EL ARTE DE SER INDEPENDIENTE

EL ARTE DE SER INDEPENDIENTE

Sofía Imber no sabe de fronteras ni pasaportes; mejor dicho, no quiere saber, pertenece a ese grupo de colombianos y venezolanos que se sienten compatriotas sin importar a qué lado de la frontera estén. Parece frágil, es menuda y delgada, pero eso es solo fachada, porque desde su interior irradia una energía tan grande, que logra contagiar a los que están a su alrededor. Eso le permite apostar por la utopía, pedir lo imposible y conseguirlo, volverlo hierro y concreto, como para que nadie dude de que es real. Por eso, a nadie se le hace raro que prácticamente desde la nada halla edificado uno de los museos más importantes de América Latina: el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas.

14 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

Esta es la gran obra de su vida; su relación con el Museo es tan grande, que durante muchos años años los venezolanos lo bautizaron informalmente el museo Sofía Imber . Y como la costumbre y el uso popular son los verdaderos dueños de la realidad, un presidente venezolano decidió oficializar lo que ya era un hecho en la calle.

No es de esas personas que tienen que devolverse para evaluar su vida; no siempre está mirando hacia adelante. Por eso, a veces la vida la sorprende con hechos y detalles que reconocen su brillante pasado, como el doctorado Honoris Causa en bellas artes que le otorgó la Universidad Nacional la semana pasada.

Imber vino a Bogotá a recibirlo; además, como ella misma dice, para aprender y pasarla bien. Es sabia, y por eso mismo humilde. No hace alarde de su cultura; no lo necesita, se le ve en cada uno de sus gestos.

Sus lazos con Colombia son mucho más profundos que el doctorado que le otorgaron y tienen que ver con su ser profesional y personal. Imber comenzó su carrera en el campo de la cultura en Colombia, en la revista Sábado, al lado de Plinio Apuleyo Mendoza, Germán Arciniegas y Marta Traba, entre otros.

Su mundo era la cultura y su oficio, el periodismo. Después de cincuenta años, no ha perdido ninguno ya que alterna su trabajo como directora del museo con la edición de las páginas culturales del diario La Nación.

Filosofía cotidiana Es una reportera y quiere que la recuerden así. Cuando digo que soy una reportera, me refiero a todos los cargos que tienen que ver con el periodismo, ya que esa es la esencia de este trabajo. Por eso no entiendo cómo algunos colegas se ofenden o tienen ataques de soberbia cuando les dicen reporteros .

El periodismo es su vida y le gusta hablar de eso. Es un trabajo muy difícil. A menudo los comunicadores como los llaman hoy creen que es suficiente con saber preguntar y oír. Yo creo que eso está bien, pero también hay que saber tomar posición .

Su forma de ver la vida es sencilla y práctica. No es una filosofía saturada de términos raros y nombres extranjeros; es tan simple como cualquier acto cotidiano, quizás porque sabe que los más grandes pensadores no enmascaran sus afirmaciones en elucubraciones barrocas.

Lo único en lo que yo creo es en el trabajo riguroso. Es la única salvación. Esto se extiende a cualquier actividad, incluida la cultura y el periodismo. Los latinoamericanos deberíamos dejar la viveza como la forma de eludir responsabilidades, y más bien convertirla en un instrumento .

Esta disciplina, tal vez heredada de sus ancestros europeos, fue la que la llevó a convertir un parqueadero de 350 metros en un completo museo que copa hoy un área de veinte mil metros. Lo fuimos haciendo a pedacitos. Ganando espacios y siendo rigurosos en la selección del material; es que yo siempre he buscado la excelencia, en todo lo que hago . De esta manera construyó su prestigio, a puro pulso.

El Museo de Arte Comtenporáneo de Caracas no solomante ha servido para impulsar la carrera de artistas venezolanos. Desde sus comienzos, tuvo siempre un espacio para los colombianos, especialmente desde los años sesenta, cuando Imber, al lado de Marta Traba, organizó la exposición Novísimos colombianos , entre los cuales participaron desconocidos como Fernando Botero y Alejandro Obregón.

Desde esa época, conoce muy bien el desarrollo del arte colombiano. Es cautelosa al hablar de nombres, aunque no por eso evita la polémica. Creo, sin ningún tipo de compromiso o diplomacia, que las artes plásticas colombianas están en un excelente momento. Lo digo no solo por los consagrados sino también por los que vienen detrás.

En su país, es conocida por su temperamento polémico. Es de aquellas personas que pone los puntos sobre la íes. Eso es parte de la ética de su oficio. No le importa que se le venga medio mundo encima, cree que la disidencia es un derecho y por eso cita constantemente a Bertrad Rusell: No hay que temerle a pertenecer a una minoría . Imber evidentemente pertenece a la minoría, a la minoría de los triunfadores.

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