BOGOTÁ Y EL LLANO

BOGOTÁ Y EL LLANO

Con pertinaz recurrencia, el novel candidato a la Alcaldía de Bogotá, Enrique Peñalosa L., reclama desde estas páginas una distribución de las regalías petrolíferas tal que, al diseñarla en la ley a partir de la variable poblacional beneficie, en mayor grado que a las demás, a las ciudades y regiones más pobladas del país. Dice el capitalino, jupiterino y distinguido aspirante que son excesivos los porcentajes y recursos que el proyecto de ley respectivo deja en cabeza de las regiones y localidades productoras, que su población es ínfima y que utilizar indicadores tales como el de Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI) implica un sesgo muy peligroso contra Bogotá, entre otras consideraciones.

17 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

Ante todo, sorprende de veras que el joven y brillante político exprese visiones tan ellas sí sesgadas de la realidad nacional. Al doctor Peñalosa no le debían ser ajenas referencias socioeconómicas, políticas e incluso estratégicas que, a lo largo de la historia, dicen claramente de lo peligroso que ha sido para el país el olímpico desdén con que cierta dirigencia altiplana ha mirado las regiones periféricas.

En el caso llanero, son insoslayables las injusticias, el abandono excesivo y el vicioso centralismo que causaron, apenas para citar algunos ejemplos, el intento de anexión de Casanare a Venezuela en 1829, la marcha reivindicatoria de Juan N. Moreno sobre Bogotá en 1831, la rebelión araucana de 1917 más conocida como La Humbertera y la evolución de la guerrilla liberal llanera de 1948 al replantear su lucha en consideraciones regionales que trascendían su carácter original de resistencia política. Por desgracia, la historia es, fundamentalmente, la repetición de lecciones que no se aprendieron , decía Toynbee.

Sin embargo, lo que más llama la atención en los argumentos del doctor Peñalosa es que estos no reflejan percepción alguna en cuanto a que el llano es espacio estratégico imprescindible para el desarrollo de Bogotá. Los grandes proyectos que los llaneros quieren y pueden ayudar a construir con los recursos de sus regalías, beneficiarán fundamentalmente a la capital: la autopista Bogotá-Villavicencio dirigirá los flujos migratorios hacia el llano, hacia las tierras nuevas y equipadas y no hacia la asfixiada Bogotá: el aeropuerto internacional en los llanos será, ante todo, recurso de Bogotá y menos obviamente de Villavicencio; recuperar para la navegación el eje Meta-Orinoco acercará dramáticamente al mar a la metrópolis andina y ensimismada; desarrollar la agroindustria en el ubérrimo pie de monte y la ganadería moderna en la vasta planicie, es crear una inagotable fuente de alimentos para el país y específicamente para Bogotá.

Ya desde los años 30, López Pumarejo hablaba de la hemiplejía nacional como origen de nuestras grandes tensiones internas y señalaba, anticipatoriamente, hacia el llano incluso con su ejemplo personal como escenario del porvenir de Colombia y no sólo de su heroico pasado. No entender esto sería un error histórico inconmensurable y, probablemente, fatal para el país.

Por ello, antes que antagonizar pendenciera y equivocadamente con los llaneros, lo que conviene a la dirigencia bogotana es reunirse con éstos y examinar conjuntamente un destino que tan claramente se vislumbra conjunto, solidario y complementario.

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