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INTERÉS PÚBLICO, DÓNDE ESTÁS QUE NO TE VEO

INTERÉS PÚBLICO, DÓNDE ESTÁS QUE NO TE VEO

La crisis de Señal Colombia no es sino la punta del iceberg. Refleja eso sí, los síntomas de ausencia de políticas generales sobre el futuro desarrollo de la televisión, manejo personalista y a dedo de los contratos, imprevisión.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
28 de abril 1996 , 12:00 a. m.

Pero también, un período de transición y de ajuste que ha sacudido a todo el sector, luego de la aprobación de la Constitución del 91 y de la ley 182 de 1995, que desarrolla los principios constitucionales sobre la materia.

Precisamente estas dos últimas razones, nueva legislación y transición a un sistema de privatización requerían de un especial cuidado en la fijación de las políticas generales sobre televisión, una colaboración armónica entre las distintas entidades que en el sector público tienen que ver con la televisión: la Comisión Nacional de Televisión (CNTV), Inravisión y el Ministerio de Comunicaciones. No ha sucedido ni lo uno ni lo otro.

Comisión de fondos El primer vacío fue el legal y, sin duda, propició el desmadre. La ley 182 no previó que la CNTV tuviera que mantenerse con algo mientras se realizaba el traspaso de ingresos de Inravisión y la adjudicación de los nuevos canales privados.

Aunque Jorge Valencia Jaramillo, actual presidente de la CNTV, reconoce que las colisiones son explicables en un período de transición como este , también admite que los celos institucionales empezaron a notarse desde ese momento.

Ni el Ministerio de Comunicaciones ni Inravisión tenían prisa de que la Comisión entrara en funciones. Luego de ensayar soluciones infructuosas que llevaron varios meses, la Comisión tuvo que llegar al absurdo económico de solicitar un préstamo bancario de los encantados Bancafé (3.000 millones de pesos) y Banco del Estado (500 millones de pesos) con los ahora bien altos intereses corrientes (DTF + 5,75 por ciento) para poderse instalar, comprar mobiliario indispensable, cancelar la luz y el teléfono.

Sobra decir que a pesar de que quedó divina la sede de la Comisión (como conviene a su rango), quienes en últimas vamos a tener que pagar esos altos intereses bancarios somos los colombianos, y por supuesto, la televisión pública, que tendrá menos dinero.

Ahora, los reproches son al revés. De Inravisión a la Comisión por haberlo dejado sin cinco, luego de la cesión de la titularidad sobre la concesión de espacios prevista por la ley y realizada mediante acta en diciembre.

Un informe del subdirector financiero, del 10 de abril, por cierto más alarmista que la realidad, anota que de un presupuesto de $ 80.527.800 para 1996, se puede generar un déficit de más de 13.000.000 millones de pesos.

Urge que la CNTV le devuelva a Inravisión lo que necesita para su funcionamiento, como lo prevé la ley. Solicitará a su turno Inravisión otro préstamo bancario para sobrevivir durante esos ires y venires? En este mundo de absurdos, todo es posible.

Pero aun antes de esos episodios, a Inravisión y a sus encargados poco pareció dolerles la cartera morosa, que se convirtió en un modus vivendi con los concesionarios de espacios.

Según el balance de 1995, las cuentas por cobrar crecieron en un 113,34 por ciento y las deudas de dudoso recaudo provenientes de las programadoras, ascendieron a 1.676 millones de pesos, en parte por el desastroso resultado de la programación de 24 horas, decidida en forma improvisada.

Pero quién, en últimas, sufrió los platos rotos? La televisión pública. Audiovisuales, con Inravisión, iba a convertirse en la programadora de interés público.

La realidad fue que el propio promotor de la ley 182 y el que más hablaba del interés público, el ministro Armando Benedetti, fue quien le hizo el hara kiri a Audiovisuales, privándola de los recursos que obtenía de los canales Uno y A, para dar los espacios a las asfixiadas programadoras privadas matutinas de la televisión de 24 horas.

Audiovisuales se quedó sola, con sus horarios suicidas de las 2 a las 6 de la mañana. Y, otra vez, se sacrificó la televisión pública para remediar metidas de pata.

Directivos (e) En estos últimos seis meses, Inravisión ha tenido seis gerentes, de los cuales varios encargados José Jorge Dangond, Rodrigo Durán, quien era secretario general de Inravisión, Arnaldo Meneses (e), Secretario General del Ministerio de Comunicaciones, Gustavo Lecompte, Vicente Silva (e) y ahora el recién nombrado Edgar Plazas, ex gerente de la Edis ( para que recoja los escombros? es el chiste), quien al parecer tampoco ha trajinado por el medio.

