DECÁLOGO DE LIBERTAD:

DECÁLOGO DE LIBERTAD:

19 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

Leer por obligación sí es un martirio. Los sistemas educativos y la ignorancia de los maestros pesan cada día más en contra de la literatura. La televisión es un aparato corruptor de lectores. Las minicaseteras personales (los tales walkman), los invasores juegos electrónicos, el aprendizaje aberrante, las protuberantes fallas en las bibliotecas públicas, la sapiencia apócrifa de quienes suelen vanagloriarse de que mucho leen, la falta de una crítica objetiva y de una polémica permanente entre los elementos que componen el mundo literario, son causas directas de que la gente lea menos cada día. A esas, entre muchas otras conclusiones, se llega tras disfrutar la aventura propuesta por el simpático neopolar , quien además establece un singular decálogo que consagra los derechos del lector.

Intento de resumen: 1. Derecho a no leer. Se evitará considerar a priori a cualquier individuo que no lee, un bruto en potencia o un cretino contumaz. 2. Derecho a saltarse las páginas. Por qué detenerse en lo que no llama la atención?. 3. Derecho a no terminar un libro.4. Derecho a releer. Algunos reencuentros constituyen felicidad. A veces, repetir es un placer. 5. Derecho a lo que dé la gana. Se pueden leer malas novelas. A cierta edad pueden estimular el saludable vicio de la lectura. Lo bueno para mí puede ser malo para ti. 6. Derecho al bovarismo (enfermedad de transmisión textual). La satisfacción inmediata y exclusiva de las sensaciones. No porque una joven coleccione novelas rosas acabará tragándose una cucharada de arsénico. 7. Derecho a leer en cualquier lugar. La cama, el bus, la fila en el confesionario, pero especialmente en el baño, no lo niegue. 8. Derecho a hojear. Proust, Shakespeare, Chandler. Pero, quién dijo que Corín Tellado no tiene derecho a proporcionar cinco minutos de esparcimiento? 9. Derecho a leer en voz alta. No sólo para uno, sino para quien lo escucha, puede resultar estimulante. 10. Derecho a permanecer en silencio. Como cuando la policía detiene a un sospechoso. Lo que nos proporciona la lectura puede ser un tesoro personal. Para qué discutirlo con quienes nada leen y todo lo saben? Por qué perder ese indescifrable placer de la primera sensación? Habrá, en Colombia, algún secreto autor neopolar que se coloque al lado de Pennac y trate de sacar a nuestros lectores del limbo, a nuestros maestros del abismo y a nuestros escritores del Desierto y de la Torre de Babel?

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