BOGOTÁ NECESITA UN METRO LIVIANO: ERNESTO SAMPER

BOGOTÁ NECESITA UN METRO LIVIANO: ERNESTO SAMPER

En una carta a manera de comentario alrededor de un editorial de este periódico sobre la situación de Bogotá, dirigida al director de EL TIEMPO, el precandidato liberal Ernesto Samper asegura que la ciudad no tiene alternativa distinta de un metro liviano, y anuncia que ha sugerido la creación de una consejería presidencial para el desarrollo social de la capital, con el fin de que el gobierno central se preocupe por la suerte de las zonas más pobres. Samper se refiere igualmente a la falta de civismo de los habitantes de Bogotá, al desgobierno palpable, y anuncia la realización de un foro, en los primeros meses del 94, sobre la capital y las soluciones que requiere de urgencia.

15 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

El texto de la carta es el siguiente: Don Hernando Santos Castillo Director EL TIEMPO Apreciado Hernando: Leí con preocupación la impresionante radiografía que hace el editorial de EL TIEMPO del domingo pasado sobre la dramática situación que atraviesa Bogotá. Comparto íntegramente este análisis que debe llamar a los habitantes de Bogotá y a todos los colombianos, a una honda reflexión sobre el futuro de nuestra querida capital. El deterioro en la calidad de vida de los habitantes de la ciudad es progresivo y el estado lamentable de su infraestructura nos coloca a nivel de las urbes más atrasadas de Latinoamérica. Por ello se requieren, ahora más que nunca, soluciones de fondo que permitan a Bogotá salir de la profunda crisis en que se encuentra y que ha motivado las explicables protestas cívicas en distintas zonas contra una administración que los ciudadanos sienten cada vez más alejada de sus inquietudes y necesidades e incapaz de encontrar soluciones creativas a los múltiples problemas.

La crisis de Bogotá comienza por la ausencia de dolientes. Sus habitantes perdieron todo principio de civismo y aquí cada quien hace lo que quiere en materias tan importantes para el buen estado de la ciudad como el tránsito, el urbanismo, el aseo o las simples reglas generales del buen ciudadano. No existe solidaridad de los habitantes con su ciudad. Mientras no recuperemos el concepto de civismo que tienen otras ciudades como Cali, Medellín o Bucaramanga, los esfuerzos que se realicen por mejorar la actual situación serán insuficientes. Tenemos que comenzar entonces por adelantar una gran campaña para que los colombianos aprendan a querer a su capital.

La crisis de Bogotá también es el resultado de los problemas de gobernabilidad que tiene el Estado. El gobierno no funciona. La voluntad de las autoridades no se traduce en obras. La gente no percibe que sus opiniones y sus impuestos ayuden a solucionar los graves problemas. El gobierno desafortunadamente se ha convertido en enemigo y no en aliado de la gente. Hay que reinventar el gobierno para hacerlo eficiente mediante su desburocratización, la democratización, la modernización de los mecanismos administrativos y la erradicación de la corrupción. Debemos adoptar esquemas de empresa privada para manejar a Bogotá.

Obviamente, se requieren además soluciones concretas a problemas que como el financiero ya tocaron fondo y que requieren un tratamiento de terapia intensiva para permitir el desarrollo de la ciudad acorde a sus necesidades. Es fundamental impulsar la privatización de algunas empresas de servicios que se han convertido por su ineficiencia y altas tarifas en las principales enemigas de los ciudadanos; debemos también reducir la enorme carga burocrática que carcome las finanzas distritales y asimismo pensar en la imposición de una sobretasa a la gasolina para solucionar los problemas viales y de transporte masivo de la ciudad, tal y como se está haciendo en otras capitales. Esta solución debe pasar por la construcción de un Metro liviano para Bogotá. No tenemos alternativa distinta y en esta obra se requiere la participación del gobierno nacional. No hay derecho a que una capital como la nuestra sea de las pocas en Latinoamérica que no cuentan con un sistema de transporte masivo.

Otro de los graves problemas acentuado en los últimos años es el de los altos índices de pobreza que registran populosas zonas del distrito, que se encuentran a la altura de las regiones más deprimidas del país. En Bogotá hay más pobres que en cualquier otra región y ese es un problema que se debe afrontar pues ya empiezan a presentarse síntomas de conflictos sociales graves como en Ciudad Bolívar. Por ello he propuesto la creación de una Consejería Presidencial de Desarrollo Social para Bogotá, similar a las de Medellín o Urabá, para que el gobierno nacional se preocupe directamente por la suerte de esas zonas y evitar así la agudización de conflictos sociales que aumenten los graves problemas de violencia urbana que ya desafortunadamente padecemos.

Este esfuerzo en inversión social, que requerirá también la participación activa del sector privado que no puede contemplar como ajenos sus propios problemas, será de gran ayuda además para aliviar la inseguridad que crece diariamente. Con razón afirma el editorial de EL TIEMPO que en Bogotá se sale de la casa sin saber si se regresa vivo. Debemos trabajar para que la policía recupere la confianza de la ciudadanía, diseñar una estrategia integral de seguridad y atacar con fórmulas novedosas, que incluyan la participación del sector privado, el desempleo en las zonas marginadas de la capital. En Bogotá, hay que decirlo, la vida ha perdido valor y debemos recuperarlo.

Son acertados y oportunos entonces los comentarios de EL TIEMPO y confío en que constituyan el punto de partida para que se despierte conciencia entre los habitantes de Bogota sobre la dramática situación que padece el distrito y que solo podrá ser superada con la solidaridad de todos. Este no es únicamente el problema de una administración o de un alcalde, es el problema del país entero que no puede contemplar impasible como se deteriora su capital, mientras se convierte en un peligroso polvorín social. El compromiso del gobierno nacional, de la administración distrital, del sector privado y de todos los habitantes de Bogotá para el año entrante debe ser colocar cada uno su granito de arena para sacar de la crisis a la ciudad. Salvar a Bogotá debe ser el lema y el compromiso de todos para 1994.

Señor Director: este tema del futuro de Bogotá me preocupa enormemente y por ello un equipo de la campaña presidencial se encuentra trabajando en la organización de un gran foro sobre Bogotá para el primer trimestre del 94, en el que con la participación de expertos internacionales, alcaldes de algunas de las más importantes capitales americanas, ex alcaldes del distrito, medios de comunicación y el gobierno nacional, se debatan a fondo los principales problemas de Bogotá y se planteen las soluciones que los ciudadanos esperan con razón.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.