de nuevos escritores celebraron por la vitalidad de un arte que va contra la corriente mercantil y a medianoche acompañaron a Charry por calles coloniales, con la saudade de su inminente partida a Bogotá.

De lejos también lo despedían los fantasmas de Luis Cernuda y Xavier Villaurrutia, de Sor Juana Inés de la Cruz y de los modernistas Manuel Gutiérrez Nájera, Amado Nervo y Salvador Díaz Mirón, entre otros espectros de la noche y la poesía mexicanas.

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