ACTUALIDAD BOLIVARIANA

ACTUALIDAD BOLIVARIANA

Cada vez que hay un cambio profundo en la política de Venezuela, los ojos se vuelven al ideal bolivariano. Ideal que se realizó a cabalidad en 1819 en Angostura, cuando se produjo como un milagro la fusión de lo que luego se llamó la Gran Colombia. Apenas nos damos cuenta de lo que significa sacar de la nada, es decir, de los llanos a orillas del Orinoco, un ejército en que unidos Nueva Granada y Venezuela, y con ellos Quito y Panamá lo que son hoy cuatro repúblicas lo suficiente para salir de esas soledades, atravesar la mitad de Suramérica y de victoria en victoria llegar hasta Ayacucho y derrotar al imperio europeo más grande de entonces. Esto fue lo que se llamó el ideal bolivariano. Bolívar lo había anunciado cuando el terremoto de Caracas, diciendo que si la naturaleza se oponía a los designios de los libertadores, los libertadores lucharían contra la naturaleza. Lo hicieron y la vencieron. Ese ideal, que era un desafío temerario, todavía vibra hoy como un sueño quijotesco en

16 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

Concluida la guerra en Ayacucho, debía reducirse a una fórmula institucional ese empeño que había hecho de lo imposible la realidad americana. Y ahí Bolívar fracasó con un sistema de presidencia vitalicia irresponsable, que fue universalmente rechazado, empezando por los mismos venezolanos, que se alzaron y llegaron a ser los primeros en separarse del sistema.

De este comienzo contradictorio quedó vivo el ideal original y viva la oposición a la idea dictatorial encarnada en la Constitución para Bolivia. Cuando Bolívar hace sus dramáticos llamamientos en Santa Marta y coloca a los colombianos, como sigue llamando hasta el último día a todos los hijos de su ensueño ante el abismo creado por su propio sistema, lo que hace en el fondo es colocarnos ante el prodigioso triunfo se su pensamiento original.

Vueltos a una situación no menos dramática que la de 1819, tenemos en Sur América un desafío más tenebroso que el mismo que representaba para nosotros la pacificación de Morillo o la amenaza, a través de la Santa Alianza, de la reconquista. La vuelta al imperio la pararon los españoles republicanos quijotescamente. Hoy es un capítulo de la historia de España, de que los propios españoles pueden sentirse orgullosos porque han incorporado a sus hijos en América como la parte independiente de su propia estirpe que se pronunció por la libertad y contra la reacción, con elementos que, en el fondo, eran de raíz española. Cuando Fray Bartolomé de Las Casas promueve las Leyes de Indias, lo que se acuerda en Burgos es una legislación española que contradice toda la anterior con argumentos contrarios a los que aconsejaría la reacción en España.

Pero si yo digo que en la raíz de los Derechos del Hombre están las doctrinas del Padre Vitoria o de Bartolomé de Las Casas, estoy haciendo una afirmación española que contradice a la reacción del fanatismo peninsular. Como Bolívar era un español que se alzaba contra otro español, es decir, contra Morillo. Por esto creo que, en el triunfo actual de Copei en Venezuela, pueden encontrarse elementos de conciliación republicana que le den al ideal bolivariano el ímpetu revolucionario que lo hizo fabulosamente victorioso cuando se enunció en Angostura.

Puede aparecer como una paradoja. Pero Dios sabe si en el triunfo de Copei podríamos encontrar, en último término, elementos que acaben por hacer viable lo que finalmente no se logró en las últimas administraciones de Acción Democrática. Y que, en el fondo, ante la inminencia de los abismos que abre ante nosotros la amenaza del narcotráfico guerrillero, sea finalmente posible unir a todas las fuerzas grancolombianas en una lucha tan difícil, si no más difícil, que la de 1819. Lo que hoy pone en peligro al Nuevo Mundo es su propia corrupción. Es la roya que amenaza los follajes sanos de la ecología política. Caldera representa un puente tendido hacia el futuro, como una esperanza bolivariana. El lo sabe y sabe también que Acción Democrática no se ha opuesto a su llegada al poder. Por su parte, Acción Democrática está pagando el precio de haber perdido la confianza popular en el momento en que la amenaza llegó al punto más grave de la historia de Venezuela.

Lo absurdo sería insistir en las pequeñas diferencias que puedan separar a Colombia y Venezuela. Y en este orden, yo colocaría lo de la plataforma submarina originado por la ocupación de Los Monjes cuando la presidencia de Pérez Jiménez. Respetando las razones que haya tenido desde el primer día Caldera para oponerse al tratado que se celebró entonces, si por muchos años ha sido imposible en un diálogo fraternal solucionar este incidente, lo indicado sería someterlo a un arbitraje como Chile y la Argentina lo hicieron en la cuestión del canal del Beagle, acudiendo a la intervención del Papa. Algo parecido pueden hacer los países hermanos y hacerle frente al gran problema de Suramérica, que en cierto modo es el problema del mundo.

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