CUIDADO CON EL ESPIRITU CONTAMINAVIDEÑO

CUIDADO CON EL ESPIRITU CONTAMINAVIDEÑO

Para las gentes del hemisferio norte -donde se encuentran Bogotá y la mayor parte de Colombia- la época en que ahora celebramos Navidad, fue siempre especial. Aún antes del nacimiento de Jesucristo estuvo cargada del más profundo respeto a la naturaleza. Este simbolismo ambiental impregna también la tradición cristiana en su versión original. Pero, lo que podríamos llamar econavideño ha venido siendo tergiversado en nuestro medio por el consumismo, con tal miopía histórica, que diciembre amenaza convertirse en el mes antiecológico por excelencia, y sus festividades en algo de lo más contaminavideño .

15 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

Con la llegada de las nieves, los antiguos veían acortarse los días y alargarse las noches. Al finalizar el año, el sol recorría trayectos cada vez menos amplios por el firmamento. Estaba enfermo y podía morir sumiendo la Tierra en tinieblas.

Afortunadamente, el 21 de diciembre llegaba el solsticio ( el sol está quieto ), el día más breve, y renacía la vida victoriosa sobre la muerte. Los períodos de luz comenzaban a ampliarse de nuevo... esta fecha fue escogida como celebración de Mitra y otras divinidades solares.

Según algunos historiadores, para contrarrestar ese paganismo, los pontífices trasladaron la celebración del natalicio de Cristo del 6 de enero al 24 de diciembre. Este episodio, que aparece desde el siglo IV en las pinturas, tenía de por sí un significado ambiental.

Jesús nació en un establo junto a un buey y un burro, de cuna le sirvió un pesebre o cajón donde se pone forraje para que coman las bestias. Era la vida venida a alimentar a la vida.

San Francisco de Asís (1181-1226) hizo representar por vez primera la escena. Sea con figuritas o actores vivos, la católica costumbre se popularizó en Italia, Suiza, Francia y Alemania.

Durante la Edad Media, al capítulo del establo se le añadieron otros del misterio de la Natividad, que va de la Anunciación a la adoración de los magos. Así llegó a España y tomó el nombre de pesebre , de allí a Hispanoamérica donde asumió, según la región, características diversas.

En Colombia el pesebre ganó en volumen y magnificencia pero perdió en pureza. Es muy dudoso que el Santo de Asís, quien llamaba hermanos a todos los seres de la creación, hubiera aprobado nuestros pesebres del siglo XX. Porque el pesebre franciscano era una sobria réplica del portal, y no una maqueta a escala de toda Asia menor.

Además, no vería piadoso rememorar la vida con la muerte de seres como los musgos que mantienen la humedad, forman humus y evitan la erosión en los suelos, dando casa y comida a muchas especies vegetales y animales. Le escandalizaría ver sacrificar quiches (guzmanias[ob0] o tillandsias) que guardan humedad y adornan así mismo los páramos.

Había musgo en Palestina? Jesucristo no vio la luz en la selva húmeda tropical. Ni en ningún sitio de exuberante vegetación. Por eso, Francisco de Asís, en aras de la tradición, rechazaría también el uso de musgos o lamas, sobre todo típicos del ecosistema paramuno de Colombia, Ecuador y Venezuela.

Basta con ver fotos de Belén, para descubrir que la patria chica de David y Jesús es arenosa, semidesértica con algunos cipreses, olivos, viñedos, naranjos y cultivos de trigo o cebada, palmeras... pero ni rastros de quiches ni musgo en 3.000 kilómetros a la redonda! No hay torrentosos ríos como los que muestra nuestro pesebre en algodón, excepto el Jordán (y por cierto muy lejitos).

Es cruel y dañino arrancar lama, además, tonto, pues el Salvador, en señal de humildad, nació en uno de lo sitios menos favorecidos por la naturaleza. Con gravilla y desechos de construcción se confeccionaría un pesebre más real.

Olvidado su significado, las tradiciones se hacen mecánicas. Desde Caín y Abel, en la Biblia, cuando los hombres ofrecían a Dios frutos o animales, estos eran criados y cultivados por ellos, no tomados furtivamente o cazados en alguna montaña. De seguro, Ricardo Arjona, en su canción Jesús es verbo, no sustantivo , se burlaba de quienes creen que ganan el cielo construyendo un suntuoso pesebre.

Ambiental en sus comienzos, e igualmente deformada, es la costumbre del árbol navideño: vino de los antiguos nórdicos (Vikingos), de Suecia y Noruega, a través de misioneros cristianos que la adaptaron a su celebración.

Germanos y escandinavos adoraban las coníferas (pinos y abetos) porque no perdían sus hojas en invierno, a diferencia de otros árboles. Ningún investigador ha reportado que para homenajear tal vitalidad los talaran y llevaran a casa sus ramas, adornándolas y botándolas en enero a la caneca.

Más triste aún resulta que las personas se dediquen semanas a acicalar bellos árboles de metal o plástico, sin gastar ni media hora al año en los árboles vivos, cuya siembra periódica sería mejor homenaje a la divinidad, y más útil que el decorativo esfuerzo, finalmente desarmado y vuelto a armar el siguiente diciembre (cuando haya 100 ó 200 mil hectáreas menos de bosque).Papá Noel deforesta...

Hasta Santa Claus, el benefactor de los niños, podría verse involucrado, por culpa de la publicidad, en delitos contra el ambiente. Pues de seguro el buen viejito no aprueba que se tumben cientos de árboles para hacer con ellos bello e inútil papel de regalo que por toneladas va a dar al cesto de la basura después de Nochebuena.

Eso, sin hablar de la pólvora. El espectáculo pirotécnico es hermoso, pero por desgracia su ruido afecta los tímpanos, llena de niños quemados los hospitales y libera azufre a la atmósfera.

Cuando Ch. Goodyear y Ch. Hancok inventaron la vulcanización, que aumenta la resistencia del caucho incorporándole azufre, no imaginaban que nos haríamos expertos desvulcanizadores, quemando llantas y liberando así enormes cantidades de dióxido de azufre que, disuelto en agua, es el causante de la lluvia ácida.

Cada región se apropia de la Navidad. Cristo no conoció el muérdago (Viscum album), ni nosotros tampoco!. Esta es una planta parásita norteamericana cuyas hojas y pepas rojas sirven de modelo a las coronas navideñas.

Tampoco se comió pisco o pavo (Meleagris gallopavo) en las primeras 1.500 y pico navidades, pues es oriundo de Estados Unidos.

Es cierto que las industrias de papel regalo, pólvora y árboles de plástico emplean a muchas personas, pero habiendo tanta creatividad no podrían inventarse otras cosas? Sin caer en moralismo mojigato, quizá ni carne debiera comerse en la Noche de Paz para no hacer sufrir los animales; ni consumir licor porque es fiesta de niños, y los borrachos les dan mal ejemplo, no los entienden y se olvidan de ellos.

Lo navideño simboliza lo modesto que puede ser el principio de todo, por ello nuestros pesebres deberían hacerse con basura. Primero, porque sería lo más representativo de la humildad en el mundo moderno. Segundo, por usarla en algo, y tercero. porque dada su sencillez, si el Redentor decidiera regresar, su pesebre estaría en un tugurio. Amén.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.