José Jorge Dangond, el primero de los seis y el que más duró, se vanagloriaba en una época de ser el primer emisor pirata de señal de TV pero, al menos, conocía el medio. La dupleta Benedetti Dangond tomó también dos decisiones que han pasado inadvertidas ante las peleas por los contratos de la Señal Colombia: algunos técnicos consideran que la primera fue acertada aunque costosa (televisión satelital) y la otra tecnológicamente desastrosa (canal educativo cerrado).

De lo poco que se sabe del fugaz paso de los demás es que procuraban no tomar decisiones, en particular los encargados. A propósito, Inravisión por dentro está encargada, con el fatídico (e): en particular, es el caso de la jefatura de planeación y la oficina jurídica, sin mencionar las peleas que se han dado a nivel de Secretaría general y el tema de la dirección de Señal Colombia, ayer y hoy contratadas por asesorías externas, todo lo cual contribuye a diluir responsabilidades: qué más da, si el Estado no tiene dolientes! Pero si de escasa trayectoria en el medio se trata, por los lados de la Comisión de Televisión no escampa, puesto que solo la tiene el presidente Jorge Valencia Jaramillo.

Ello presenta desventajas cuando sobre esos cinco todopoderosos se ejercen tantas presiones y en momentos en que están pendientes de reglamentación aspectos tan decisivos como la definición de los canales zonales, el reordenamiento de frecuencias, el porvenir de la televisión cableada y cerrada, y sobre todo, el porvenir de la maltrecha televisión de interés público.

La manera como se han dividido algunas funciones es sintomática no solo del poco espíritu de grupo, sino de un peculiar manejo regionalista.

Así, por ejemplo, la asistencia a las juntas directivas de los canales regionales se repartió por los claros intereses regionales: al antioqueño Jorge Valencia Jaramillo le tocó Antioquia; al costeño Eugenio Merlano, Telecaribe; a Alvaro Pava (con vínculos con la ciudad de Cali), Telepacífico; a Mónica De Greiff, Inravisión. Y a Carlitos Muñoz, Telecafé.

Ello, desde luego, impide pensar en términos globales sobre el porvenir de los canales regionales y reproduce a ese nivel el personalismo.

El interés perdido La TV privada, sin duda contesta sin titubear Jorge Valencia Jaramillo cuando le pregunto sobre cuáles son, a su modo de ver, las grandes prioridades en materia de la televisión.

Y luego ante mi interrogación admite que también es una gran prioridad conseguir la consolidación de la Señal Colombia .

Ni una palabra del canal educativo, que el ministro Juan Manuel Turbay, por declaraciones a este diario, declaró suspendido indefinidamente.

Para Norma Jimeno, encargada de conceptualizar el proyecto, y que finaliza su contrato como asesora, el episodio solo le deja frustración.

Ahora se va porque no le marcha al propósito de chutarle a la Señal Colombia los restos del canal educativo. Admire que el proyecto tecnológico de la TV educativa no ha sido claro , pero también que el proyecto nunca fue una prioridad del gobierno, y que las directivas de Inravisión nunca se interesaron siquiera por hacer ante la CNTV una petición formal de autorización y regulación.

Por qué, entonces, se gastaron 800 millones de pesos de los contribuyentes para la conceptualización, y preparación de programas y 1.173 millones de pesos más en antenas, de a millón cada una, ahora arrumadas, sin uso alguno , en las escuelas en que fueron instaladas? !Qué más da, si el Estado no tiene dolientes! Y el futuro? Pero si el interés público en relación con la TV pública parece hoy más diluido que nunca, tampoco es claro lo que va a pasar con la TV privada, como lo reconoce el propio Valencia Jaramillo.

El mercado va a estar saturado y es pronosticable a la larga una mayor concentración oligopólica.

Tres nuevos canales regionales están haciendo fila para conseguir aprobación. En 1998, de acuerdo con la ley 182, los canales zonales podrán volverse nacionales, y hasta esa fecha los grupos económicos pueden conservar sus inversiones en los canales A y Uno, es decir, jugar a dos bandas, lo cual, reconoce Valencia Jaramillo con fatalismo, les dará ventaja, tanto por los altos costos de inversión de los canales zonales, como por la saturación publicitaria.

En un primer momento, la atomizada va a ser total -dice-. Por eso, en mi opinión no debería haber más canales comerciales .

Pero los habrá, porque esa es la prioridad, porque hay presiones, porque la CNTV necesita plata para reemplazar la que le tiene que devolver a Inravisión y, sobre todo, porque el interés público no tiene quién lo cuide.

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