ARROZ CON LECHE

ARROZ CON LECHE

Hay canciones que se nos quedan grabadas de forma indeleble en la memoria y nos marcan para toda la vida. Quién pone en duda el poder sugestivo de las nanas de cuna o las canciones del colegio de párvulos y su influencia definitiva en nuestro desarrollo? Nadie, desde luego. Por eso hay que tener mucho cuidado con lo que se le canta a los infantes. Para mí, por ejemplo, la coplita arroz con leche/ me quiero casar tuvo notables consecuencias que no podía imaginar en aquellos años de inocencia y niñez. Desde que oí la eterna ronda del arroz dulce, me apropié del ideal de unir mi destino al de una señorita capitalina, diestra en labores domésticas, e hice de ese himno una meta inalcanzable de realización. No es exagerado afirmar que me fue imposible, durante los años casamenteros, encontrar a alguien que supiera coser, bordar y pusiera la mesa en su santo lugar. Las razones eran evidentes, sobre todo para las ciudadanas de las modernas urbes: falta de tiempo, costos inferiores en la

19 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

Sería posible tanta vehemencia innata en mi necesidad de arroz y matrimonio, cuando los orígenes del grano blanco estaban tan lejanos en el tiempo y el espacio? (Se cree que ya se cultivaba en el 3.000 a.c., en el sudeste asiático). Tal vez sí lo fuera; no olvidemos que la costumbre de echarle arroz a los recién casados, al salir de la iglesia, y el anhelo de que me rociaran de granos el día de mi boda, tiene sus raíces en una milenaria práctica de origen indio, en la que el arroz simbolizaba la fecundidad.

Receta dulce No tenía que buscar tan lejos la explicación al condicionamiento cultural de mi obsesión; si bien Confucio escribía: una cocina sin arroz es como una mujer hermosa a la que le falta un ojo , y Plinio comparaba las tisanas de cebada al agua de arroz hechas por la gente de la India, mis referencias estaban más a mano en el libro Nuevo arte de cocina, del moneje franciscano Juan de Altamiras que en 1741 escribió, en dicho volumen, una receta de arroz con leche de almendras.

Pese a la relativa proximidad de un hecho que podía influenciar mi predilección gastronómica, para que el buen fraile que acabamos de nombrar escribiera tan dulce receta pasó casi medio siglo, porque la palabra arroz apareció por primera vez, en castellano, en el año 1255 (aunque el arroz fue introducido en España por los árabes en el 711) en la traducción del libro Calila e Dinna, hecha por encargo de Don Alfonso X el Sabio . En aquellos tiempos, o sea el mil doscientos y algo, la cancioncita: arroz con leche/ me quiero casar/ con una señorita de la capital no se conocía (de haber existido tal copia, las Cantigas que escribiera tan famoso rey habrían sonado más) pero el joven Alfonso X, igual que cualquiera de nosotros, era aficionado a los postres y con seguridad al arroz con leche.

Idéntica afición al arroz con leche de almendras tenía su contemporáneo, el rey Luis IX de Francia, mejor conocido por San Luis, y es sabido que este plato se lo sirvió, nada menos que a Santo Tomás de Aquino, durante una célebre cena palaciega, antes que el rey francés se fuera a Túnez, para emprender su última cruzada cristiana. Como se puede ver, la historia de la civilización etá llena de arroz y de golosos; no soy heredero de la fecundidad de los antiguos indúes, la sabiduría de Confucio y Alfonso X, ni la vocación célibe de Santo Tomás, pero sí reconozco el legado biológico y algo cultural, de la predilección por el arroz con leche. Afortunadamente he hallado una mujer que lo sabe preparar y pude cumplir con ese antojo, inscrito en mi dotación genética, desde tiempos inmemoriales y que afloró gracias a una ronda pegajosa, aprendida durante los años de guardería. Arroz con leche especial (Para 6 personas) 1 y 1/2 litros de leche 3/4 de taza de arroz 1 taza de azúcar 1 cucharada de mantequilla 2 yemas de huevo 1 raja de canela y la cáscara de un limón Se pone la leche al fuego y la cáscara de limón. Cuando hierva se le agrega el arroz; se deja cocinar de 50 a 60 minutos añadiéndole azúcar a mitad de cocción; se retira del fuego y se agregan las yemas batidas y la mantequilla. Se vierte en un recipiente y se espolvorea por encima con canela rallada. Receta del libro Cartagena de Indias en la olla De Teresita Román de Zurek

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