DE TODOS LOS GUSTOS Y SABORES

DE TODOS LOS GUSTOS Y SABORES

Y haciendo un breve pero sustancioso recorrido por Bogotá, se pueden encontrar los más insólitos, curiosos y hasta provocativos nacimientos. La primera parada puede ser el Hotel Tequendama, donde el pastelero en jefe, el francés Patrick Chalmin, le dedicó dos meses a su gran creación. Elaboró un pesebre totalmente comestible, en pan, galletas, chocolates, mazapanes, gomas y cubos de azúcar. La gran maqueta es de 20 metros cuadrados y, a diferencia de la escena tradicional, tiene castillos e iglesias edificados en cubos de azúcar.

17 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

En total dice el pastelero se utilizaron veinte mil cubos de azúcar pegados entre sí con más glucosa. También se usaron galletas de miel para la construcción de los dos carruseles .

Chalmin calcula que gastó cincuenta kilos de harina y 150 de azúcar para las galletas, que muchas veces iban forradas en chocolate, dependiendo lo que se quisiera lograr.

Para hacer las figuras amasó veinte kilos de mazapán, de donde también dibujó dos Santa Claus y un gran libro que simboliza la Biblia.

Recurrió a elementos de diferentes culturas porque dice que al hotel no sólo llegan católicos, sino gente de todas las religiones, también talló un enorme pingino en chocolate.

Decidí ponerle elementos de todas las culturas. El castillo, por ejemplo, es el de Jericó que fue destruido por un rayo. También tiene iglesias, papás Noel, carruseles. Hay de todo .

El pastelero oficial del Tequendama tardó dos meses para hacer su obra navideña. Inició dibujando bocetos de las ideas que iba teniendo y luego fue moldeándolas en los diversos materiales .

El pesebre, en sus puntos más altos, alcanza a medir dos metros y está roceado todo con escarcha para que brille de noche. Los colores se los imprimió con tonos especiales de alimentos, por lo que todo se puede comer después. Muchas cosas las guardamos y otras las rifamos entre los empleados cuando se desmonta el pesebre .

Patrick Chalmin es un pastelero francés que vive desde hace año y medio en Bogotá. De abuelos rusos, madre polaca y padre francés, este chef lleva varios años recorriendo el mundo y trabajando en diferentes hoteles.

El pesebre está ubicado en el lobby del encopetado hotel y estará ahí hasta el próximo 6 de enero.

Uno para todos...

En la fiesta de los pesebres no se quedan atrás las familias y los grupos de vecinos que deciden crear un nacimiento comunal, aportando cada uno sus ideas y creatividad.

Y es que en cuestión de originalidad nada le gana a los pesebres. Estos son el único lugar donde los patos nadan en un lago de espejo al que cae una cascada de algodón.

También es frecuente encontrar gigantes buenos al lado de casas semidestruidas que se adornan con bombillos rojos y verdes.

Todo eso forma parte del pesebre de Gratamira, uno de los cientos de barrios en Colombia donde se reúnen los vecinos a rezar la novena, al frente de un Niño Dios prematuro (nació antes del 24) y de los tres Reyes Magos, la Virgen María y San José, en porcelana con más de 40 centímetros de altura.

Las casas, por su parte, son producto de la imaginación de los niños, fabricadas en cartón, madera y balso.

No podían faltar las hojas y las ramas que adornan el improvisado portal, ni la carretera de arena que llega hasta donde está el Niño Dios, y que pasa debajo de un puente de madera.

Sin embargo, la parte más alegre comenzó ayer, cuando los vecinos especialmente los niños se reunieron alrededor del nacimiento para rezar la novena y cantar villancicos.

Dentro de las festividades son muchos los lugares donde los más pequeños o los mas lindos , se disfrazan y comienzan una representación de aquella noche en Belén cuando María y José caminaban de puerta en puerta buscando un lugar que recibiera al Niño Jesús.

Desde Roma hasta Inglaterra Otro de los puntos obligados en una visita a los pesebres son los centros comerciales. Todos se engalanan con lo más representativo de las festividades navideñas, e intentan mostrar una cara alegre y divertida en esta época del año.

Hacienda Santa Bárbara es de los pocos lugares que cambiaron su nacimiento por algo diferente. En este caso, es un pequeño pueblo nevado de finales de siglo XIX en algún lugar del norte de Europa, un poco a semejanza del famoso cuento de Dickens La noche de Navidad , donde un anciano avaro es visitado por tres fantasmas que le hacen recapacitar en una época de dar alegría y amor.

Dentro de las sólidas construcciones de más tres metros, pintadas de azul y naranja con tejados blancos, está instalada una conexión de luz que hace brillar ventanas y faroles detrás de los papeles de celofán amarillos.

Sin embargo, hay otros como el centro comercial Terraza Pasteur, que se ciñeron a las tradiciones. Comenzando por su antigedad, pues el pesebre ya se está convirtiendo en un símbolo del lugar, después de estar seis años adornando las fiestas navideñas.

La gigantesca estructura, hecha en cartón paja decorado con vitrales en miniatura y muñecos de porcelana, recrea un pueblito palestino antiguo, con cúpulas plateadas y una ciudad amurallada, al lado de la cual, dentro de una casa medio destruida, reposa un niño que se mueve dentro de su cuna.

Más allá, una quebrada de las que tienen agua y no algodón impulsa con su caída un molino de madera rústico. Otro molino, este de viento, domina una colina detrás de la ciudad donde ondean al aire las ropas en miniatura de algún palestino.

Saltando hasta la era romana e incluso después, el imponente coliseo está ubicado detrás de la villa, donde permanece en ruinas, testigo del suceso que ocurre en Navidad. Mientras tanto, un castillo medieval encierra una animada fiesta decembrina en una de sus torres.

El nacimiento en total tiene ocho movimientos distintos, dentro de los cuales se incluye un sofisticado sistema de acueducto , que permite girar el molino de agua.

Los centros comerciales llevan a los compradores de un lugar a otro del mundo y de una época para otra, con sólo cambiar su decoración, su música y su mágica iluminación.

Frutos de mi tierra Pero no sólo se valen pesebres de porcelana, cristal o figuras comestibles. Cada día más, los materiales como el barro, el fique, la lana, la cabuya y la piedra, trabajados por manos indígenas y campesinas, se convierten en nacimientos.

Y en esto, Expoartesanías tiene una gigantesca muestra. Desde los pesebres hechos en madera, que se mueven gracias a un sistema de velas, hasta los pesebres en miniatura que se guardan en cajitas de balso adornadas con rojo y verde.

El abanico de ideas que trae la feria artesanal cobija a todo el país. No pueden faltar los ángeles de esmalte pastuso, ni las artesanías de Ráquira, así como las figuras hechas en envoltura de mazorca.

En la Navidad, las opciones se multiplican, las costumbres se mezclan y la imaginación sale a volar para lograr que haya un pesebre que se adapte al gusto de cada cual.

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