DELIRIO SOBRE LA VIOLENCIA

DELIRIO SOBRE LA VIOLENCIA

A un año de publicada No morirás, la novela de Germán Santamaría, el autor obtiene con ella el primer premio en el Concurso Iberoamericano de Primeras Novelas Santiago del Nuevo Extremo, otorgado en Chile. La obra mereció la más elogiosa crítica por parte del jurado (Eduardo Gudiño, Nélida Piñón y Antonio Skarmeta), que la calificaron como una meditación acerca de la violencia en todos los sentidos, una historia de amor narrada sin patetismo, pero sí con dolor . Colombia es un país que vive sumido en la violencia desde su nacimiento a la cultura de occidente, sin embargo solo hasta finales de la década del cincuenta se empieza a ver cómo la novela colombiana toca de una manera especial y concreta este fenómeno. En febrero de 1959, EL TIEMPO convoca a un concurso de cuento, cuya base es Tema nacional o grancolombiano . En junio el jurado (Pedro Gómez Valderrama, Javier Arango Ferrer y Fernando Charry Lara), da a conocer el fallo: La duda, de Jorge Gaitán Durán; Aquí yace alguien, d

19 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

La violencia concebida como espacio vital, gravita pues sobre la sensibilidad de nuestros escritores, quienes encuentran en ella la dolorosa memoria de nuestra historia. Con mayor razón sobre los escritores que, como en el caso de Germán Santamaría, se han iniciado en el periodismo, oficio que los lleva día a día a convivir con sus diferentes formas perturbadoras. El tema de la violencia en No morirás es recurrente y se manifiesta en todos los sentidos del relato. De hecho, la anécdota se centra en la búsqueda que hace el protagonista José Durango, del hombre que le debe dar una prometida muerte violenta. La novela recrea el espacio de Armero, pueblo azotado por la violencia de la naturaleza, aplastado por el dolor y la pérdida, donde sólo los muertos se salvaron y donde a consecuencia de la tragedia ya nadie tiene importancia .

Encontramos en el relato dos historias distintas pero que simultáneamente plantean la particularidad de la violencia: la procesión de las ánimas, personaje colectivo que precede a la mayoría de los capítulos y que transcribe la multiplicidad de la violencia colombiana, y la historia concreta de José Durango, quien personifica en él la realidad violenta del ser humano. Estas historias se vierten la una sobre la otra, aumentando la tensión significativa del universo creado: la primera representa el inconsciente colectivo del país, con su larga carga de muertos y caos, superando el concepto dual de buenos y malos. La segunda es un mundo particular y determinado construido consecuentemente y que sigue la línea de soledad y abandono con que las novelas de la violencia escritas en Colombia enfrentan a sus personajes, los cuales soportan así un duro destino marcado por diferentes dolores.

Hecho social En No morirás por ejemplo la violencia de la naturaleza es una constante que se siente a través de las ruinas que dejó la avalancha, o en la dura lucha de los habitantes para rehacer el pueblo, o en la tierra que ya no produce frutos. Ese caos conforma la realidad y es a su vez la mayor culpa de José Durango: el no haber estado ahí para que esa fuerza devastadora de la naturaleza arrasara con su propia vida. Es constante también la violencia en las decisiones (arrojarse al río, tentar a los ladrones, azuzar el duelo), la violencia política, y la violencia del amor que pudre y que se hace una noche de vigilia, en un hotel barato, escuchando afuera los disparos y los gritos.

Pero todas las violencias se vuelven secundarias frente a la violencia personal del drama de José Durango, aumentada por la fuerza violenta del rencor de su propia hija. Porque la anécdota en No morirás la constituye la historia de un hombre que regresa a que le cobren una acción y le rediman así de su culpa. Un hombre que da vueltas y vueltas a un lugar para purgar un pasado, y se encuentra un presente de muerte por fuera de la propia muerte que anhela; y en lugar de ella, el desprecio de quien más ama porque es parte de sí mismo con su mismo lunar, su misma marca de sangre: Diana Valezca, su hija que tampoco le perdona (como él mismo) el haber llegado tarde a la cita con la muerte.

Pero quizás el mayor logro de la novela es su estructura circular, donde el primero y el último capítulo se corresponden y donde las notas en bastardilla antes de cada capítulo dan la armazón paralela del sentido histórico del penúltimo. Es en este capítulo en el que se ratifican aquellos seres que existieron en un momento determinado, e hicieron parte de la realidad y la vida de un pueblo. Seres con nombres propios, con vidas segadas arbitrariamente, conformando una larga procesión de dolientes que encarnan con su muerte la mentira y la crueldad de la vida.

Para Goldmann la novela es un hecho social cuyo sentido lo da la historia, o sea, un hecho humano con una realidad concreta. La novela pues corresponde a algo dentro del funcionamiento de una sociedad. El que crea es más que un individuo, es una colectividad que produce ciertas estructuras mentales, y si bien el novelista escribe, como en el caso de Santamaría, una anécdota, lo que rige en el mundo de la novela son valores creados por una sociedad que el novelista encarna y les da coherencia. No morirás es sin lugar a dudas, un fascinante delirio de la imaginación , sustentado en la dolorosa realidad de un pueblo.

Concepto del jurado El premio se otorga por la intensa narración de las consecuencias que tiene en la vida de los habitantes de un pueblo colombiano una catástrofe natural, el aluvión de Armero que dejó más de veinte mil muertos. Sobre el trasfondo de esta tragedia, Germán Santamaría en No morirás construye una ficción autónoma, que constituye una fascinante elaboración poética de los acontecimientos, donde la travesía que hace su protagonista entre la mortandad y la reconstrucción denota una enorme energía moral que revela las raíces de la violencia entre los hombres, los caminos de su redención, la desmitificación de una ética de confrontaciones. El jurado celebra su prosa ascética, su tono antipatético para dar cuenta de dolor individual y colectivo, la convincente alusión a mitos del occidente, la originalidad de su trama, y el despliegue metafórico del desenlace donde las imágenes mismas se impregnan de la violencia de la avalancha. Expresando un acontecimiento local, Santamaría encuentra el camino para expresar los estoicos sentimientos ante la desgracia que tienen carácter universal. (Fragmento). Nélida Piñón (Brasil) Antonio Skarmeta (Chile) Eduardo Gudiño (Argentina)

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