LAS UNIVERSIDADES DE LA ESQUINA

LAS UNIVERSIDADES DE LA ESQUINA

El café de la esquina o el café o los cafés del barrio, cada uno con su rango, estirpe, estilo y características alegran en Buenos Aires a los habitantes de esta urbe mastodóntica y babélica, pero que tiene su encanto y, sobre todo, es muy vital. No es diferente la bella capital del Plata en ese sentido de otras grandes ciudades americanas y del mundo en general, donde el café, el bar o la taberna son algo así como pequeñas y protéicas islas que emergen del mar gris y agitado del asfalto y donde uno reposta, cobra nuevas energías o sueña despierto por unos minutos ante su taza del oscuro y tonificante café, o ante una cerveza o un whisky.

17 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

Un escritor de café porque todavía se escribe en los cafés, aunque ya muy poco, Juan Bossio, argentino, por cierto, escribió hace algún tiempo un libro precioso acerca de las que el también experto local José Gaillardou califica de universidades de la esquina .

Y es que en esas universidades bonaerenses se labró, sin que se enterara casi nadie, la historia cultural de Argentina. En eso coinciden cronistas y los simpáticos cultores del género llamado costumbrista.

Un célebre café porteño fue, por ejemplo, el Smart, que estaba en la tanguera calle Corrientes, todavía jalonada por estos establecimientos entrañables que alternan con pizzerías, librerías de viejo, restaurantes de tres al cuarto y modernas hamburgueserías norteamericanas.

En el Smart hablaba de teatro Alberto Vacareza insigne cultor del género y otros talentos. Al Libertad, en la céntrica calle Sarmiento, iba el representante de artistas de cine ( el vasco ) Goycochea.

También caían al atardecer algunos plumillas que habían concluído su jornada laboral en el periódico o la revista y no tenían ganas de irse a casa temprano.

Pero no hay que generalizar un réquiem que sería improcedente por los cafés de Buenos Aires, ya que subsisten infinidad de ellos y muchos están lo mismo que estaban cuando se abrieron, hace varias décadas. Y otros surgen cada día, detrás de cada esquina.

Entre los que subsisten pese a viento y marea y conservan su estilo está el Tortoni, en la española Avenida de Mayo. En sus veladores de mármol se han sentado celebridades como Rubén Darío, Ramón Gómez de la Serna y Enrique Cadícamo, que escribió entre otras cosas inolvidables un folletín titulado, precisamente, Café de camareras, que se acaba de reeditarse.

Baldomero Fernández Moreno inmortalizó el Tortoni con sus famosos versos: A pesar de la lluvia hoy he salido/ a tomar un café y aquí estoy/ bajo el toldo tirante y empapado/ de este viejo Tortoni conocido... .

También en la calle Corrientes calle de cafés y teatros están El Foro, al que no van abogados y La Paz, donde todo el mundo pide guerra. Y El Vesubio, famoso por su chocolate con churros, al que han aggiornado y ahora da pena verlo, con sus mesas de acrílico y sus sillones enanos forrados de plástico que imita cuero.

En la Avenida de Mayo hay también otro café muy popular: Los 36 billares. Allí, naturalmente, se juega al billar. En La Academia, en la céntrica avenida Callao, se juega a las cartas y se toma anís. En Metrópolis, ya desaparecido, se bebía el mejor calvados de Buenos Aires.

El que sí subsiste, como un hito, es el Edelweis, donde se come a cualquier hora del día y tira muy bien la cerveza. El Edelweis está en la calle Libertad, muy cerca de Corrientes. Tiene un aire alpino y cabezas de ciervos y antílopes disecadas en las paredes, tachonadas por todas las crónicas que se han escrito sobre él, encristaladas y enmarcadas.

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